El club desarrolla una nueva edición de su campus de verano en las instalaciones municipales, reuniendo a diez niños de entre 8 y 14/16 años. La iniciativa prioriza el compañerismo, la empatía y la educación en valores a través de entrenamientos adaptados y actividades lúdicas cooperativas
El período estival ofrece una oportunidad idónea para que los más jóvenes continúen activos y estrechen lazos fuera del entorno escolar. Con este propósito, el Salamanca FS lleva a cabo su tradicional campus de verano, una iniciativa que este año se consolida como un espacio de referencia para la conciliación familiar y el ocio saludable en la provincia.
La actividad, que se desarrolla en las instalaciones municipales, cuenta en esta ocasión con un grupo de 10 niños inscritos. Esta cifra permite a los monitores ofrecer una atención personalizada y cercana, garantizando que cada participante se integre plenamente en la dinámica del grupo desde el primer día.
El rango de edad de los asistentes abarca desde los 8 hasta los 16 años, lo que favorece un ambiente de aprendizaje intergeneracional muy enriquecedor. Los mayores asumen un rol de protección y guía, mientras que los más pequeños encuentran referentes cercanos en sus propios compañeros de juego.
Más allá de la táctica y la técnica propias del fútbol sala, el verdadero motor de este campus reside en la educación en valores. Los responsables de la actividad insisten en que el deporte debe ser una herramienta de cohesión social y desarrollo personal.
"Es una experiencia muy bonita en la que se fomenta la participación de los niños", explica Daniel Olivares, que es uno de los dos coordinadores responsables del campus junto a Adrián García. El técnico destaca que el objetivo principal es dotarles de herramientas para la vida diaria.
"Se les da valores no solo como jugadores, sino también para convivir y conocer gente nueva", añade el coordinador. De este modo, las sesiones se convierten en un espacio de socialización donde se mitigan las diferencias y se potencia la empatía.
Para mantener la motivación y el dinamismo durante las jornadas, la programación del campus incluye una gran variedad de actividades lúdicas. Los organizadores son conscientes de que la desconexión y la diversión son fundamentales en época de vacaciones.
Los participantes disfrutan de juegos cooperativos, talleres formativos y dinámicas de grupo que complementan las sesiones en la pista. Esta diversidad de propuestas asegura que todos los niños, independientemente de su nivel deportivo, encuentren su espacio de disfrute.
El diseño de las jornadas busca evitar la monotonía y fomentar la creatividad de los jóvenes. De esta forma, el fútbol sala actúa como el hilo conductor de una experiencia mucho más amplia y enriquecedora para su tiempo libre.
El beneficio de esta iniciativa no es unidireccional, ya que el cuerpo técnico también experimenta un notable crecimiento personal. La convivencia diaria con los menores genera un vínculo de confianza mutua muy valorado por el club.
"Para los monitores también es algo muy bonito", confiesa Oli al valorar el desarrollo de las jornadas. El aprendizaje es recíproco, y la satisfacción de ver la evolución social de los niños compensa el esfuerzo organizativo.
El campus del Salamanca FS demuestra que el deporte base salmantino sigue apostando por la formación integral de la juventud, consolidando proyectos donde la persona siempre está por delante del resultado deportivo.
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