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El Museo de las Muñecas de Alaraz, un rincón para el recuerdo de los sueños de infancia
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Campo de Peñaranda

El Museo de las Muñecas de Alaraz, un rincón para el recuerdo de los sueños de infancia

Publicado 18/08/2026 13:52

Rosa Pérez Gómez abre este hermoso rincón en su pueblo que supone un homenaje a su marido y a los sueños cumplidos en la madurez.

Tiene Alaraz muchos alicientes para el viajero que baja por el Campo de Peñaranda, atravesando Macotera, Santiago de la Puebla, llegando a este pueblo tan cercano a Ávila que se llena de árboles y restos romanos y granito, cambio de paisaje para un lugar de laboriosa labor, fábricas de ladrillo y teja, industria chacinera y ahora, gentes que abren museos de pintura, como la artista Marina Gómez, muestras de patrimonio rural en el sorprendente Museo de Antaño de Diego García y museos de muñecas… un rincón de tal delicadeza que despierta la curiosidad del viajero, ahí, justo en la Plaza, junto a la iglesia de sillares sólidos que guarda el hermoso retablo de Cristóbal de Carvajal.

El Museo de las Muñecas de Alaraz, un rincón para el recuerdo de los sueños de infancia | Imagen 1

Abre este delicioso espacio Rosa Pérez Gómez no tanto para ilustrar la historia de la muñeca, o presumir de piezas antiguas y valiosas, no… el museo “Sueños de infancia, caprichos de juventud” es un homenaje a su marido, el doctor Ángel Alonso Rosado y a un tiempo de mujeres laboriosas, mujeres que no tuvieron el privilegio de la muñeca, de la casita diminuta, del carricoche con el que recorrer la calle de la infancia. Rosa Pérez no cuenta en este delicado museo la historia de un objeto tan vinculado al hombre que se han hallado muñecas desde la prehistoria, no, nos muestra con una sinceridad maravillosa, con una entrega absoluta una historia de superación y de amor que se inicia con el panel en el que tanto ella, como Javier, Carlos y Sara, recuerdan al marido, al padre generoso. Una historia de amor para reparar la falta.

En la familia de Rosa, los nueve hermanos todo lo compartían. Hasta la muñeca y el carricoche que la niña imaginativa deseaba. Esta decepción infantil llevó a su novio Ángel a regalarle en 1973 esa primera muñeca de muchas. Enfermera de profesión, compañera de quien abrió una exitosa y ahora puntera Clínica Dental en Salamanca, Rosa recibió de su marido piezas tan hermosas como el carricoche de 1890, al que se unieron otros tres de 1900. Muñecas delicadas, de biscuit, de celuloide, de plástico a las que vestir con la pericia de las mujeres que aprendieron a bordar, a coser, a crear puntillas en los pocos ratos que su trabajo, su familia, su constante tarea les dejaban libres. Las miniaturas que muestra su colección son salidas de las manos hacendosas de Rosa, artesanas, exquisitas, ese mimo con el que ha concebido la museografía de este pequeño museo que se abre al público con alegría y éxito.

El Museo de las Muñecas de Alaraz, un rincón para el recuerdo de los sueños de infancia | Imagen 2

Porque sale del corazón, porque es un homenaje al hombre que buscó las piezas más hermosas para esta mujer que concibió el museo desde el amor y el conocimiento. De ahí que incluya la radio que le regaló un anticuario de Cebreros, pueblo del doctor, de ahí que tome de sus viajes ideas para colocar estas piezas, cada una de la cual, cuenta una historia… ¿Dónde se encontraron? ¿Cómo se entregaron? Muñecas que evolucionan, muñecas que eran en ocasiones puro adorno de la señorita y no juguete de la niña deseosa de empujar a su pepón envuelto en tules con el carrito de la entrega.

¿Cómo elige para esta muestra Rosa el pueblo de Alaraz, lejos de Salamanca, la Salamanca de la colección preciosa de Ramos Andrade? Y ella responde sencillamente “Porque es mi pueblo”, el pueblo que visita admirado esta muestra deliciosa. Este lugar que antes fue el edificio sin gracia de una droguería y que ahora, gracias a ella cuenta la historia que no es solo suya ¿Quién no deseó de chico un juguete que nunca nos regalaron? Porque eran tiempos de carencia, de muchos hermanos, de ropa que necesitas o libros que son más útiles. El juguete, un lujo compartido con los hermanos, el deseo, el anhelo, protagonista de toda una vida. Y el mimo de la labor, del bordado, del rato robado a la tarea. Y el recuerdo del juego, de la inocencia, de la belleza de la pieza que nos acompaña y cuenta una historia. No la de Rosa y Ángel, el enamorado que quiso darle gusto a su novia, no, la de todos los que hemos guardado en los anaqueles del corazón el deseo insatisfecho, el objeto que amamos, la muñeca que cuidamos, que guardamos, que rompimos, que compartimos, que atesoramos. Cuántas historias del corazón en este pequeño museo que nos hace desear ser de nuevo niños, inocentes, capaces de darle vida al objeto que tanto lo tiene. Al sueño que en la madurez es más que un capricho, amor que nos ilumina de inocencia.

El Museo de las Muñecas de Alaraz, un rincón para el recuerdo de los sueños de infancia | Imagen 3

Charo Alonso. Fotografías: Fernando Sánchez Gómez.