Siempre se ha dicho que España es un gran país y debe ser cierto, por el rosario de dislates y escándalos que viene aguantando, especialmente en la última legislatura, aunque quizá esa etiqueta haya pasado ya su fecha de caducidad. El principal problema no es quien nos gobierna ni su inepto y miserable Gobierno ni tampoco sus socios perversos y chantajistas, sino una sociedad cómplice e indolente que sin sonrojo calla y trinca sin piedad.
La invasión de Ceuta es el colofón a una política de Pedro Sánchez sumisa y ruinosa con Marruecos aceptando el chantaje alimentado por los putiferios que han presidido su carrera política y también con una intención de reforzar el electorado acelerado con votos comprados para perpetuar su mandato y con el precedente de elecciones ensuciadas, presuntamente en el voto por correo, y las Primarias del PSOE. Miles de millones para el país árabe sin justificación con la misma firma, ventajas para sus productos siempre en contra de los intereses de España y su agricultura y un rey criminal alauí al que hay que padecer y enriquecer para engrosar su patrimonio de palacios de oro, cubrir su rearme y hacer campos de fútbol, con medio país pasando hambre. El chollazo que tiene Marruecos con España no conoce precedentes, con un dopaje continuo también de su economía por las ingentes cantidades recibidas cada año desde nuestro país en forma de transferencias familiares que superan los ingresos del turismo. El inconveniente es que muchos de esos envíos proceden de pagas y ayudas a discreción sin ninguna productividad para nuestros intereses. Curiosamente buena parte de las críticas proceden de gran número de ciudadanos homónimos comprometidos tan necesarios, molestos con sus compatriotas que vienen a vivir del cuento.
En Cataluña del mismo modo se ha apoyado la llegada masiva de estas regiones para favorecer el proceso independentista y buscar votos desesperadamente, y una parte de la población y numerosos partidos políticos reconocen una gestión desorbitada por tantos problemas creados por una parte de esa población acogida y la islamización de tantos barrios, algunos de los cuales ya forman un gueto.
La situación límite de Ceuta ha dejado en evidencia a los de siempre. Una invasión incomprensible permitida por este Gobierno nocivo y su izquierda radical que tampoco quieren resolver, la flotilla de Gaza que no aparece y todos destrozando el verano a los niños de Ceuta y a los mayores, y su economía y la sanidad, y las playas, quedándose los peores, muchos con antecedentes penales y con agresiones continuas a la población y entre ellos mismos. Enorme Juan Jesús Vivas y su ejemplo, y en las antípodas un Presidente del Gobierno ruin que no le coge el teléfono y el ministro del Interior en sintonía atan a las Fuerzas del Orden sin dejarlas apenas actuar, carentess de medios y dietas, con la ley del silencio en su trabajo diario bajo amenaza de cese y los militares igual, con Robles siempre en evidencia, los soldados desarmados, el Estrecho vendido al narcotráfico y el capo supremo en Madrid, y los habitantes de Ceuta, encima de invadidos desamparados.
En la misma trinchera el Rey Felipe VI jugando al escondite y su cobardía habitual, escondiendo la cara siempre con el Gobierno corrupto y traidor, y cada día más en entredicho él y la Corona. El debate es curioso. El monarca no puede tomar decisiones políticas sin consultar porque se lo impide la Constitución, pero todos aguantando que nos chuleen desde hace ocho años arruinando las instituciones, despreciando a las víctimas, sacando delincuentes, con tantas muertes por negligencia, jugando con nuestro futuro y las arcas envueltas en números rojos, y el mismo Borbón al que toreen sin tregua.
El panorama es desolador, con un descerebrado acampando a sus anchas como en el lejano Oeste, pero con la cruda realidad muy cercana, con un sistema lleno de agujeros que lo blinda, con la llave de nuestra caja de caudales, con el banquillo que no llega y el temor de la cárcel para acompañar a sus ministros, y su familia también en el hampa, y su predecesor, los jueces con miedo, y el solar que va a dejar. “¿Qué pasa cuando una idea se vuelve más importante que toda la gente que tienes delante?”, se pregunta Dostoyevski a través del personaje Sigaliot en su magnífica obra Los Demonios. Y Platón ya en la Grecia Clásica sentencia desolado: “Cualquiera podía llegar al poder ganándose el favor del pueblo y una sociedad sin educación que lo eligiera”. Porque con los valores en decadencia, una rara miscelánea de ignorancia y cultura bastarda apoyando lo indefendible planea España para sostener la farsa ideológica no sabemos hasta cuándo.
Foto: Salamanca al día
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