Lunes, 31 de agosto de 2026
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Pedro Sánchez, Catilina hispanorum
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Pedro Sánchez, Catilina hispanorum

No me extrañaría que Cicerón, cuando escribió sus Catilinarias, estuviera pensando en Sánchez, de quien ya estaría harto hasta el mismo Catilina. Por muy catastrofista que sea el español que desconfiaba del nuevo inquilino de La Moncloa, es imposible que presagiara el empleo de tanta sevicia para mantenerse en el cargo. Los gobiernos adquieren su máximo prestigio cuando son capaces de acometer los momentos más difíciles con las decisiones más acertadas. Y el nuestro está haciendo todo lo contrario.

Se emplean ríos de tinta para definir la política desarrollada por nuestro presidente cum fraude y, como era de esperar, las opiniones han prescindido del gris. O blanco como la nieve, o negro como el carbón. Dentro de España, el blanco impoluto se da entre quienes tienen asegurado su porvenir comulgando con las ideas del jefe -aunque sólo sea de boquilla-, pero a ese colectivo, no tan numeroso, hay que unir los parabienes de aquellos que, sin comulgar con sus ideas, venden su apoyo a cambio de pingües beneficios.

En el apartado de quienes ven muy negro el proceder de Sánchez, figura la oposición y, conforme avanza su permanencia en el cargo, ya se oyen protestas de militantes de su partido y de otros que le apoyan -bien es verdad que estos últimos lo hacen para quedar bien con la sociedad, pero, a la hora de votar, se acuerdan de su nómina. También los hay que siguen anclados a la consabida falacia: ¡Cuidado, que viene la derecha! Es muy difícil que los colectivos que mantienen a Sánchez cambien su voto; unos, porque son conscientes de la prebenda que disfrutan, y otros porque carecen de decisiones propias.

La invasión de Ceuta ha significado una certera estocada en el prestigio -el poco que le queda- de Sánchez. Es cierto que ya son demasiados los desaciertos de este gobierno, y que siempre se piensa que ya no puede superar su ineptitud. A base de pasarse por el arco de triunfo todas las leyes, las normas y los modos emanados de una democracia estable y eficaz, ha conseguido salir indemne a base de pagar siempre un caro peaje con el dinero de todos los españoles. Es inútil pensar que llegará el día en que Sánchez se apee del caballo. Ya no queda nada de lo que podría haberle avergonzado. Ha pulverizado todos los diques que nunca debió saltar. Una de las primeras herramientas que ha utilizado, junto a un contumaz cinismo, ha sido su verdadero eclipse de la verdad. Y lo más grave es que sus más próximos colaboradores se han contagiado con el mismo virus. Aseguran que el orden está restablecido -es decir, no ha habido agresiones a militares y policías-; según la ministra de sanidad ya no hay colapso -las infecciones y las agresiones son otro bulo. Mienten creyendo que el resto de españoles somos imbéciles.

Los países de nuestro entorno, a base de comprobar las noticias que llegan de España, no acaban de comprender cómo sigue siendo presidente un político tan nefasto y, a la vez, tan peligroso. Hay cosas que no tienen explicación. Veamos alguna.

No es de recibo que, dentro del gobierno, haya dos ministros que opinen lo contrario en el triste y gravísimo asunto de la invasión de Ceuta: la ministra Robles afirma que, con la debida antelación, el CNI informó de lo que se preparaba al lado de la frontera con Marruecos, pero el ministro Marlasca jura por sus muertos que eso es mentira, que nunca se habló de un número tan elevado de posibles asaltantes. Para más inri, no hablamos de los chapuceros Manolo y Benito, se trata de dos distinguidos jueces. Hagamos una traslación. Supongamos por un momento que 80.000 salmantinos se desplazan a las inmediaciones de Fuentes de Oñoro ¿Alguien piensa que los portugueses no advertirían el movimiento de semejante masa de personas? Eso no se organiza de la noche a la mañana. En el caso que nos ocupa, con varios días de antelación, un rosario de autobuses y camiones estuvo trasladando musulmanes del interior de Marruecos hasta las inmediaciones de la frontera. Es decir, además de contar con el apoyo explícito del gobierno de Rabat, se organizó una segunda edición de la Marcha Verde en una zona mucho más transitada que el Sáhara español. Si aquella fue advertida con suficiente antelación -Marruecos nunca ha tratado de ocultar sus intenciones- sólo un fanático o un cínico pueden alegar falta de información. Si algo tiene “trillado” el CNI, es Marruecos. Por lo tanto, a otro perro con ese hueso.

Por si alguien sigue dudando, únanse las apostillas de máximos dirigentes del PSOE tratando de vendernos la burra de que “es compatible que dos ministros se traten mutuamente de mentirosos” y no haya dimisiones. Ante la decisión de organizar concentraciones de apoyo a Ceuta, el PSOE ha prohibido la asistencia a sus militantes, y Podemos “no quiere engordar la asistencia de la derecha, que sólo lo hace para obtener más votos” ¿Cuándo se manifiesta la izquierda, lo hace por amor? Y ya, para rematar la faena, tenemos que creer que España debe estar muy agradecida a Marruecos por la ayuda que está prestando en esta invasión; que no se trata de una clara agresión a la integridad y soberanía de España, sino al bulo apoyada en una mala interpretación del dictamen del nuestro Tribunal Supremo. Y, efectivamente, es verdad que hay un bulo: el que se saca de la manga el gobierno.

Después de afirmar todo en los momentos de más audiencia, se fuman un puro porque, para desgracia del sufrido español que cada vez pasa más estrecheces para llegar a final de mes, no se ve una solución inmediata. Hay optimistas que tienen muy clara la debacle socialista en las próximas elecciones generales -si Sánchez no se saca de la manga otro atropello a la Constitución. No vendamos anticipadamente la piel del oso. Hay que estar muy convencidos de que todo el proceso va a ser legal, pero “De casta le viene al galgo”, de Paiporta. Volvamos al latín: “Quousque tándem, Petrus, abutere patientia hispanorum”

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