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Tres siglos de un corazón herido de amor: el III centenario de la fiesta de la Transverberación de Santa Teresa
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Alba de Tormes

Tres siglos de un corazón herido de amor: el III centenario de la fiesta de la Transverberación de Santa Teresa

Publicado 27/08/2026 10:54

Ávila y Alba de Tormes conmemoran en 2026 el tercer centenario de la fiesta de la Transverberación de Santa Teresa de Jesús, instituida por el papa Benedicto XIII en 1726.

P. Miguel Ángel, ocd.

La celebración, instituida por Benedicto XIII en 1726, alcanza este año su tercer centenario y mantiene una vinculación singular con Ávila, donde tuvo lugar la experiencia mística, y Alba de Tormes, donde se conserva el corazón de la Santa.

El año 2026 incorpora una efeméride especialmente significativa al calendario teresiano: se cumplen trescientos años de la institución de la fiesta litúrgica de la Transverberación del Corazón de Santa Teresa de Jesús. Fue el 25 de julio de 1726 cuando el papa Benedicto XIII concedió a la Orden del Carmen Descalzo la celebración litúrgica de esta singular gracia mística. Tres siglos después, Ávila y Alba de Tormes continúan siendo los dos grandes lugares de referencia de una fiesta que habla, ante todo, del amor de Dios capaz de transformar por entero la existencia humana.

La Transverberación es uno de los episodios más conocidos de la experiencia mística teresiana y uno de los que con mayor fuerza ha penetrado en el arte, la espiritualidad y la cultura occidental. La propia Teresa dejó constancia de aquella experiencia en el capítulo 29 del Libro de la Vida. Allí describe la visión de un ángel que sostenía un largo dardo de oro, cuya punta parecía encendida, y que penetraba repetidamente en su corazón, dejándola —en palabras de la Santa— «toda abrasada en amor grande de Dios».

Más allá de la espectacularidad con que posteriormente la iconografía representó la escena —inmortalizada de manera excepcional por Bernini—, la clave para comprender la Transverberación no se encuentra en el prodigio exterior, sino en su significado espiritual. Teresa intenta expresar con imágenes humanas una experiencia difícilmente traducible en palabras: la irrupción del amor divino en lo más profundo de la persona, hasta herirla y transformarla.

Ávila, el lugar de la experiencia.

La geografía de esta gracia mística conduce necesariamente a Ávila y, de manera particular, al Monasterio de la Encarnación. Allí, en torno a 1562, se sitúa tradicionalmente la experiencia narrada por Teresa. Por eso la Encarnación conserva una vinculación inseparable con esta fiesta: es el lugar de la memoria, el espacio donde la experiencia espiritual de Teresa adquiere geografía y puede ser evocada en el mismo escenario de su vida.

Precisamente en este año del III centenario, el Monasterio de la Encarnación ha celebrado entre el 17 y el 26 de agosto un solemne decenario de la Transverberación, con la celebración diaria de la Eucaristía y distintos predicadores. La propia Provincia Ibérica de los Carmelitas Descalzos ha subrayado el carácter extraordinario de la convocatoria de 2026 por coincidir con los tres siglos de la aprobación litúrgica de la fiesta.

Ávila conserva así el recuerdo del acontecimiento: allí fue herido el corazón de Teresa. Pero la historia quiso que ese mismo corazón terminara convirtiéndose, siglos después, en el gran signo visible de la celebración en otro de los lugares esenciales de la geografía teresiana.

Tres siglos de un corazón herido de amor: el III centenario de la fiesta de la Transverberación de Santa Teresa | Imagen 1

Alba de Tormes, donde permanece el corazón.

Si Ávila conserva el escenario de la experiencia, Alba de Tormes custodia su reliquia más elocuente. En el Monasterio de la Anunciación, junto al sepulcro de Santa Teresa, se conserva el corazón de la Madre, convertido en uno de los grandes testimonios de la devoción teresiana universal.

Esta circunstancia explica la singular intensidad que la fiesta adquirió históricamente en la villa ducal. Ávila es el lugar de la Transverberación; Alba es el lugar donde el peregrino puede contemplar y venerar el corazón de aquella mujer que escribió haber quedado abrasada por el amor de Dios.

La vinculación albense recibió además un privilegio excepcional. El 4 de junio de 1917, el papa Benedicto XV concedió personalmente que en el monasterio y la iglesia de las Carmelitas de Alba de Tormes la fiesta de la Transverberación se celebrara con rango de primera clase. Existía una especial relación entre el pontífice y el Carmelo albense desde los años en que Giacomo della Chiesa, todavía sacerdote y secretario del nuncio Mariano Rampolla, había visitado Alba de Tormes y el sepulcro teresiano.

