Para el colectivo de libreros, lo más importante es el emplazamiento en la Plaza Mayor y la duración de la Feria
Nuestra Feria del Libro Antiguo y de Ocasión es un acontecimiento cultural de primer orden en el panorama nacional, e incluso internacional y así debe seguir manteniéndose, defiende el colectivo que agrupa a las prestigiosas librerías anticuarias de nuestra ciudad. Esa debería ser la primera razón para continuar con este encuentro de libreros, especialistas, coleccionistas y público en general durante una Feria que no es un mero comercio de libros y antigüedades, sino un intercambio cultural, una buena muestra de lo que es la ciudad de Salamanca: cultura cercana a la gente y reconocida internacionalmente.
¿Dónde mejor que en la Plaza Mayor de Salamanca? ¿Durante cuánto tiempo? El ágora nuestra, de todos, es el mejor escaparate de la ciudad y la cultura lo merece, y además, el comercio del libro antiguo es de paseo sosegado, de ir y mirar una y otra vez hasta decidirse. Lento y seguro, el comercio anticuario requiere tiempo… y más pensando en la lluvia que suele acompañarnos en ese noviembre vacío de fastos entre las Ferias y Fiestas y la Navidad. Llenamos la Plaza Mayor nuestra de celebración, concierto, árbol navideño, encuentro multitudinario de Nochevieja universitaria ¿Por qué no de libros? ¿Por qué cuesta tanto aceptar que quizás el problema esté en encontrar un diseño de caseta un poco más “fotogénico”? La Plaza no es solamente un decorado para la fotografía del turista, está viva, la habitamos con el transcurso de los meses y sus acontecimientos ¿Por qué negarse a dejar durante unas semanas al año que se llene de libros?
El Ayuntamiento de Salamanca tiene una excelente ocasión para demostrarnos que se puede uno equivocar y que rectificar es de sabios. Solo hay que escuchar a una ciudadanía que está cansada de que las calles nuestras, sean el comedor de diario de una hostelería a la que hay que mimar pero no por encima de los derechos de un peatón o habitante que está ya decididamente harto de terrazas. Terrazas que parecen estar por encima de ese carácter cultural que tiene Salamanca. Terrazas que se imponen frente a la Feria del Libro, vamos a ser sinceros. Las posiciones están encontradas y llega la propuesta: menos días de “ocupación” en la Plaza o los mismos en otro emplazamiento. Por supuesto, los libreros dicen no. Primero porque la Plaza es precisamente de todos, y escaparate para todos, y segundo, porque recortar los días significa que no merece la pena acudir a la Feria con todos los gastos que comporta. Y a partir de aquí llega el último ofrecimiento: que dicho acontecimiento sea menos oneroso para los libreros participantes. Que no se diga que no hay negociación…
Claro que en toda negociación hay dos partes, y los libreros han dicho no a la propuesta municipal de descontar el 50% del precio de la participación. ¿Por qué? Ellos mismos lo explican: por una parte es una forma de presionar ante la posibilidad de que desaparezca la Feria, pero esta posibilidad, primero, no logra cubrir los costes de acudir a ella para tan pocos días. Y segundo y lo más grave, evita que se centre la atención en lo importante : el hecho de que nuestra Feria, hasta ahora, ha sido un evento de gran calidad, referente a nivel internacional a la que acuden importantes protagonistas del mundo del coleccionismo. Variar su ubicación o recortar su duración desvirtuarán su importancia y pone en peligro una trayectoria exitosa de tres décadas. ¿Y todo por qué? Por privilegiar a un colectivo que parece tener patente de corso en la ocupación del espacio público.
Y esa es la verdadera cuestión para el colectivo de Librerías Anticuarias Salmantinas: el concepto de espacio público que, en una ciudad como Salamanca, debería privilegiarse para las actividades culturales de todos. No se trata de la defensa de un gremio o la prevalencia de uno sobre otro, sino de cultura, cultura viva, cultura a pie de calle, obras de arte al alcance de todos, libros que reviertan los infames resultados del Informe PISA a precio de saldo. Cultura, lo que define a una Salamanca que debe cuidar su hostelería, pero no a costa de esa CULTURA con mayúsculas que trae un público constante, culto y tranquilo a la ciudad.
La defensa de las librerías “de viejo”, de lance” o bien llamadas “anticuarias” ha sido un prodigio de respeto y constancia que han recabado numerosas e importantes adhesiones. ¿Alguien en el Ayuntamiento se ha tomado la molestia de leer la lista insigne de nombres que respaldan la Feria? ¿No habría que oír a los notables de la cultura de Salamanca? ¿A quiénes la hacen grande tras los nombres de la historia literaria y universitaria que recitamos y aprendemos? Y no solo a los notables, hay que escuchar a una ciudadanía que sabe que la cultura es nuestro particular ADN. Somos una ciudad de cultura y saberes, somos una ciudad universitaria, somos una ciudad turística, y todo se sostiene con el apoyo de todas las partes. Esa es la verdadera convivencia, el espacio de encuentro, el lugar de todos. Un lugar que es mejor con libros, libros para todos, para aquel que quiera, sosegadamente, tener la oportunidad de ver auténticas joyas que, por una vez, salen del museo o la biblioteca y se ofrecen ante nuestros ojos. Los ojos asombrados de un niño ante el libro que le van a comprar. El libro para todos, y todos en la calle de todos para defender el libro. Qué bueno sería aplaudir a quien escucha, rectifica y apoya, y a quien vende y compra libros, esos que nos hacen mejores.
Fotografías: Carmen Borrego