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Tordillos descubre que también forma parte de la historia junto a la obra ‘Juan, el espíritu del amor’
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Tordillos descubre que también forma parte de la historia junto a la obra ‘Juan, el espíritu del amor’

Publicado 06/09/2026 20:54

La iglesia parroquial acogía el exitoso montaje impulsado por la diputación

Hay una manera de mirar los pueblos pequeños que convendría revisar. A menudo se habla de ellos por sus habitantes, por sus fiestas, por sus iglesias o por el paisaje que los rodea. Pero detrás de cada localidad hay también una memoria que puede llevar muy lejos.

Tordillos tiene una de esas historias.

Cuando Juan, el espíritu del amor llegó a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la obra de Denis Rafter encontró en este pequeño municipio salmantino un escenario especialmente significativo. Porque Tordillos no es ajeno al universo espiritual y teresiano que rodea a San Juan de la Cruz. Aquí nació Teresa de Layz, una mujer que acabaría desempeñando un papel fundamental en la fundación del convento de la Anunciación de Alba de Tormes.

La historia merece ser contada porque tiene todos los ingredientes de una novela.

Teresa de Layz vivió en Tordillos antes de trasladarse a Alba de Tormes con su marido, Francisco Vázquez, contador del Duque de Alba. El matrimonio disponía allí de una casa cuyos terrenos terminarían siendo cedidos para la construcción del convento carmelitano que Santa Teresa inauguró el 25 de enero de 1571.

Pero, según cuenta la propia Santa Teresa en el Libro de las Fundaciones, detrás de aquella decisión hubo también una experiencia extraordinaria. Teresa de Layz habría recibido, junto a un pozo, la aparición de San Andrés, quien le hizo entender que aquellos que llegaban a su vida serían “otros hijos”. Ella interpretó aquella experiencia como una señal de que era voluntad de Dios levantar allí un monasterio.

En Tordillos, además, la historia ha seguido otro camino: el de la tradición oral. Durante generaciones se ha contado que el primer deseo de Teresa de Layz habría sido precisamente crear el convento en su localidad natal. La oposición de algunos vecinos a reunir los terrenos necesarios habría hecho que finalmente la fundación se trasladase a Alba de Tormes.

Sea cual sea el grado exacto de realidad histórica de esta tradición, hay algo que resulta incuestionable: los habitantes de Tordillos han conservado el recuerdo de Teresa de Layz como parte de su patrimonio.

Y eso también es patrimonio.

No todo lo que merece ser conservado está construido en piedra. Hay un patrimonio hecho de nombres, de relatos, de personajes, de leyendas y de historias familiares. Un patrimonio que no aparece necesariamente en una vitrina, pero que ayuda a un pueblo a reconocerse.

La tradición local ha mantenido incluso la idea de un parentesco cercano entre Teresa de Layz y Santa Teresa de Jesús. Algunos estudios históricos han señalado la existencia de vínculos familiares entre las familias Ahumada y Layz. José de Lamano y Beneite ya recogía en 1914 indicios de ese parentesco por afinidad.

Todo ello adquiere una dimensión especial durante este Año Jubilar de San Juan de la Cruz. Porque el santo que protagoniza Juan, el espíritu del amor compartió con Teresa de Jesús una de las páginas más importantes de la espiritualidad española. Ambos caminaron, escribieron, fundaron y transformaron una época. Y ahora, cuatro siglos después, sus nombres siguen recorriendo los pueblos de Salamanca.

La actuación en Tordillos, promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con el apoyo del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Salamanca,permitió que esa historia no quedara encerrada en los libros. La obra llevó hasta la iglesia del pueblo una propuesta profesional de teatro, música y poesía, pero también abrió un espacio para que la propia localidad mirara hacia su pasado.

El público no fue únicamente espectador. Fue también depositario de una memoria.

Quizá ahí esté una de las funciones más hermosas de la cultura cuando llega a los pequeños municipios: hacer que un pueblo deje de verse como periferia y empiece a contemplarse como parte de una historia mucho más grande.

Tordillos no fundó finalmente aquel convento teresiano. Pero una mujer nacida en Tordillos estuvo en el origen de aquella historia.

Y eso basta para que, cuando San Juan de la Cruz vuelve a caminar por sus calles convertido en teatro, Tordillos pueda recordar algo esencial: que los grandes capítulos de la historia casi nunca se escriben solamente en las grandes ciudades.

A veces empiezan junto a un pozo, en una casa de un pequeño pueblo.