Los sucesivos y destructivos terremotos de los últimos meses, ocurridos en distintas partes del Planeta, nos inducen a pensar que puede que estemos en el inicio de una temporada u oleada de terremotos, generados por una actividad sísmica inusual de la Tierra. Pero no hay que alarmarse. La ciencia no detecta ese hipotético aumento de actividad sísmica convulsa, ni cualquier otro elemento natural que lo justifique. Es cuestión de coincidencias.
De los últimos terremotos ocurridos en Venezuela ya nos ocupamos en su momento, ahora nos detendremos en el ocurrido en Colombia. Trasladando en primer lugar al pueblo colombiano hermano, tanto a los residentes en aquel país como los que están en España, nuestra solidaridad y apoyo ante semejante tragedia.
El seísmo ocurrido en Colombia el 10 de agosto alcanzó una magnitud 7,4 en la escala sismológica de Richter (escala logarítmica que asigna un número para cuantificar la energía que libera un terremoto) Las cifras oficiales, cuando se cumple una decena de días, indican que más de 300 personas han muerto, 426 continúan desaparecidas y más de 4.500 han resultado heridas en 472 municipios de 15 departamentos. Más de 134.000 viviendas están dañadas y casi 30.000 fueron destruidas. Además de más de 200 edificios colapsados, entre ellos hospitales y centros educativos. Según Naciones Unidas, más 1,2 millones de personas necesitan ayuda.
Pasado el período de esperanza de encontrar supervivientes, las autoridades consideran que la emergencia ha entrado en una nueva etapa, la de centrarse en encontrar víctimas mortales, recuperación de cuerpos, retirada de escombros y proseguir con la evaluación de los daños causados. Mientras que cientos de familias han perdido completamente sus casas o siguen sin poder volver a ellas por riesgo de derrumbes o intensidad de los daños causados.
Según fuentes informativas, el auxilio y la atención se ha centrado, prioritariamente, en los cascos urbanos como la ciudad de Cali, una de las más afectadas por el temblor. Mientras qué en zona rurales del Valle del Cauca, como El Cairo y Ansermanuevo, han criticado la falta de atención por parte de las autoridades. La destrucción en las zonas afectadas es transversal, afectando a viviendas, edificios públicos, así como a las infraestructuras de carreteras o de otra índole, pero también a la pérdida de negocios y puestos de trabajo. Lo que supone un grave quebranto para la economía y un mazazo en la vida y los sentimientos de la población.
Volviendo a los varios sismos ocurridos en los últimos tres meses con magnitud superior a 7 en la escala de Richter, cabe preguntarse si ¿está la Tierra viviendo una etapa de mayor actividad sísmica que pueda estar generando una oleada de terremotos? Los expertos han descartado que algo así esté ocurriendo a escala planetaria. María Berito Oterino, doctora en Ciencias Físicas y catedrática de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) sostiene en un artículo reciente sobre este tema en The Conversation que “la respuesta corta es que no tenemos evidencias de que la Tierra atraviese una fase de mayor actividad tectónica global. El hecho de que varios terremotos grandes coincidan en pocas semanas puede resultar llamativo, pero la proximidad temporal no implica que estén físicamente relacionados”.
La razón es, de acuerdo con la experta citada, que las placas tectónicas y los procesos que causan grandes sismos no están sincronizados a escala planetaria, ya que las fallas dispersas por todo el mundo responden a contextos tectónicos diferentes. Razones que no logran disminuir el desasosiego de la población, máxime teniendo en cuenta la sucesión y frecuencia percibida de estos sucesos telúricos.
Desde junio de 2026 se han registrado importantes eventos sísmicos que han sacudido al mundo: el 8 de junio se produjo uno en Filipinas de intensidad 7,8 que afectó a Mindanao y otras partes del país; el 24 de junio un doble terremoto se dio en Venezuela, de magnitudes 7,2 y 7,5 afectando a La Guaira y el estado de Caracas; en 17 de julio se produjo otro en México, en la zona de Chiapas, con intensidad 7,4; el 28 de julio uno de intensidad 7,1 afectó a Japón; el 10 de agosto otro de 7,4 impactó Colombia con epicentro en Chocó; el 14 de agosto ocurrió otro evento telúrico de 7,7 en Indonesia. Ocho terremotos con intensidad superior a 7 en poco más de dos meses. Además de varios terremotos de magnitud cercana al 5 y decenas de réplicas a lo largo de unos días que se han producido en la provincia española de Granada que, aunque no ha habido víctimas mortales sí ha habido heridos y han sido una tortura para la población.
Como apuntábamos al principio, también cabe plantearse si ¿son los terremotos una cuestión de azar? La misma experta, María Berito, señala que sí, que “Puede haber periodos con varios grandes eventos y otros relativamente tranquilos sin que haya cambiado la tasa de actividad sísmica global”. Cosa que es compatible con que haya terremotos relacionados entre sí por proximidad, como es el doblete sísmico ocurrido en Venezuela, pero no a escala planetaria. Según Berito, el ocurrido en Colombia no tiene nada que ver con los de Venezuela, a pesar de que ambos se hayan producido en el Caribe.
Los sismólogos estiman que ocurren cerca de 500.000 terremotos anuales. Si bien, la debilidad de la mayoría de ellos hace que no sean perceptibles a los humanos, aunque sí son captados y registrados por los aparatos científicos al efecto. Con una intensidad menor a 2.0 en la escala de Richter se producen miles de cientos de terremotos al año, ocurriendo con una frecuencia de segundos. Con magnitudes 4.0 a 4.9, se dan unos 10.000 al año y se perciben como un leve temblor. Con intensidad de 5.0 a 5.9 se aprecian unos 1.300 al año y pueden originar pequeños daños. Los que alcanzan de 6.0 a 6.9 se dan unas 100 veces al año y cursan con daños moderados. A los de entre 7.0 a 7.9 ya se les considera terremotos importantes, destructivos y suelen darse entre 10 y 20 al año. Con intensidad 8 o mayor provocan grandes catástrofes globales y suele darse uno por año.
Más allá de la intensidad sísmica natural, los terremotos tienen un fuerte componente sociológico de percepción por parte de la población. Hay terremotos ocurridos en los océanos, en hondas profundidades o en zonas deshabitadas que pasan desapercibidos para la población en general. Mientras que los que afectan a zonas intensamente pobladas originan pérdidas humanas y ocasionan grandes daños en bienes y servicios que conmocionan a la ciudadanía. Confiemos en que estos últimos no aparezcan.
Les dejo con Soda Stereo - Cuando Pase El Temblor:
https://www.youtube.com/watch?v=ixjMZeQE4mo&t=4s
© Francisco Aguadero Fernández, 22 de agosto de 2026
La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.
Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.
La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.
En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.