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"Jardín y herida”, la muestra pictórica de Florencio Maíllo en Escurial de la Sierra que recorre cincuenta años de pintura
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En Escurial de la Sierra

"Jardín y herida”, la muestra pictórica de Florencio Maíllo en Escurial de la Sierra que recorre cincuenta años de pintura

Publicado 22/08/2026 19:20

El artista de Mogarraz ha elegido la localidad de La Calería por su vinculación al territorio

Ya sea por la ruta de Linares de Riofrío o por la carretera que le une a Tamames, el trayecto hacia Escurial de la Sierra es de una belleza que se corresponde con el pueblo. Encinas, monte, el cercano Pico Cervero, un castillo que merece visita… y el pueblo con sus casas sorprendentes, su quietud de árbol y su vinculación al arte. Arte de piedra dura y poema cercano, el de Severiano Grande y Félix Grande, escurialenses de una tierra que, recuerda Joaquín Sánchez de Bustos, Don Antonio Llorente Maldonado situó en la zona de Quilamas, subcomarca de “La Calería”.

La cal morena de los esgrafiados que nos fascinan. Como nos fascina que el pintor de Mogarraz, Florencio Maíllo, haya elegido una población pequeña para exponer un proyecto expositivo que sería un privilegio en cualquier sala. Pero el artista es muy claro “Esta elección responde a que aquí hay un vínculo con el territorio. Me muevo por sensaciones, por el hecho de percibir que hay algo, y aquí lo hay. Estas salas son como una cápsula en el tiempo”.

Es cierto que las tres salas expositivas del Ayuntamiento de Escurial son un regalo inesperado para el visitante que debe apreciar el trabajo en pos de la cultura del municipio, de su alcaldesa, Maiter Benito, quien cuenta con Joaquín Sánchez de Bustos como asesor. Concebidas por el artista Severiano Grande, las magníficas salas se prestan perfectamente para el proyecto casi vital de Maíllo en el que reflexiona sobre la vulnerabilidad del hombre, sobre el tiempo que pasa, sobre el acto creativo. Pensamientos que también se centran en la naturaleza del medio rural donde no se siente solamente el tiempo atmosférico con más fuerza que en la ciudad, sino el paso del tiempo auténtico. Una autenticidad que hace confesar al artista: “Esta es la exposición más importante de mi vida”.

Una exposición que debe mucho al empeño cultural de las gentes del ayuntamiento de este pueblo y al de un hombre dedicado a la cultura popular y a la cultura con mayúsculas: Joaquín Sánchez

de Bustos, ellos han conseguido levantar esta muestra monumental junto a otros proyectos que, hasta noviembre, se concentran en la muestra de Maíllo que merece el paseo a este pueblo hermoso. Una muestra “Entre jardín y herida” que cuenta con un catálogo verdaderamente espléndido, publicado por el municipio, que queda en las manos del visitante como recuerdo imborrable de su visita.

Cincuenta años de pintura y una muestra que se ofrece aquí, donde afirma Maíllo “El paisaje está vivo”. El artista, que inicia la exposición con sus cuadros de los años noventa, abstracciones donde la materia trazaba orden y geometría, materia que se erosiona, que muestra la arquitectura de su empeño, el dolor por la muerte de su hermano que se concentra en el uso de la ceniza, de la pizarra, del carboncillo, de la cal o polvo de tiza… explica que esta primera parte, casi deshumanizada, es el comienzo de una trayectoria que se expande a lo largo de series casi infinitas. Series donde el artista utiliza las imágenes del Jardín de las Delicias del Bosco, las del Jardín renacentista de Béjar, jardín cerrado que culmina con la obra monumental de una joya de la naturaleza que crece muy cerca de aquí: la Encina de los Arévalos.

