En pleno invierno de 1972, en el madrileño barrio de Tetuán vino al mundo un varón, primero del matrimonio, que fue inscrito en el Registro Civil con el nombre de Pedro -igual que su padre. Ya fue todo un presagio la fecha que escogió para asomar a este mundo: 29 de febrero. O no era partidario de celebrar su cumpleaños, algo insólito en él, o alguien, sabiendo su especial hado, dudó darle de alta hasta el último momento.
A pesar de su temprana afiliación al PSOE -21 años-, y accediendo a la presidencia del gobierno con tan sólo 46 años, alguien podría pensar en lo meteórico de su carrera. La realidad no es tan frenética. En todas las competiciones políticas a las que se ha presentado ha ganado la plaza en la prórroga. En las municipales de 2003 se quedó fuera de la lista y entró al año siguiente por renuncia de una compañera. En las generales de 2008 tampoco obtuvo escaño y lo consiguió en 2009 por renuncia de Pedro Solbes, y en las de 2011 y 2013 volvió a quedarse fuera. Por fin, consiguió el escaño en 2015. Tampoco fue elegido secretario general del PSOE en el Congreso Extraordinario de 2016, porque le pillaron haciendo trampas ¡Qué raro! Lo logró después de recorrer toda España como primer espada, acompañado de los banderilleros Cerdán y Koldo y el picador Ábalos. Como enemigo acérrimo de la verdad, y en su afán por pasar a la historia como un austero progresista, se extendió la patraña del Peugeot 407, cuando la realidad es que viajaban en un Mercedes que aparcaban al llegar lejos del edificio de cada federación local. Venció por escaso margen de votos sobre Susana Díaz y, sobre todo, por el escaso número de los que recibió un tal Patxi López, que en los círculos íntimos del PSOE se le conoce como “el cuchara”, ni pincha ni corta.
Si a todo lo anterior unimos la circunstancia de que Sánchez está gobernando con el apoyo de aquellos de los que renegó en toda su campaña, podemos asegurar que es un líder con los pies de barro, pero con más cara que espalda. Por cierto ¿lo que lleva encima es anemia o maquillaje?
Ya sabemos que su “califato” ha estado repleto de muy serias y tristes desgracias. Con mayor o menor escándalo, pero sacudiéndose siempre su responsabilidad, ha ido capeando el temporal. No soy sicólogo, pero me gustaría saber cómo ha sido capaz de acallar las críticas de los primeros momentos a base de resucitar errores de la oposición, unas veces con razón y muchas sin ella. Su corte de “culiparlantes aplaudidores” necesita muy poco para gritar: ¡Sí, bwana! De no hacerlo, saben a lo que se exponen y la pela es la pela.
La grave situación que se ha creado en Ceuta con la invasión del 30 y 31 de julio, debería ser un antes y un después en la presidencia de Sánchez. Pero no porque lo diga Bruselas, Ceuta o el Parlamento, sino porque lo ha gritado una inmensa mayoría de españoles.
Para saber cuál es la situación actual de los ciudadanos de Ceuta (imaginemos que se trata de Toledo, Las Rozas o Majadahonda) no es necesario escuchar las declaraciones de los medios, basta con ver las imágenes. Además de la insalubridad que debe respirarse, uno se imagina el sobresalto de quienes tienen su domicilio rodeado por una muchedumbre que carece de lo indispensable para subsistir; de españoles que ven cómo, transcurrido más de un mes y a pesar de los mensajes de Sánchez y sus ministros viajeros, la situación no ha cambiado. Parece imposible que no haya surgido ya la chispa que incendie el ambiente. Eso es algo que debe sumarse en el haber de los ceutíes; mucho me temo que, dentro de la península, ya estaríamos hablando de muertos y heridos.
Estamos oyendo a diario el aumento de violaciones, así como el conocimiento de que, por culpa del tiempo transcurrido sin buscar una solución humanitaria, hay chicas que caen en la prostitución ¡a cambio de 10 € ¡ . No he visto ni oído al coro de hermanas del feminismo asimétrico que se trasladen a Ceuta para buscar urgente remedio ¿Tienen puesto el freno de mano, y de boca?
Sánchez sigue dispuesto a estirar la cuerda, convencido de que será capaz de salir de este atolladero. Tiene en contra a la mayoría de españoles -incluidos los verdaderos socialistas-, pero ya sabe que, a la hora de la verdad, siempre reunirá los votos suficientes para aguantar el chaparrón. Estamos hablando de alguien que lleva años refugiado en algo que ya no es socialismo, ni progresismo ni izquierda. Siempre soñó con el sorpasso al PP, pero ha cambiado de dirección. El sorpaso se lo ha dado a las formaciones situadas a su izquierda. Ahora, en España, tenemos partidos de: derecha, centro, izquierda, extrema izquierda y sanchismo. En términos futbolísticos, Sánchez es ahora más extremo izquierda que el madridista Gento ¿En qué se diferencian las medidas políticas que aplica Sánchez de las que existen en: China, Cuba, Corea de Norte o Irán? La libertad, la igualdad, la independencia de poderes, el verdadero respeto a las leyes o la ausencia de nepotismo y corrupción son conceptos olvidados por este progresismo de boquilla.
En su reciente aparición en el Congreso, Sánchez ha visto cómo se le vapuleaba a derecha e izquierda. Hasta sus compañeros de viaje le han llamado mentiroso. Toda la información aportada por el gobierno en el tema de Ceuta ha sido trampeada. Las cifras manejadas, la ausencia de información o la neutralidad de Marruecos han sido desmontadas por los datos aportados. La obsesión de dejar a Marruecos fuera de toda responsabilidad, a pesar de lo abrumador de las pruebas, esconde algo muy serio. Algún día sabremos la verdad, pero puede ser ya tarde.
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