Tras varios miles de años de existencia, el dolmen de Lumbo de Valdesancho fue finalmente destruido a mediados del siglo XX, desapareciendo con él una parte de la memoria prehistórica del Abadengo.
Cuando se habla de dólmenes y se menciona Lumbrales, automáticamente se nos viene a la cabeza el de La Navalito, pero hasta mediados del siglo XX dólmenes y Lumbrales también eran sinónimo del hoy desaparecido dolmen de Lumbo de Valdesancho, que se ubicaba a unos 4 kilómetros de Lumbrales, cerca de la carretera que une Lumbrales y Bermellar.
Y es que, a pesar de que en el primer tercio del siglo XX el dolmen de Lumbo de Valdesancho ya había perdido gran parte de sus piedras y estructura, durante la excavación realizada en 1930 en este dolmen se pudo atestiguar que aún conservaba dos de las grandes piedras de su cámara, así como otra que obstruía la entrada a la galería y que habría que considerarla como accesoria.
Además, la galería de este dolmen conservaba aún dos piedras hincadas a lo largo marcando la propia galería, sobre las que se conservaba superpuesta sobre ellas otra gran piedra que servía de cubierta en la parte más inmediata a la cámara y que, curiosamente, poseía en su parte superior signos grabados. Estos signos estaban compuestos principalmente por hoyos hemisféricos, siendo el central el mayor y más profundo de todos los demás que poseía dicha piedra, encontrándose además enlazado dicho hoyo central con otro mediante una hendidura. Además, aparte de los hoyos circulares, en dicha piedra también había grabada una línea, una especie de huella y un signo parecido a un número nueve.
Por otro lado, en lo que se refiere a las dimensiones de las piedras que se conservaban en el dolmen del Lumbo de Valdesancho que sostenían la galería, una de ellas poseía 2’30 metros de largo y la otra 2’88 metros, mientras que la piedra con motivos tallados que ejercía de cubierta de la galería poseía 2’22 metros de largo, 0’93 de ancho y un grosor que oscilaba entre los 0’34 y 0’36 metros.
Por su parte, respecto a las piedras conservadas en la cámara, una de ellas tenía 2’54 metros de alto por 1’32 de ancho y la otra se hallaba ya incompleta, mientras que la accesoria que tapaba la entrada poseía 2 metros de alto por una anchura que se iba reduciendo de forma gradual desde 1 metro en un extremo hasta la nada en la otra punta.
En cuanto al ajuar del dolmen de Lumbo de Valdesancho, al excavarse en 1930 se hallaron cuatro flechas talladas, una lasca o trozo de cuchillo prehistórico de sílex blanco, así como un fragmento de cuarzo cristalizado en prisma hexagonal, habiendo aparecido todo ello en el espacio comprendido bajo la piedra grabada que cubría la galería, a excepción de una de las flechas, la que poseía una talla más fina y delicada, de sílex amarillento, que se encontró en el centro de la cámara sepulcral del dolmen.
Del mismo modo, en dicha excavación se encontraron en el interior del dolmen piedras de granito talladas con desgaste como para formar una especie de pila o cuenco, con una inclinación suave, poca profundidad pero importante extensión, cuidadosamente colocados en el centro de la cámara sepulcral, área del dolmen que se mantuvo intacto a pesar de que los extremos de la cámara sí que habían sido previamente profanados para arrancar piedras de la cámara, así como parte de la galería.
En todo caso, tras varios miles de años de existencia, el dolmen de Lumbo de Valdesancho fue finalmente destruido a mediados del siglo XX, en torno a 1958, desapareciendo con él una parte de la memoria prehistórica de Lumbrales y el Abadengo, quedando de este dolmen el recuerdo de algunas fotografías realizadas durante la excavación arqueológica del verano de 1930, que nos permiten recordar cómo era la parte conservada de dicho dolmen, que hoy forma parte de nuestra historia (o prehistoria) perdida.

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