El fotógrafo de SALAMANCA RTV AL DÍA David Sañudo narra en primera persona su experiencia del eclipse total de sol
Ya desde jóvenes -eran los años finales de los 90- Óscar nos decía mas de una vez que en 2026 habría un eclipse total de sol. Nos lo tomábamos un poco a broma y le decíamos que aún quedaba mucho para eso y que para entonces tendríamos más de 45 años. Pero sin darnos cuenta y en poco más de lo que dura un suspiro ahí está el calendario recordándonos que ya es 2026, que estamos en agosto y que el momento está ya encima.
Durante estos años Óscar se ha convertido en un reconocido cazador de eclipses, recorre el mundo buscando el mejor sitio posible para observar la totalidad de este fenómeno. Y este año el lugar elegido fue una zona a las afueras de Osorno La Mayor, en Palencia.
La noche anterior fue de nervios, de revisar equipo fotográfico (aunque mi intención era más disfrutar del momento que fotografiarlo), que haya suficientes bebidas, el asiento portátil, crema solar, una gorra, que el despertador del móvil esté puesto y que se esté cargando, etc., etc. Fue una noche en la que me desperté varias y pensé: "¿Ay dios, ha sonado el despertador? ¿Me he quedado dormido?". Por suerte, como suele pasar en el 99,99% de las ocasiones el despertador del teléfono sonó a la hora programada.
Partimos pronto, a las ocho de la mañana, no queríamos arriesgarnos a pillar retenciones. El grupo de amigos que formamos allá por finales de los 90 y principios de los 2000 nos organizamos en dos coches y allí que nos fuimos. Félix y Elena pusieron uno de los coches y un par de neveras portátiles con agua para aguantar, por lo menos, todo el día. Fuimos a buscar a Carlos, que nos esperaba en Los Villares. Carlos, junto con Óscar, Álex (que no pudo venir) y yo mismo, es uno de los socios fundadores de la Organización Salmantina de la Astronáutica y el Espacio que fundamos en 1994 y, como en mi caso, no quiso perderse el eclipse por nada del mundo. En Osorno se nos unirían Javi y Manu, que hasta las 10 de la mañana no podían salir de Salamanca.
El viaje fue tranquilo, y lo único destacable fueron los curiosos carteles digitales que usó la DGT: 'No conduzca con gafas de eclipse'. ¡Vaya, son reales, no son fake!
Llegamos a Osorno a la hora prevista, en torno a las 10 de la mañana. De momento, estaba todo bastante tranquilo. Nos dirigimos al Centro Cultural, que es donde estaban Oscar y Sonia, su novia desde hace ya 11 años. Sonia también es una apasionada de la astronomía y este es su segundo eclipse total de sol; el primero fue en EEUU en 2017. Allí en el Centro Cultural pudimos ver una exposición de fotos, curiosidades, merchandisin, y una Playstation con el juego Saros que había llevado la gente de Sony España.
Aunque en el Centro Cultural no hubo aglomeraciones, sí que había un continuo trasiego de turistas que se entretenían con la exposición de fotos y la colección de gafas solares. A las 12 hubo una pequeña charla informativa y a las 13h. una charla sobre la 'Misión Globo Sonda'.
Mientras tanto se nos unieron Javi y Manu, junto a un buen grupo de amigos y conocidos. También estaban por allí Natalia y Laura, las primas de Óscar y con las que compartí colegio. Entre todos compartimos algunas anécdotas y recuerdos y algún chascarillo en plan “nos hacemos viejos”.
En Osorno había dos puestos de observación, uno en la Ermita de la Virgen de Ronte, donde las actividades empezarían en torno a las 15:00 horas, con autobuses gratis organizados por el pueblo cada 30 minutos y el otro punto de observación era el de El Dolmen de la Velilla, que es el que estaba organizado y reservado por Óscar y sus compañeros y amigos 'cazaeclipses', que es a donde teníamos que ir nosotros en un autobús a las 17:20h. Pero, entre tanto, había que hacer tiempo y reponer energías.
Me acerqué a la iglesia y después di una vuelta por la plaza del pueblo. Estaba animada, con visitantes aquí y allí. A la hora de comer pudimos ver bastante gente descansando y comiendo, no solo en alguna terraza, sino debajo de los árboles y en la hierba de algún parque. Incluso algunos fueron lo suficientemente listos para atar una hamaca entre dos árboles al frescor de la sombra.
Después de comer nos acercamos a la estación de autobuses y ya decidimos quedarnos allí, tomando unos cafés y unos refrescos. Pudimos observar un continuo trasiego de turistas, familias completas, visitantes solitarios, parejas con telescopios, que cada media hora subían a los autobuses que se dirigían a la Ermita.