Maíllo, gracias a la poesía de Luis Melero Marcos, se aproximó en el 2016 al Jardín del Bosco para iniciar una serie que el espectador ve completa por primera vez. En ella juega con diversas técnicas, espejo y reflejo de antiguos herbolarios, algunos de ese Nuevo Mundo que recuerdan un jardín, artificio vulnerable, metáfora del cuidado de la mano del hombre que, años después, tiene que cuidar a ese hombre. El jardín se repite, afirma Sánchez de Bustos, como una partitura con variaciones técnicas –serigrafías, grabado, superposición fotográfica, uso del metal como soporte- que hablan de memoria, conservación, modernidad y legado. De la abstracción pura y matérica, dura y sólida en su racionalidad, al exquisito juego de la belleza del jardín, el agua, el reflejo, los elementos clásicos del espacio renacentista que nos recuerda lo perdido en Abadía o lo conservado en Béjar. Paso del tiempo en la pura belleza que nos convierte en mayores… esa figura humana que se instala, cae en medio de ese primer paisaje matérico del artista. Es su nuevo empeño, su trabajo actual, la figura humana herida, gastada como materia por el paso del tiempo, necesitada de cuidado, y que se representa en plena caía, ajena a su belleza clásica. El último cuadro del pintor dialoga con sus primeras épocas, y lo hace desde elclasicismo de su magnífico dibujo a su deseo de reutilizar la materia vivida y el óxido de su voluntad de herrero.

Materia de arte: las obras impresas sobre metal no lo hacen sobre metal cualquiera. Son las láminas de las rotativas del antiguo diario salmantino “Tribuna de Salamanca”, en el que yo empecé a escribir. Quiero pensar que alguna de estas obras está sobre la plancha en la que estaban impresas mis primeras palabras de periodista cultural. Obras que culminan reflexionando sobre la ecología, el espacio rural, los incendios, la emergencia climática que tanto preocupan a un artista que nació en un pueblo al que ha dado vida artística y que tiene su taller en otro, enmarcando su última obra con los palés que sirvieron antes como contenedor. Listones de madera que guardan la herida del clavo, que sustentan ese nuevo cuadro que, según Joaquín Sánchez de Bustos, sigue inquiriendo por la soledad, el paso del tiempo, el desgaste de la materia, lo eterno.

Y eterna es la obra que culmina la muestra. Ese primer apunte del natural –Maíllo hacía años que no enfrentaba el caballete a la pintura del natural cuando los periodistas Carlos Aganzo y Carlos Espejo le invitaron a escribir sobre la monumental encina- y después, fruto del confinamiento y el deseo de naturaleza, la obra culmen: trece láminas de encaústica sobre aluminio para mostrar un árbol que no lo es. Una catedral que desafía al tiempo, a la vida finita del hombre. Un estudio sobre la luz que nos devuelve al joven pintor de Mogarraz que recogía en el vertedero las reproducciones de Corot que tiraba el farmacéutico. Corot, pintor de la emoción del paisaje, del temblor de la luz. Condestable, Caspar David Fredrich, Corot son las inspiraciones de esta obra que fue expuesta con gran éxito en La Salina y que ahora sorprende al visitante con su belleza. Con su fuerza, con su emoción absoluta. Se impone el silencio. Se impone el diálogo callado con ese hombre que cae, vencido por el tiempo, pero capaz de ver el paisaje. Y nos preguntamos cómo es posible que Maíllo haya hecho este círculo perfecto en torno al jardín cerrado, a partir de la forma ordenada, racional, de la abstracción. Un círculo que es la sombra generosa de este árbol que nació aquí cerquita, entre Tejeda y Segoyuela, mirando a los berrocales de piedra que después tallara Severiano Grande. Tierra monumental que acoge hasta noviembre una obra que nos interpela. Que nos sobrecoge. Que nos admira. Que nos emociona. Y que ha elegido, muy conscientemente, este espacio que ahonda su raíz en la tierra.

Un acontecimiento que agradecemos al artista, a Joaquín Sánchez de Bustos, al Ayuntamiento del pueblo de Escurial. Un acontecimiento que se eleva con la misma majestuosidad de la Encina de los Arévalos, desafiando todo lo que no sea la pura belleza. Materia eterna del tiempo, cultura viva en los pueblos que la merecen.