Los asistentes dedicaron una larga ovación en pie a los intérpretes de la compañía
Hay algo que los espectadores quizá no piensen mientras disfrutan de una representación: el lugar donde se desarrolla también está actuando.
En la iglesia de Santa Cruz de Añover de Tormes, un pueblo de menos de cien habitantes, 'Juan, el espíritu del amor' de Denis Rafter encontró un escenario muy diferente al de un teatro convencional. La representación forma parte de la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con motivo del Año Jubilar de San Juan de la Cruz y cuenta con la colaboración del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Salamanca.
Nada más comenzar la música, se percibe.
Una iglesia tiene otra acústica. Las voces se expanden de una manera diferente, los instrumentos encuentran resonancias inesperadas y hasta un verso parece decirse de otra forma.
Los actores no solo tienen que interpretar. También tienen que escuchar el espacio. Porque las paredes responden.
Una nota puede prolongarse. Una voz puede alcanzar lugares alejados del escenario. Y un silencio, que en un teatro puede parecer simplemente una pausa, adquiere dentro de una iglesia una intensidad especial.
Eso encaja especialmente bien con una obra sobre San Juan de la Cruz. Su poesía necesita ser escuchada con calma. No es una palabra que pase rápidamente por delante del espectador. Algunas frases necesitan quedarse en el aire.
En Añover de Tormes, la música, la interpretación y los versos fueron llenando Santa Cruz hasta convertirla durante unas horas en un espacio escénico diferente. Los cinco intérpretes recibieron la atención del público que llenó la iglesia y, al finalizar, el reconocimiento de una cálida y larga ovación todos en pie.
Pero hubo un protagonista más. El propio templo.
Porque una de las cosas hermosas de esta gira es que cada pueblo ofrece un escenario que no puede repetirse. La compañía llega con su obra, sus instrumentos y su equipo, pero después tiene que adaptarse a la personalidad de cada iglesia.
Y cada iglesia tiene una personalidad sonora.
Quizá por eso, cuando termine esta larga gira, no habrá dos representaciones exactamente iguales. San Juan de la Cruz será el mismo, la historia será la misma y los artistas serán los mismos. Pero cambiarán las paredes, la altura, la piedra, la acústica y el público.
Cambiará el espacio. Y con él cambiará también la manera de escuchar.
En Añover de Tormes quedó demostrado que una iglesia no es solamente un lugar donde colocar un escenario.
A veces, es el escenario quien tiene que aprender a escuchar a la iglesia.