Las 17:20 horas, llega el bus, con puntualidad suiza. Dejamos en el portaequipajes todos los trastos y subimos al bus. Que bien, aire acondicionado. El conductor espera a que estemos todos y arranca camino a la zona de observación. Andamos unos 100 metros, subimos una cuestecita y ya estamos en el punto 0.
Allí estaban ya todos los astrónomos y los aficionados expertos. Gente venida desde varias partes de España y del extranjero. Telescopios, cámaras de fotos con teleobjetivos enormes, alineados hacia el sol, cables por allí y por allá que conectan las cámaras con los ordenadores. Para no perderse la totalidad, estos expertos usan softwares especiales ya programados para que las cámaras disparen solas en el momento adecuado y con los parámetros adecuados. Estos expertos quieren fotografiar el evento, pero su mayor anhelo, su mayor deseo, es verlo y disfrutarlo, no quieren perdérselo por nada del mundo y son capaces de viajar al lugar mas recóndito del mundo para ello.
Nos reúnen y nos dan ciertas instrucciones. Sonia nos indica dónde podemos estar y qué zonas están vetadas, para que, por ejemplo, no nos pongamos delante de las cámaras. También vemos a la gente de la Misión Globo Sonda y a Sony España montando la estatua del Dios Saros de su videojuego.
En la zona de observación me encuentro con Álvaro y su mujer, Rebeca; a Álvaro, que es socio de OSAE, lo conocí un día cuando fui con Óscar a sacar unas fotos de un cometa. Desde entonces hemos mantenido contacto y tuve el honor de hacerle unas fotos de preboda y postboda a él y a Rebeca. Lo noté muy emocionado, a la vez que nervioso. Es su primer eclipse total y, como muchos de nosotros, le han contado cómo son, ha visto vídeos y fotos, pero no lo ha vivido, hasta hoy. Tiene un despliegue impresionante de cámaras, telescopios y teleobjetivos, aunque no sabe si funcionará el software. Pero me dice claramente que lo importante es ver la totalidad del eclipse.
Durante todo eso, estoy con mi cámara y un objetivo todoterreno muy sencillo. Hace semanas descarté el tomar fotos al eclipse y tomé la decisión de documentar lo que sucediese. Durante la totalidad, que se pueden tomar fotos sin filtro, intentaría hacer un par de ellas a lo loco y fiándome de los automatismos de la cámara. Mi intención al igual que la de Álvaro es no perderme la totalidad.
Mientras me muevo fotografiando a amigos y astrónomos veo, a lo lejos, pasando los girasoles, a más gente, coches que se mueven y que aparcan para poder ver el eclipse.
Para no perdernos nada y para los amigos, familiares y acompañantes que no saben mucho de eclipses, los organizadores han montado un altavoz que nos indicará, también a través de un software y una voz pregrabada, cuánto queda para que empiece el eclipse y los momentos y curiosidades mas importantes.
Mientras tanto, la hora se aproxima, hay nervios, porque la sonda debería de haberse lanzado ya, pero parece que hay problemas técnicos. El calor aprieta y vamos gastando las reservas de agua propias y también las de Félix y Elena.
Oímos el altavoz, quedan 10 minutos. Sonia y Óscar reparten gafas homologadas a los que no tienen y empezamos a tomar posiciones. Los de la sonda parece que ya han superado los problemas técnicos y ultiman los detalles.
“Empieza el eclipse” dice el altavoz. Miramos con las gafas y vemos que al sol empieza a faltarle un trocito minúsculo. En la luz ambiente no se nota nada. Los de la sonda ya lo tienen todo listo, improvisan entre todos una cuenta atrás y sueltan el globo, que empieza a perderse a nuestra vista.
El eclipse avanza, perdiendo trocitos poco a poco. Esa parte ya la conozco, porque tuve la suerte de ver el eclipse parcial de sol de 1999 y el eclipse anular de sol de 2005. Lo que me interesa, lo que llevo esperando casi 30 años, es la totalidad. Llega un momento en el que ya notamos la pérdida de luz. Miro alrededor y mi sensación es la de estar viendo algo parecido a un atardecer, pero con los colores, como diríamos en fotografía, desaturados. Oímos un “Luz de marte” por el altavoz. Eso significa que ahora mismo en la zona de la totalidad tenemos la misma luz que en el planeta Marte.
“Luz de Júpiter”.
Y ya no recuerdo que mas dijo el altavoz, porque estaba absorto mirando alrededor mientras la oscuridad avanzaba. Y entonces se hizo de noche. Y miré al sol y todos los que estábamos allí y los millones de españoles que estábamos en la franja de totalidad, pudimos ver el sol como nunca lo hemos visto antes, con una espectacular llamarada solar asomando por la izquierda.
