Se alcanzarán máximos históricos, con un alza prevista de 15 céntimos el litro de diésel y 10 el de gasolina
Los carburantes volverán a subir en el país vecino la próxima semana. La previsión anunciada por la Associação Nacional dos Revendedores de Combustíveis es de una subida de 15 céntimos el litro de gasoil y 10 céntimos de euro el litro de gasolina, lo que supone uno de los mayores incrementos desde el comienzo de la guerra en Ucrania y en Oriente Medio.
Los precios de los carburantes alcanzarían un máximo histórico en Portugal. El diésel simple podría llegar a los 2,17 euros el litro y la gasolina 95 a los 2,12 euros, dependiendo de las gasolineras.
Tal y como sucedió en su momento con el gas, algunos expertos portugueses abogan estos días por un acuerdo ibérico respecto a los carburantes. En este sentido, António Cardoso Marques, especilista en el sector de la energía, afirmó para la Rádio e Televisão de Portugal (RTP) que los conductores en tránsito por la península ibérica que se dirigen a Portugal (transportistas, turistas, portugueses de regreso al país,…) recargan en España y, en todo caso, siempre antes de cruzar la línea de frontera, para acceder al país con el depósito lleno. Esto hace que los impuestos incluidos en el precio redunden en el Estado español y no en el portugués.
Dado que recientemente (desde este pasado 1 de septiembre) España ha aplicado una nueva reducción del IVA aplicado al carburante para no penalizar tanto a los conductores, Cardoso Marques considera que este estímulo al consumo favorece a los españoles en comparación con los portugueses, por lo que recomienda una “coordinación ibérica” que promueva una "política común para Iberia" en relación a los combustibles, para que el estímulo al consumo sea equiparable entre España y Portugal.
Esta nueva subida significativa en los precios del combustible se reflejará en la inflación lusa. El sector de la alimentación es uno de los mayores damnificados por el encarecimiento de los combustibles. Además de incidir en la mesa diaria de los portugueses, afecta a la restauración y la hostelería, perjudicando un sector que, al igual que en España, es fundamental en Portugal: el sector turístico.