El periodista Noel Campo da su opinión sobre el Salamanca UDS para la 26/27
Hay temporadas que empiezan con un fichaje. Y otras, que lo hacen con una declaración de intenciones. La del Salamanca UDS comienza con las dos cosas.
La llegada de Iker Muniain al banquillo del Helmántico es, sin discusión, uno de los grandes movimientos y aciertos del verano en el fútbol español. No porque el navarro tenga una varita mágica —nadie la tiene—, sino porque su nombre, su trayectoria y su personalidad elevan automáticamente el nivel de exigencia alrededor de un proyecto que necesita, sobre todo, volver a generar credibilidad.
Muniain llega después de una primera experiencia en los banquillos con el CD Derio, al que llevó a disputar el playoff de ascenso, y afronta ahora un salto considerable. El propio técnico ha dejado claro cuál es su ambición: ascender.
Y aquí aparece la primera palabra que define a este Salamanca UDS: oportunidad. No es casualidad que el título de esta columna sea Aukera Berriak. Mismo titulo que la canción del grupo vasco “En Tol Sarmiento”, una de las letras musicales en euskera más conocidas y que habla precisamente de los cruces del camino como nuevas oportunidades, de abrir puertas y de pintar nuevos colores sobre una página en blanco. Es una metáfora perfecta para este Salamanca UDS.
Porque el club está ante uno de esos cruces en los que ya no basta con cambiar de entrenador, fichar jugadores o lanzar un nuevo eslogan. Esta vez hay que demostrarlo.
Iker Muniain no aterriza en Salamanca como un técnico anónimo que necesite hacerse un nombre. Llega con el suyo ya construido. Fue capitán y una de las grandes figuras del Athletic Club, jugó en San Lorenzo y ahora comienza a acelerar su carrera en los banquillos.
Eso tiene una doble lectura. La positiva es evidente: Muniain puede ser un trampolín para el Salamanca UDS y el Helmántico para Iker. Si el equipo compite, si juega bien, si la afición vuelve a empujar, si aparecen resultados y, sobre todo, si el proyecto se mete de verdad en la pelea por el ascenso, la operación será extraordinaria.
El club ganará prestigio, visibilidad y credibilidad. Y Muniain tendrá un trampolín increíble en el que demostrar que lo suyo no fue únicamente una carrera brillante como futbolista, sino que también puede serlo como entrenador. La negativa, que cualquier problema se magnifique.
El Grupo V de Segunda Federación no parece diseñado para conceder demasiadas tardes de tranquilidad. Es un grupo con históricos, filiales de clubes potentes y equipos que llegan con objetivos ambiciosos. El Numancia vuelve a aparecer entre los grandes candidatos y el propio Salamanca UDS parte con la obligación —y la ilusión— de mirar hacia arriba. La pasada temporada, el conjunto charro terminó a las puertas del playoff, con 50 puntos, después de 14 victorias, 8 empates y 12 derrotas.Pero aquella plantilla ya es historia.
El club ha acometido una profunda renovación y ha apostado por un entrenador que representa una ruptura con el pasado inmediato. Muniain no llega para administrar una temporada. Viene a competir. Y ahí estará la clave: no confundir ambición con la obligación de ganar desde el primer partido frente al Guadalajara. El Grupo V exigirá regularidad. Ganar en el Helmántico. No regalar puntos contra rivales de la zona baja. Competir fuera de casa. Sobrevivir a las malas rachas. Y, sobre todo, mantener la cabeza fría cuando aparezca el primer momento de dificultad.
Hay algo especialmente atractivo en todo esto. Como decía, Aukera Berriak en euskera significa nuevas oportunidades. Y eso es lo que tiene delante el Salamanca UDS. Una nueva oportunidad para Muniain. Para que el club despegue. Para que Manuel Lovato recupere la credibilidad. Y, sobre todo, una nueva oportunidad para una afición que lleva demasiado tiempo esperando una temporada de la que pueda sentirse orgullosa. La canción de ETS habla de abrir puertas y de pintar nuevos colores sobre una página en blanco. El Salamanca UDS tiene ahora ese folio.
Pero una página sin escribir no garantiza una buena historia. Hay que escribirla. Muniain tendrá que hacerlo desde el banquillo. Los jugadores, sobre el césped. La afición, desde la grada. Y la propiedad, en los despachos. Porque esta vez no valdrán las promesas. Los resultados se miden en puntos. La estabilidad, en cumplir. Y la credibilidad, en hechos.
Aukera Berriak. Nuevas oportunidades. Para todos. Por favor, no las dejemos escapar.