Apunté mi cámara con el zoom al mínimo y disparé un par de veces, apenas sin mirar. “Algo habrá salido, y sino, pues tampoco pasa nada”. Y entonces, aunque no lo tenía previsto, volvía a apuntar y enfocar, esta vez con el zoom al máximo y tiré otras cuantas fotos. Tuve también tiempo de grabar un vídeo, al 'tun tun', mientras seguía mirando al eclipse. Seguramente habré perdido algunos segundos mientras hacía todo eso, pero qué se le va a hacer, las ganas de querer fotografiar las cosas son intensas en mi, como diría el Maestro Yoda.
Recuerdo oír gritos de jubilo, alborozo, creo recordar que había jaleo, pero estaba tan absorto que francamente no puedo decir que pasó a mi alrededor (tendré que revisar el vídeo que grabé, aun no lo he visto...).
Un minuto y 46 segundos, eso es lo que duró el mayor espectáculo que he visto en mi vida. Y unos días después, mientras escribo esto, tengo la sensación de que duró menos que un pestañeo.
Al acabar la totalidad volvió la luz, y con ella los abrazos. Vi a Gerardo, que vino con sus hijos y con Araceli, su mujer, emocionadísimo, hablando con Óscar. Vi a Germán, un compañero de OSAE, con los ojos enrojecidos. Me comenta que ha llorado muchísimo, y eso que ya es su segundo eclipse total. Y supongo que cuando vaya al tercero, volverá a llorar. Y ahora entiendo porqué, aunque, de momento, no se me escaparon las lagrimas. Abracé a Oscar, y luego a Sonia. Vi a Álvaro, también emocionado; más abrazos. Aquello era un río de emociones y alegría. Y ojo, sabía que iba a haber aún más.
Porque pasada la totalidad, y con todas las emociones a flor de piel, Óscar nos reunió a todos alrededor suyo, con Sonia a su lado, con la excusa de comentar algunas cosas del eclipse. Me coloqué discretamente delante de la gente y al lado de Edu y Sandra, los videográfos que llevaban todo el día con nosotros grabando lo que sucedía. Y entonces mientras Óscar empieza a hablar de los anillos de diamante que se pueden ver en un eclipse, se arrodilla y saca el “tercer anillo de diamante” para pedirle matrimonio a Sonia.
Más gritos y emociones, y ahí ya si se me salieron las lagrimillas, eran muchas sensaciones a la vez y era el momento de dejarlas salir. Acabado el momento, tocaron más abrazos y volaban los “enhorabuenas”.
Curiosamente, a casi nadie le importaba ya el eclipse. La parte de la parcialidad se seguía desarrollando. Como dijo alguien “no importa, eso ya lo hemos visto, es como darle hacia atrás a un vídeo”.
Pasadas ya todas las emociones y con el eclipse aún en marcha, se fue el calor intenso, cosa que se agradeció, pero apareció el cansancio acumulado de una noche corta y de un día largo y caluroso. Ahora tocaba hacer algo de tiempo hasta las 21:45 horas, que volvía el bus a recogernos. Aprovechamos para refrescarnos de nuevo, conversar un poco mas sobre el eclipse, mientras algunos observaban el atardecer con el sol aún eclipsado brevemente y hacíamos unas últimas fotos de grupo de recuerdo.
Nos despedimos, ya llegaba el bus. Justo antes de subir eché un vistazo a donde habíamos estado y pude echar una última foto, como si pudiera volver a capturar, aunque fuese por medio segundo, algún rastro de la totalidad, aunque tuve que conformarme con un atardecer.
Ya al lado del coche, nos sentamos un poco, nos refrescamos (sí, por suerte aún quedaban reservas de agua) y con bastante ánimo y descansados volvimos a Salamanca. No hubo retenciones, pero sí notamos que había bastante tráfico. Dos horas de viaje y ya de vuelta en tierras charras. Tocaba descargar las fotos, leer la crónica y fotos de Salamancartv Al Día y de los periódicos nacionales y meterse en la cama.
Y mientras mi estómago me recordaba de que no había ni merendado ni cenando, mi cerebro aún procesaba todo lo vivido durante el minuto y cuarenta y seis segundos que duró la totalidad. Un momento que me pareció un instante, pero que perdurara para siempre.
Y ahora, al acabar de escribir estas líneas, me estoy planteando si no debería de añadir otro eclipse total a mi 'colección' e ir a Libia, Túnez o Egipto a ver el de 2027, porque este fenómeno engancha una barbaridad.
FOTOS: DAVID SAÑUDO
VÍDEO: DAVID SAÑUDO Y CARLOS SERRANO