Manuela González, una salmantina de 76 años, engalana cada 7 de septiembre la calle Hospital de Miranda del Castañar con más de 200 candiles y faroles, muchos de ellos fabricados por ella misma. Esta iniciativa familiar y vecinal se ha convertido en uno de los grandes atractivos de la Procesión de los Candiles, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional.
La noche del 7 de septiembre vuelve a vestir de magia y misticismo a la localidad salmantina de Miranda del Castañar. Con la caída del sol, cientos de pequeñas llamas se encienden para recibir a la patrona en la tradicional Procesión de los Candiles, la víspera de la festividad de la Virgen de la Cuesta.
Entre todos los rincones del recorrido, la calle Hospital resplandece este año con una intensidad especial. En este punto, la vecina Manuela González, de 76 años, despliega junto a su familia y allegados una impresionante colección que supera ya los 150 candiles y más de 50 faroles.
Esta iniciativa, que comenzó de manera modesta tras su jubilación, se ha convertido en una de las estampas más fotografiadas y admiradas de esta celebración, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional en el año 2017.
Manuela González es natural de Miranda del Castañar, aunque de niña emigró con su familia a Barcelona y actualmente reside en Zamora. A pesar de la distancia, nunca ha perdido el vínculo con su tierra natal, regresando cada verano para vivir con fervor las fiestas patronales.
Ante la dificultad para encontrar piezas antiguas en el mercado, Manuela decidió aprender a fabricar sus propios candiles de forma totalmente autodidacta. Su búsqueda incansable la lleva a recorrer mercadillos y tiendas de antigüedades para seguir ampliando este patrimonio familiar.
"Preparar la calle es mi forma de recibir a la Virgen y mostrarle mi devoción", explica la creadora, quien ve en esta labor artesanal una manera de mantener viva una tradición de la Sierra de Francia.
El despliegue de semejante cantidad de luminarias requiere una planificación minuciosa y, sobre todo, la ayuda de familiares y vecinos. Horas antes de la procesión, el grupo trabaja de manera coordinada para colocar y preparar cada punto de luz en las fachadas tradicionales de la calle Hospital.
Cuando la comitiva procesional atraviesa este tramo, el contraste de la oscuridad con las pequeñas llamas crea una atmósfera única. El paso de la Virgen de la Cuesta se acompaña de danzas tradicionales, el sonido de las castañuelas, la gaita y el tamboril salmantino.
El conjunto histórico de Miranda del Castañar, con su imponente recinto amurallado, ofrece el escenario perfecto para una noche donde la devoción de vecinos como Manuela mantiene intacta la identidad cultural de la provincia.