Con el paso de los años, especialmente desde la proclamación de Santa Teresa como Doctora de la Iglesia en 1970, la celebración fue adquiriendo una dimensión creciente en Alba. El triduo religioso se convirtió además en una de las grandes fiestas estivales de la villa, uniendo espiritualidad, tradición popular, cultura y encuentro de numerosos visitantes y peregrinos.

En este 2026, la celebración albense se desarrolla nuevamente en torno a los días 25, 26 y 27 de agosto, con el solemne triduo en la Basílica de la Anunciación. El día 25 tuvo lugar la salida de clausura de la imagen de Santa Teresa y la Eucaristía presidida por el provincial de los Carmelitas Descalzos, P. Francisco Sánchez Oreja, OCD. Este año se ha incorporado además la presentación de las históricas andas del Santo Brazo de Santa Teresa, recientemente restauradas.

La jornada culminante en Alba continúa siendo el 27 de agosto, conservando así la antigua fecha de la fiesta, mientras que el calendario litúrgico actual del Carmelo la celebra el día 26. Esta peculiaridad constituye otra de las singularidades históricas de la celebración albense.

Una fiesta que estuvo a punto de desaparecer.

La historia de la Transverberación conoció, sin embargo, un momento decisivo después del Concilio Vaticano II. La revisión del calendario litúrgico planteó la supresión de esta segunda celebración de Santa Teresa, puesto que la reforma buscaba evitar la multiplicación de fiestas dedicadas a un mismo santo. La solemnidad universal del 15 de octubre quedaba naturalmente asegurada, mientras que la Transverberación desaparecía inicialmente del nuevo calendario propio del Carmelo.

La reacción fue especialmente significativa en los dos lugares más estrechamente unidos a esta memoria: Ávila y Alba de Tormes. Las Carmelitas Descalzas de la Encarnación de Ávila encabezaron en 1972 una petición dirigida a Pablo VI, a la que se sumaron numerosos monasterios, entre ellos San José de Ávila y la Anunciación de Alba de Tormes. Su propósito era conservar una celebración que no exaltaba simplemente un fenómeno místico extraordinario, sino aquello que ese fenómeno representaba: la fuerza de la caridad divina en la vida de Teresa y su entrega al servicio de la Iglesia.

La petición prosperó. La celebración fue recuperada en los nuevos libros litúrgicos carmelitanos, aunque con un rango más moderado y trasladándose oficialmente al 26 de agosto, ya que el día 27 estaba ocupado en el calendario romano por la memoria de Santa Mónica. La nueva liturgia quiso, además, poner el acento no tanto en el fenómeno extraordinario cuanto en su contenido teológico: la acción del Espíritu Santo y el fuego del amor de Dios que transforma a Teresa y la impulsa a entregarse a las grandes obras que la Iglesia le encomendaría.

Trescientos años después: una herida que sigue hablando.

El III centenario permite contemplar la Transverberación desde una perspectiva que supera ampliamente el recuerdo histórico. 1726-2026 son tres siglos de celebración litúrgica de una experiencia ocurrida mucho antes, en el corazón del siglo XVI, pero cuya fuerza espiritual continúa interpelando al hombre contemporáneo.

Ávila y Alba de Tormes representan de manera admirable los dos extremos de esta historia. Ávila conserva el lugar donde el corazón fue herido; Alba conserva el corazón herido. La Encarnación guarda la memoria de aquella Teresa viva que buscaba a Dios entre luchas, dudas, oración y deseos; el sepulcro de Alba custodia el cuerpo de aquella misma mujer que terminó haciendo de toda su existencia una entrega.

Por eso la Transverberación no es simplemente la fiesta de un acontecimiento extraordinario. Es la fiesta del amor llevado hasta sus últimas consecuencias. El dardo, el fuego y la herida son el lenguaje simbólico de una realidad mucho más profunda: Teresa se supo alcanzada por un Amor que ya no le permitió vivir para sí misma.

Tres siglos después de que Benedicto XIII aprobara su celebración litúrgica, la fiesta continúa reuniendo a religiosas, frailes, sacerdotes, peregrinos y fieles en Ávila y Alba de Tormes. Y entre ambas ciudades permanece trazado un itinerario espiritual profundamente teresiano: de la experiencia a la reliquia, de la Encarnación al sepulcro, de Ávila a Alba; de un corazón herido por Dios a una vida enteramente entregada por amor.