Los trabajos de restauración completan las piezas escultóricas perdidas y dignifican el espacio del sepulcro
La Basílica de la Anunciación de Nuestra Señora del Carmen luce de nuevo su imagen histórica tras finalizar la restauración de su retablo-sepulcro del siglo XVII. La intervención, financiada con donaciones de fieles, devuelve la integridad artística a uno de los conjuntos barrocos más significativos de la provincia salmantina.
El emblemático templo de Alba de Tormes ha completado un minucioso proceso de recuperación de su pieza central. Los trabajos artísticos, encargados a la prestigiosa firma Arte Martínez, han permitido reponer los elementos escultóricos y ornamentales que se habían perdido a lo largo de los siglos.
Esta actuación se ha sufragado íntegramente gracias a las limosnas recibidas en acción de gracias a Santa Teresa de Jesús. Como novedad y homenaje a su legado, bajo el sepulcro de la santa se ha incorporado el escudo del Carmelo Descalzo, una referencia directa a la obra reformadora de la mística abulense.
La intervención llega en un momento de gran relevancia para la villa ducal, tras el reciente reconocimiento canónico del cuerpo de la santa, que concluyó el pasado mes de mayo de 2026 con la visita de cerca de 100.000 peregrinos en apenas 15 días.
La restauración se ha centrado en devolver la integridad a la abundante decoración barroca del conjunto. Los especialistas han repuesto todos los elementos desaparecidos con total fidelidad a los originales, principalmente en la base del sepulcro teresiano y en la zona de la predela del retablo.
El proyecto ha supuesto la reintegración de columnas, capiteles, molduras, volutas, roleos, guirnaldas y diversos motivos vegetales. Estas formas envuelven el camarín y las reliquias, potenciando el intenso movimiento visual característico del barroco carmelitano.
El prior de la comunidad, Miguel Ángel González, ha destacado la importancia de esta actuación: "Hemos querido dignificar y completar el retablo de la Santa recuperando su belleza original, perdida por avatares históricos, recuperando toda su dignidad el espacio del sepulcro y de las reliquias mayores".
El retablo de la Basílica de la Anunciación fue diseñado en el siglo XVII por el carmelita descalzo y tracista fray Francisco de Jesús María, mientras que su ejecución corrió a cargo del ensamblador Juan Arenal. Presenta un estilo barroco sobrio y contenido, propio de la austeridad de la orden.
En el conjunto destacan las columnas corintias estriadas, las retropilastras decoradas y la ornamentación vegetal de las ménsulas. Las pinturas que completan la obra fueron realizadas por destacados artistas de la época, entre los que sobresalen Francisco de Rizi y Diego González de la Vega.
La composición se articula en torno a un marcado eje central que dirige la mirada del fiel desde el altar mayor, realizado en 2022 por los mismos talleres de Arte Martínez, hacia el camarín central. En la parte superior, la imagen de Santa Teresa de Jesús con el hábito carmelita corona el conjunto como figura glorificada.
A ambos lados del sepulcro se sitúan las puertas laterales que custodian las reliquias mayores de la santa, dispuestas de forma simétrica:
Esta disposición ofrece una lectura teológica y artística de gran belleza, uniendo de forma inseparable la vida activa y la vida contemplativa de la mística abulense en el corazón de su templo.
El sepulcro de la santa ha tenido diferentes ubicaciones históricas. En 1677, su cuerpo se depositó en una urna de piedra de Villamayor en el transparente del retablo. Posteriormente, en 1760, los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza donaron la actual urna de mármol negro jaspeado de San Pablo (Toledo).
Este sepulcro, trazado por el arquitecto ducal Jacques Marquet en 1759, cuenta con adornos de bronce dorado y está rematado por dos angelotes de mármol blanco con el dardo de la Transverberación y la corona virginal. En su interior, el cuerpo descansa en una caja de plata fabricada en Orleans y forrada de terciopelo carmesí.
El espacio está protegido por dos rejas: una exterior de plata labrada hacia la basílica y otra interior de hierro forjado con corazones y dardos dorados, lo que otorga al conjunto el carácter de una sacra caja fuerte para custodiar el cuerpo incorrupto de la santa.

Para garantizar la máxima seguridad del sepulcro y evitar aperturas no autorizadas, históricamente se estableció un riguroso sistema de custodia compartido. En total, existen diez llaves diferentes distribuidas entre varios depositarios:
Este reparto exige el acuerdo y la presencia de las diferentes partes para poder acceder al cuerpo de la santa, cuyo último estudio científico, realizado entre agosto de 2024 y mayo de 2025, confirmó que se conserva incorrupto.