
El Partido Popular lleva 30 años gobernando Salamanca por deseo de la ciudadanía que les revalida mayorías suficientes, absolutas casi siempre. Lo cual no los convierte en los mejores gestores del mundo precisamente, solo que, de forma un tanto extraña para algunos, atrae al suficiente número de votantes. El tiempo demuestra cómo básicamente se limitan a ralentizarlo en demasiadas cosas. Ahora vivimos, por fortuna, un apresurado momento de progreso, aunque muchos avances existen hace décadas en otros lugares o fueron demandados o propuestos por colectivos sociales de la propia ciudad.

Ello posibilita la pervivencia incólume durante décadas de problemas, supongo banales para nuestros gobernantes. Con anterioridad he pedido cambios en los semáforos del entorno del anterior y el ahora gran hospital charro. Rememoremos la supuesta apuesta municipal por la movilidad sostenible, y la presumida preeminencia del peatón sobre el resto de medios de transporte. Cada vez más envejecido, en especial en ese entorno. Pues los semáforos siguen siendo de pulsador, originando con frecuencia largas esperas bajo un sol cada vez más radiante. Por no hablar de su duración en muchos sitios.

Parada en la Puerta del Hospital. Pantalla inútil pues el autobús para por encima de las plantas.
Algo similar ocurre con las paradas del transporte público. La eliminación o inexistencia de arbolado maduro convierte en muy insuficiente la protección de las marquesinas. Algo sorprendente dada su creciente preocupación por el aumento del calor urbano, y muertes por olas de calor. Recordemos, entorno hospitalario. La entrada al hospital es infumable simplemente, si obviamos el cancerígeno tabaco claro. Desde luego no es un mal solo de esta zona, no hay un especial cuidado en el resto de paradas. Ni con soleados semáforos, sin bancos cerca tampoco para significativas esperas.

Acceso norte del Hospital. Con frecuencia la marquesina es ridícula para el volumen de viajeros.
Desconozco el conocimiento habitual a pie de parada o semáforo de nuestros munícipes, a veces dan sensación de no discurrir por las mismas calles vista su impavidez ante este tipo de problemas, supuestamente menores. Desde luego alegría arrasando atenuantes no les falta, desdeñando arbolado maduro vivo ahora ante los miles de árboles futuribles. Y confiemos en su subsistencia, mientras seguimos tomando el sol entre mobiliario urbano recalentado o esperando achicharrados. De las ilusorias fuentes de agua para beber mejor nos olvidamos, o ¿va en serio la última ocurrencia?.

Pasaran años antes de tener protección suficiente. El carril bici acaba en la muy soleada parada. Por cierto, la pantalla de aviso también informa a la nada.
Ya he manifestado alguna vez mi decepción por la Avenida de la Transición Española, un amplio espacio asfaltado al servicio de un tráfico renuente a usarla. Sus estrechos paseos algún lejano día gozarán de cierta umbría. No así las paradas de autobús. También mal ubicadas en el Paseo de San Vicente, alejadas de las puertas del hospital debido al diseño de las calzadas en favor del coche y con cierta pendiente. Una de ellas “topera” de un carril bici. Quizás la reacomoden en algún futuro lejano en el que sea asumible un carril bici en ese empinado paseo.

Imagino a nadie se le ocurre buscar fórmulas provisionales para atenuar este tipo de problemas, cuyo coste no debe ser elevado. Mejor seguir derrochando en evitar reconvertir el Puente de Arroyo de Santo Domingo en paso exclusivo y alternativo de trasporte público. O ahorrar en el pintado de necesarios pasos de peatones. Seguir cortando árboles cuya reposición, en algunos casos, ya veremos. Combatir olas de calor, ser verdes, demasiadas veces semeja más coletilla que realidad. Mejor seguir acomodados a las exigencias del minoritario uso del vehículo privado.

Fermín, mi padre, nos dejó el día 7. Buen serrano, con un gran don de gentes. Compañero de andanzas fotográficas los últimos años, también aparece en la foto del acceso norte junto a un árbol. Muchas gracias por todo, fue un privilegio vivir la vida contigo.
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