Se ha consolidado como uno de los referentes del arbitraje en el fútbol sala nacional. Tras 28 temporadas de carrera, ha alcanzado la Primera División, donde ha completado ya once campañas
El salmantino Luis Sánchez Chamorro se ha consolidado como uno de los referentes del arbitraje en el fútbol sala nacional. Tras 28 temporadas de carrera, ha alcanzado la Primera División, donde ha completado ya once campañas.
Pregunta: Para que la gente le conozca un poco más, ¿quién es Luis Sánchez Chamorro y cómo llegó al mundo del arbitraje?
Respuesta: "Soy de aquí, de Salamanca, una persona casada y con dos hijas. Llegué al arbitraje un poco por casualidad. Estudiaba en el Mateo Hernández en el año 1997, en el antiguo COU, cuando apareció un cartel de la Federación de Castilla y León que decía: '¿Quieres ver el fútbol más de cerca? Hazte árbitro'. Un grupo de amigos nos acercamos a la delegación y, a través de Marta García, que ha sido nuestra madre en el arbitraje, nos apuntamos. Han pasado 28 temporadas y aquí sigo".
P: Son muchas temporadas. ¿Cómo ha sido el proceso desde la base hasta la élite?
R: "He estado dos temporadas como aspirante, arbitrando ligas escolares y universitarias con compañeros mayores como Carlos Prieto o Pablo Flores, de quienes hemos aprendido mucho. De ahí pasé a la Primera Nacional B, actual Tercera División, durante una temporada, y después ascendí a la Primera Nacional A, actual Segunda B, donde permanecí tres años. En 2005 ascendí a la División de Plata, actual Segunda División, donde estuve once temporadas y pité nueve fases de ascenso. Finalmente, en 2015 ascendí a Primera División, donde he completado ya mi undécima temporada".
P: ¿Cuál ha sido la categoría más difícil de arbitrar?
R: "Cuanto más abajo, más difícil. La Tercera División es complicada porque te coge con poca edad y poca experiencia. Vas a lugares con mucho público, a veces no muy agradable. Cuanto más arriba subes, todo se vuelve más profesional, tanto los jugadores como los cuerpos técnicos, y es más fácil, entre comillas".
P: ¿Qué se le pasó por la cabeza en su primer partido en la máxima categoría?
R: "Fue un Lobelle Santiago-Xota Pamplona, televisado por Teledeporte. Fui con mi compañero Jorge González, con quien ascendí a la vez y con quien llevo muchos años arbitrando. La sensación fue de vértigo, porque te ves delante de jugadores profesionales a los que has visto por televisión. El partido terminó 4-4 y salió muy bien. Somos unos privilegiados porque somos quienes más cerca vemos el fútbol sala".
P: Hablando de grandes jugadores, ¿quién le ha llamado más la atención en la pista?
R: "He tenido la suerte de arbitrar a los mejores, pero en el 'top 1' está Ricardinho. La primera vez que le arbitramos fue en Burela. En la primera jugada pegó un disparo desde doce metros y no vimos ni el balón, no sabíamos si había entrado. Ha sido un jugador muy eléctrico que revolucionaba los partidos".
P: ¿Cómo se ha preparado física y mentalmente para mantener este nivel?
R: "Tengo un preparador físico, Javier, que ME prepara el trabajo. Durante la temporada entreno un mínimo de tres o cuatro días por semana. Además del aspecto físico, dedicamos mucho tiempo al estudio de las reglas de juego, a los test de vídeo y al análisis de situaciones de partido. A nivel mental, trabajamos con nuestra psicóloga, Lidia, que nos ayuda a gestionar los errores para no quedarnos anclados en ellos".
P: ¿Cuál ha sido su mejor recuerdo y el momento más complicado en una pista?
R: "El partido que recuerdo con más cariño ha sido la final de la Copa de España de esta temporada, en Jaén, que terminó 0-0 y se decidió en los penaltis. Arbitré junto a Fernando Fawell y fue el partido soñado. El más difícil fue uno de Segunda B, en Madrid, contra el Ventas Cosmos; esos cuarenta minutos se nos hicieron eternos".
P: ¿Cómo ha compaginado la élite deportiva con su trabajo como profesor?
R: "Llevo 23 años en el colegio San Luis de los Franceses, en Pozuelo (Madrid). Desde el principio me lo han puesto muy fácil. Si he tenido que salir a arbitrar entre semana, me han dado todas las facilidades. Solo tengo palabras de agradecimiento".
P: ¿Qué anécdota curiosa le ha dejado el arbitraje en todos estos años?
R: "Han pasado mil cosas, pero la más curiosa fue en Palma de Mallorca, recién implantado el videoarbitraje. Allí tienen una mascota que es un lagarto. Nada más empezar, en un saque de esquina, la mascota empezó a hacerme la señal del VAR. Me dirigí al delegado de pista y le dije: 'Bastante tenemos con los 3.000 que hay en la grada como para que el lagarto esté pidiendo videoarbitraje'".
P: ¿Cómo valora la implantación del videoarbitraje en el fútbol sala?
R: "Llevamos dos temporadas con él. Es diferente al del fútbol; aquí el entrenador puede pedirlo en cinco situaciones concretas. Para nosotros ha sido una ayuda muy grande, porque nos da una segunda oportunidad para rectificar errores. Mi experiencia está siendo muy positiva".
P: ¿Qué metas le quedan por cumplir en su carrera?
R: "Creo que he conseguido casi todo: finales de Copa de España, Copa del Rey, 'playoffs' de liga y Copa de la Reina. Tengo una espinita clavada, que es la Supercopa de España. Pero estoy más que satisfecho. Ahora, en los tres años que me quedan, el objetivo es disfrutar junto a mi compañero Jorge, con quien llevo 16 temporadas, y que nos respeten las lesiones. Tengo 45 años y ahora puedo estar tres años más, espero disfrutar".
P: Por último, ¿qué visión le deja la violencia verbal que se vive en las gradas, incluso en el deporte base?
R: "Me da mucha pena. Los protagonistas deberían ser los jugadores, pero el foco se va a las gradas porque algunos padres piensan que tienen al Messi o al Cristiano de turno. Hemos normalizado los insultos y parece que eso va en el sueldo, pero ahora hemos aplicado protocolos contra la violencia verbal. Si no hubiera árbitros, no habría competición. A los niños que quieran ser árbitros les diría que, si les gusta, lo persigan con esfuerzo y tesón. Aunque a veces seamos los malos de la película, tenemos una situación privilegiada para vivir el deporte".