El grupo salmantino se sirve del contraste y la risa para celebrar y reivindicar el mensaje de plena actualidad de la Escuela de Salamanca
En el emblemático escenario de nuestro Patio Chico, los grupos teatrales siguen ofreciendo su particular lectura de “La Escuela de Salamanca” en una de las propuestas más fructíferas del Ayuntamiento, decidido a sumarse a la celebración de las ideas, plenas de modernidad y absolutamente actuales, de los pensadores que cambiaron el mundo desde las aulas salmantinas. Un objetivo que el grupo Komo Teatro ha querido enfocar desde la celebración, la reivindicación y el humor. El texto original de este estreno absoluto, escrito por Félix Nieto Ballestero, codirector de Komo, incide en el hecho de que las ideas de Francisco de Vitoria y sus gentes puede leerse en la dolorosa actualidad en la que vivimos, así como la necesidad de recordar que dichas ideas fueron un revulsivo que tenemos que celebrar y sentir precursoras de los cambios futuros en la mentalidad moderna. Sin Francisco Vitoria, Juan de Mariana, Domingo de Soto, Martín de Alpilzueta, Luis de Molina, Antonio Nebrija, Francisco de Salinas, Santa Teresa de Jesús, Antonio Nebrija Andrés Laguna, Ramírez Lucena y otros pensadores no entenderíamos esa mentalidad. Y aunque no se reconozca, su influencia es clave en acontecimientos como la Revolución Francesa, pensadores de la talla de Adam Smith, Isaac Newton, Galileo, o la creación de la ONU.
¿Y cómo mostrarlo al público en una calurosa tarde de verano plena aún de vacaciones? A través del humor y del contraste. Tras una introducción histórica en la que se recrea el viaje de Colón y el interés de la reina católica por las gentes de ultramar, la acción teatral se centra en el contraste entre una “influencer” que cree estar en el Mercado Renacentista, dos pobres de solemnidad que representan la hambruna del XVII, Lázaro de Tormes y Juan de Peñaranda, dos estudiantes –una mujer disfrazada para poder ir a clase y un estudiante “tunante” cuyo cometido es explicar alguno de los conceptos o personajes históricos al público- y sobre todo, un personaje dominico que reúne las voces de Francisco de Vitoria, Domingo de Soto o Francisco Suárez.
Autores de las ideas que inician el futuro, los hombres de la Escuela de Salamanca sentaron las bases del derecho internacional, de los principios nuevos de la economía y el valor del dinero y sobre todo, del campo de los derechos humanos. Un aspecto en el que se centra el apasionado discurso del personaje encarnado, siempre espléndidamente por Félix Nieto, cuya voz inolvidable hace de él un actor necesario, y una llena de gracia Amalia de Prado convertida en “influencer”. Un diálogo entre la aceptación y el rechazo al diferente que no solo habla de un tiempo pasado, sino de la realidad más dolorosa, la de la aceptación del derecho del otro. Lleno de reflexiones actuales, el choque entre el dominico y la disparatada mujer arrastrando su perrito faldero –ese pequeño miembro del grupo que ha fascinado al público y que merece todos los aplausos- supone la actualidad más dolorosa y un ejemplo brechtiano de que en el teatro, leemos el presente y el futuro a través del pasado.
Un pasado literario, el de los pícaros de la literatura, magníficamente interpretados por Chema Requejado y Gloria González Guerras, muertos de hambre que trató de clasificar Domingo del Soto estableciendo quién podía pedir o no en las calles ¿La diferencia entre los que pueden recibir las ayudas sociales, por ejemplo? Personajes a los que se unen dos estudiantes, una mujer disfrazada de varón, Rosa Hernández y un tuno tunante, Fernando Sánchez Gómez, quien también firma la música que suena en la obra, y articula en cierto modo el discurso, introduciéndonos en una época que debemos conocer y celebrar, porque las ideas de la ilustración partieron de las aulas salmantinas.
Hay que reconocer y agradecer que todas las iniciativas y celebraciones de este año nos enseñen y recuerden el valor del cambio propiciado por la Escuela de Salamanca que recordó incluso el papa León en su visita a Madrid. Un cambio en las ideas en el que han incidido todos los grupos teatrales. Un cambio que Komo Teatro ha querido leer desde la farsa, la que tanto tiene que enseñar, como desde el desgarro. El perfil del dominico recortado en la fachada plateresca es dramático y doloroso, un dolor que se vuelve gracia en los protagonistas de la literatura picaresca, en los estudiantes salamanticenses y en el personaje de la mujer desorientada que refleja la estupidez de nuestra época así como el miedo al diferente, a perder el privilegio, a aceptar al que viene de fuera. ¿Y cómo funciona toda esta mezcla heterogénea? Pues fantásticamente, con risas, con verdades como puños, con diálogos rápidos y chispeantes que hacen más ligera toda la carga pedagógica del texto, con una actuación actoral estupenda y con ese punto especialmente “Komo”: sátira, crítica, juego, excelente interactuación de los actores y sorpresa. Eso sí, la sorpresa, una pequeña actriz muy consciente de su importancia, presumida, bien caracterizada y que, a este paso, va a pedir que le suban el caché: Nube, la deliciosa perrita de Amelia de Prado dispuesta a llevarse todos los aplausos. No os la perdáis el sábado y el domingo a las 20 horas en el inigualable marco del Patio Chico.