El grupo ofreció un contundente concierto eléctrico con un repertorio repleto de clásicos del pop y el rock español y presentó como novedad la incorporación de Jaime Jiménez al saxo
Fotografías: Estudio Digital Francisco Cañizal
La Plaza Mayor de Alba de Tormes volvió a demostrar que cuando la música en directo suena en la villa ducal, el público responde. Y lo hizo con una noche de guitarras, batería, bajo, voz y mucho rock de la mano de Tres de Picas, que el pasado 22 de agosto ofreció un concierto eléctrico, potente y pensado para cantar, bailar y disfrutar de principio a fin.
No fue una actuación acústica ni una sucesión de canciones interpretadas con calma. Tres de Picas salió al escenario dispuesto a reivindicar el sonido de una banda de rock, con las guitarras eléctricas como protagonistas y una base rítmica sólida que convirtió la Plaza Mayor en un escenario de grandes clásicos de la música española.
La formación estuvo integrada por Javier Abeledo, guitarra y voz; Jaime Álvarez, guitarra y arreglos; Pablo Criado, batería, y Jesús González, bajo. A ellos se sumó como gran novedad Jaime Jiménez al saxo, que debutó como nuevo componente de la formación y aportó un matiz diferente a un repertorio que, por encima de todo, respiró rock.
Desde los primeros compases quedó claro cuál iba a ser el camino de la noche: recuperar canciones que forman parte de la memoria musical de varias generaciones y llevarlas al terreno de Tres de Picas.
El concierto arrancó con ‘Princesa’, uno de los grandes clásicos de Joaquín Sabina, incluido originalmente en Juez y parte y grabado junto a Viceversa en 1985. A partir de ahí comenzó un viaje por varias décadas de música española en el que no faltaron canciones reconocibles desde sus primeros acordes.
La Guardia estuvo muy presente con El mundo tras el cristal y Cuando brille el sol, dos de esos temas que inmediatamente trasladan al público a los años ochenta. El mundo tras el cristal, de hecho, continúa siendo uno de los himnos más reconocibles de la banda granadina.
También hubo espacio para Los Secretos, con Déjame y, especialmente, Quiero beber hasta perder el control, una de las canciones más emblemáticas de la banda madrileña, compuesta por Enrique Urquijo. Y junto a ellos apareció otra de las grandes referencias de la nueva ola española: Nacha Pop, con La chica de ayer, una canción que volvió a demostrar que hay clásicos que no entienden de generaciones.
El repertorio avanzó por terrenos muy diferentes. Sonaron Danza Invisible con Sabor de amor, uno de los temas más conocidos de la formación malagueña; Joaquín Sabina regresó con Por el bulevar de los sueños rotos, canción cuya música corresponde a Álvaro Urquijo y cuya letra pertenece a Sabina; y Duncan Dhu apareció con En algún lugar.
Pero si hubo un momento en el que Tres de Picas dejó claro que aquella noche era, sobre todo, una noche de rock, fue cuando llegaron los temas más contundentes del repertorio.
‘Alucinante’, de Platero y Tú, puso sobre la Plaza Mayor el sonido del rock urbano de los noventa. Después llegaron Rojitas las orejas, de Fito & Fitipaldis, El ritmo del garaje, de Loquillo, y Insurrección, de El Último de la Fila, componiendo una de esas secuencias en las que el público prácticamente no necesita presentación: basta con escuchar los primeros acordes para saber qué canción viene después.

El repertorio se adentró también en el rock más clásico con Rosendo y Agradecido, Extremoduro y Ama y ensancha el alma, Los Suaves y Dolores se llamaba Lola, además de Soldadito marinero, uno de los temas más populares de Fito & Fitipaldis.
Precisamente Dolores se llamaba Lola es una de esas canciones que han trascendido el ámbito estrictamente rockero para convertirse en un auténtico clásico de las fiestas y verbenas. Los Suaves la publicaron originalmente en 1988 y terminó convirtiéndose en uno de los grandes himnos de la banda gallega.
Y entre tanta guitarra hubo una novedad que mereció una atención especial: el debut de Jaime Jiménez al saxo. Su incorporación permitió ampliar las posibilidades sonoras de Tres de Picas y añadir nuevos colores a determinadas canciones, demostrando que la formación afronta esta nueva etapa con intención de crecer sin perder la esencia que define su propuesta.
Porque esa fue, probablemente, una de las grandes virtudes de la noche: Tres de Picas no se limitó a reproducir canciones conocidas. Las llevó a su terreno, las hizo sonar como una banda eléctrica y construyó con ellas un concierto con personalidad propia.
La Plaza Mayor de Alba de Tormes se convirtió así durante unas horas en un enorme punto de encuentro alrededor de la música. Gente que creció con Sabina, Los Secretos, La Guardia, Loquillo o Los Suaves compartió espacio con generaciones que han descubierto esas canciones años después. Y entre todos quedó demostrado que el rock español sigue teniendo una extraordinaria capacidad para reunir a públicos muy diferentes.
Con Agradecido, Ama y ensancha el alma, y Dolores, finaliizó el concierto. Tres de Picas dejó una sensación clara: hay canciones que no envejecen y bandas capaces de devolverles toda su energía sobre un escenario.
Fue una noche de música, amigos e historias compartidas. Una noche de guitarras eléctricas y clásicos. Una noche en la que Tres de Picas hizo de la Plaza Mayor su territorio y recordó que, cuando suenan buenos temas y una banda toca con ganas, el rock sigue siendo una de las mejores formas de celebrar juntos.
