Escribo sobre el deseo de convocar elecciones anticipadas que existe en un amplio sector de nuestra sociedad, a propósito de las circunstancias que estamos viviendo.
Hay múltiples e importantes problemas no resueltos en la España actual; citaré solo algunos de los más acuciantes, si nos atenemos a la amplitud de la población que lo sufre, a la falta de bienestar general que genera o a las consecuencias económicas o de estabilidad política que producen:
La cuestión de la vivienda, el tema de la inmigración y dentro de él los conflictivos acontecimientos sucedidos recientemente en Ceuta, la situación de la Sanidad Pública, las consecuencias de situaciones de calor, incendios forestales, sequías, cambios climatológicos, etc. derivados del calentamiento global, los problemas salariales en numerosos sectores de nuestra sociedad. Y otros varios importantes que faltarían en esta lista.
Si nos centramos en el complejo tema de la inmigración que está en primera plana desde hace largos meses en toda Europa, y directamente en los sucesos de Ceuta que se iniciaron hace un mes aproximado, lo hacemos por la complejidad política que implica su solución y por los estados emocionales creados en los ceutíes. El sentimiento de inseguridad de la población ha sido producido por los desórdenes en muchos puntos de la ciudad así como las situaciones de angustia y ausencia de futuro claro en los miles de inmigrantes aparecidos irregularmente y por sorpresa, a primeros de agosto en las ciudades de Ceuta y Melilla.
Cuando aún nadie tiene la explicación clara, política y social, de esta avalancha repentina de inmigrantes marroquíes, caracterizados por ser la mayoría gente joven, también jóvenes mujeres, incluso niños solos, (cuyo único equipaje para este arriesgado e ilegal viaje, es su usada vestimenta y su intenso deseo de encontrar fuera de sus fronteras una situación laboral que les permita la supervivencia en condiciones de mínima dignidad), ya se están escuchando clamorosos gritos contra el gobierno de la ciudad y de la Nación exigiendo soluciones rápidas a todas las tensiones e inseguridad que la presencia de estos miles de inmigrantes espontáneos ha generado.
Dejando para los expertos en política internacional la o las hipótesis del poder camuflado que haya podido empujar u organizar este acontecimiento y si uno de los objetivos latentes hubiera sido herir la estabilidad de nuestro país, es obvio que la situación creada exige una serie de rápidas respuestas tanto a las peticiones de la población ceutí de controlar el desorden público, como a la situación desprotegida de estos jóvenes del país vecino proporcionándoles una básica alimentación, atención médica y dispositivos transitorios de acogida.
Desde ninguna perspectiva que analicemos el problema, podremos salirnos hacia ninguno de los dos caminos que crearían más problemas, más violencia, más pérdidas: ni el interpretar este hecho como una “invasión” de nuestro país, pues no ha sido una invasión (si acaso metafórica, pues no ha existido ni existe ningún ejército invasor), ni reaccionar por parte del gobierno con una actitud pasiva frente a un acontecimiento complejo que exige poner límites en diversos sentidos y a la vez atender en su supervivencia a una población transitoria, con básicas necesidades inmediatas.
Múltiples tareas que para que sean exitosas, cualquier gobierno necesita tiempo. Convocar ahora elecciones anticipadas significaría negar la importancia de resolver lo antes posible la irregular y delicada situación de Ceuta.
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