La divulgadora histórica originaria de Tamames se convierte en la dama Leonor de Velasco y Mendoza para relatar la historia de este lugar mágico.
Desde la iglesia del monasterio de Santa María de Porta Coeli del Zarzoso se ve el ocaso más hermoso de la provincia de Salamanca, y con esa luz, el rostro emocionado y cansado tras más de una hora de entrega teatral, de Charo García de Arriba, tiene un brillo especial. El de haber representado, sobre el enterramiento de la dama que levantó esta iglesia, el papel de un personaje al que ha dedicado estudio, entrega y con el que se ha mimetizado ante un templo lleno que no dejó de aplaudir su visión cercana de la historia de doña Leonor de Velasco y Mendoza.
No era la primera vez que Charo García de Arriba se convertía en personaje teatral. El 3 de agosto del 2018, recreó en las calles de su querido pueblo de Tamames, la historia y la leyenda que se convirtieron en un libro “Tamames, paseando por su historia” publicado por la Diputación de Salamanca que sigue siendo piedra de toque para la zona. Una zona marcada por su riquísima historia y el ser la puerta de la sierra, una puerta que, casi rozando el cielo, tiene en el monasterio de las hermanas Franciscanas de la Tercera Orden, el rincón bellísimo de esta tierra salamantina.
Investigadora independiente, divulgadora histórica, Charo García de Arriba se ha convertido en un rostro conocido a la hora de interpretar nuestro pasado. Y hacerlo desde la cercanía, la originalidad, el rigor absoluto. De ahí que su interpretación de la vida de Doña Leonor de Velasco y Mendoza sea tan especial. Se reencarna en ella con gracia, como la mejor de las actrices, interpretando un texto que bascula entre el aluvión de datos, las alusiones a la actualidad, el humor, la absoluta identificación con la dama y la fuerza. Una fuerza dramática que nos deja, en el espacio lleno de la hermosa iglesia frente al Cristo de la Luz, al que el doctor Manuel Marcos Robles dedicó un libro fundamental, verdaderamente fascinados. Charo vive su personaje, una dama de la alta sociedad quien, como tantas protagonistas de nuestro pasado, merecería película y que, a los pies de la historiadora, seguro que está feliz y encantada de reencarnarse tan bellamente en esta mujer segura magníficamente vestida de azul profundo.
Doña Leonor, miembro de la nobleza por sí misma –sus blasones, junto a los de su marido, están a un lado de la iglesia- se casa con Francisco de Benavides y Manrique, bisnieto del fundador del monasterio del Zarzoso, señor de Frómista, Matilla de los Caños y San Muñoz que se remonta al 1444. Ya viuda, la dama mandó construir la iglesia actual y se retiró al monasterio junto a dos de sus hijos y sus pertenencias. Corría el año 1505 y doña Leonor quiso convertir el templo en proyecto memorial de los suyos, trayendo el cuerpo de su marido y firmando un documento en el que se comprometían las monjas del monasterio a rezar “por siempre jamás” por la familia fundadora. Corrían los tiempos del duelo por la muerte de Isabel la Católica, de la nueva y agresiva nobleza que acaparaba tierras y fundaba monasterios al abrigo de los Trastámara y de las figuras femeninas de enorme fuerza y decisión. Doña Leonor no iba a ser menos.
A ella, piensa la investigadora, se debe la llegada al monasterio de su pieza más querida: el Tríptico del Zarzoso. Una pieza exquisita, ahora en el Museo del Prado, que tiene su propia historia. Llamado “El Tríptico del nacimiento”, aunque debería ser llamado “de la Virgen”, es obra de un artista de origen germano conocido como “Maestro Felipe”. La pieza, que pertenecía al ajuar personal de Doña Leonor, piensa Charo García de Arriba, que fue adquirida por esta tras la muerte de Fernando de Zúñiga y Osorio, arcediano de Sevilla, mecenas del arte. Una pieza que, para ella, está dedicada a la Virgen, auspiciada por él, quien se quedó huérfano de madre muy tempranamente.
El tríptico traído por doña Leonor sale del monasterio en 1965, vendido por las monjas a un anticuario madrileño por tres millones de pesetas. El arreglo del lugar lo necesitaba urgentemente. Por fortuna, la pieza fue adquirida por el estado a la familia Várez Fisa por cuatro millones, esta vez de euros, luciendo en el Prado como una de las grandes obras del gótico internacional tardío. Y aquí llega la magia, en la actualidad, y a través de una inesperada iniciativa, se espera la llegada de una reproducción del Tríptico para que vuelva a lucir en las paredes del monasterio. Esta vez, el pintor será el maestro Moisés Cristeto, pintor de Tamames que deslumbra por su pericia y que está a punto de terminar, de forma altruista, una obra que precisa de un marco complejo y difícil que culmina la pieza.
Este proyecto, junto a las conferencias impartidas por la divulgadora histórica, es el germen de este texto teatralizado que ha supuesto una sorpresa para quien no conoce el trabajo de Charo García de Arriba. En su deseo de hacer más cercana la historia ¿Por qué no reencarnarse en figuras femeninas de gran fuerza? De la conferencia rigurosa, llena de datos, a la obra de teatro llena de gracia. A la representación plena de hallazgos divertidos –la dama se presenta a comprar la tabla como ante las rebajas del Corte Inglés- y también dramáticos, como cuando Doña Leonor asiste desde su tumba a la partida de las monjas tras la desamortización de Mendizábal: “No me dejéis sola, el en documento está escrito que rezaréis por mi familia por siempre jamás”. La magia de la actriz no solo recorre la vida de la protagonista, también recorre la historia del monasterio, su fragilidad, su capacidad de sobreponerse a los años duros, su deseo de perdurar –al que aludió la superiora de las actuales habitantes de este lugar mágico- su fe, su particular emplazamiento como “puerta del cielo” muy vinculado a las gentes de la sierra que llenan el templo y que disfrutan de los dulces que realizan las hermanas laboriosas de la orden contemplativa.
Historia para todos, historia vivida, historia que se encarna… arrastrando el hermoso vestido sobre el posible enterramiento de Doña Leonor, la historiadora se hace, precisamente, historia. Y lo hace con esa gracia que nos acerca al personaje, a su fuerza, su magia. Estamos en los tiempos en los que las mujeres deciden, son guardianas de la memoria, erigen proyectos que cuentan su historia a la manera de la reina Berenguela, el origen de todo. Damas de una potencia silenciosa que la historia ha relegado pero que surgen de nuevo para alzar la voz, una voz llena de gracia que, durante más de una hora, nos ha tenido suspensos en su historia. En su fuerza, en su deseo de seguir guardando la memoria de los suyos, la importancia de su estirpe, el orgullo por su tríptico que era parte de su oratorio privado, su iniciativa, su legado, su orgullo. Un tríptico que volverá en cierto modo con su dueña. Una dueña que, durante un rato magnífico, se reencarnó en la dama de Tamames, la historiadora y gestora cultural Charo García de Arriba.
Charo Alonso.