Llevo, llevamos siete días escuchando noticias, viendo vídeos, siguiendo las redes sociales, leyendo artículos, oyendo opiniones y declaraciones sobre los graves acontecimientos ocurridos en la frontera ceutí con la llegada masiva de inmigrantes el 31 de julio de 2026. Una tragedia que no debería haber ocurrido.
La intensidad de la tragedia fue de tal magnitud que en menos de 24 horas asaltaron la frontera y entraron ilegalmente en Ceuta, territorio español, unas 72.000 personas. En las horas siguientes más de 70.000 de ellas ya habían vuelto a Marruecos, dejando un balance provisional de 72 muertos en el lado de Ceuta y 11 en lado marroquí. Todo un desafío humanitario, de integridad territorial y diplomático.
Parece que la tormenta ya hubiera pasado, pero, aunque no existe un dato oficial preciso, aún quedan unos 1.200 menores inmigrantes en Ceuta que colapsan los recursos de la ciudad y que mantienen una emergencia humanitaria de considerables proporciones. Los hechos son trágicos, lamentablemente y como es habitual en los últimos tiempos, la interpretación de los mismos lo han convertido en un espectáculo.
En el drama de Ceuta los relatos han tomado el relevo de los hechos. Cada uno tiene su propia historia que contar, su ideología que defender, sus cuentas que ajustar. A lo que se suma la instrumentalización política, la desinformación, las teorías de la conspiración, las extrapolaciones arriesgadas que hacemos con demasiada frecuencia y la sobreinterpretación. Pero, lo peor de todo, es utilizar a la población como escudo humano o como instrumento al servicio de determinadas estrategias geopolíticas de país o de personajes que nos atreveríamos a calificar de inhumanos.
En pocas horas, las hipótesis se convirtieron en certezas para según qué visión del asunto. Para unos, con la invasión de Ceuta Marruecos intentaría presionar a España para recuperar Ceuta y Melilla (nunca fueron de Marruecos, por tanto, no ha lugar a una recuperación) Para otros, pretendería castigar a Pedro Sánchez por su viaje a Argelia (contrincante de Marruecos en la zona) Y, para terceros, Marruecos sería la mano oculta de Donald Trump y Benjamín Netanyahu, encargada de sancionar a Madrid por su apoyo a los palestinos en Gaza y por oponerse al gasto del 5 % en defensa. Algunos pensamos que el fenómeno es complejo y que hay muchas variables intervinientes, entre ellas la emigración.
Estamos ante una tragedia que requiere una mirada serena, sosegada, ahondando en el conocimiento y en las razones o sinrazones del por qué, para que no vuelva a ocurrir. Razones o estímulos que confiemos en que las investigaciones puestas en marcha aclaren y conozcamos en su plenitud. Por ahora nada es concluyente, pero atendiendo a lo que ya sabemos del devenir histórico, lo que nos cuentan las autoridades, los medios de comunicación, los testimonios de los marroquíes llegados, las conversaciones con la comunidad marroquí en España y el conocimiento directo de haber vivido durante más de un año en Melilla (ciudad autónoma hermana de Ceuta) nos atrevemos a hacer y a sintetizar nuestro propio análisis sosegado del suceso.
Cabe pensar que las alambradas españolas en el norte de África (ante las que este servidor se encontró en más de una ocasión) separan Europa de una serie de problemas sociales, migratorios, religiosos, económicos y geopolíticos. Ante los cuales los sucesos de Ceuta son un episodio más. Pero solo yendo al fondo de la cuestión podremos entender cómo hemos llegado hasta aquí.
Las premisas hemos de buscarlas en tiempos lejanos y su evolución en la desigual de los pueblos junto a sus gobernantes. Allá en el siglo IV, en época del imperio romano y por una reforma del emperador Diocleciano, el territorio de lo que más tarde se conocería como Ceuta dependía de la Diócesis de Hispania y la ciudad pasó a formar parte de la llamada “Hispania Transfretana”. Durante la época de las invasiones, Ceuta permanecería en la órbita romano-bizantina hasta el 711 en que pasó a ser bereber, con el nombre de Medyekesa y gobernada por la familia de los Banu Isam. En el 931 y bajo el califato omeya de Córdoba con Abderramán III, Ceuta pasó a ser gobernada por el gobernador de Algeciras, con lo cual, la ciudad volvió a ser dependiente de la península Ibérica. En 1415 una expedición portuguesa arrebató Ceuta a los benimerines. En 1578 Felipe II, rey de España, heredó el Reino de Portugal, y con este los dominios portugueses del norte África, entre ellos Ceuta, por lo que, para algunos historiadores, desde esa fecha Ceuta pertenece a España. Llegada la separación de los reinos de España y de Portugal en 1640 Ceuta, con mucha población española, mantuvo su fidelidad al rey español Felipe IV, quien le otorgará el título de Fidelísima. Así, el 5 de febrero de 1641, don Juan Fernández de Córdoba era nombrado gobernador de Ceuta. Felipe IV, por Real Cédula del 30 de abril de 1656, otorgó a los ceutíes la condición de naturales de Castilla. A partir de ahí, Ceuta siempre ha estado ligada a España y la historia de España a Ceuta. Por el Tratado de Paz entre España y Portugal concluido en Lisboa el 13 de febrero de 1668, Ceuta quedaba incorporada oficial y definitivamente a la Corona Española, sin perjuicio de que, geográficamente, se encuentre en el continente africano.
Por lo que a la relación de Ceuta con Marruecos se refiere, la región fue conquistada por los musulmanes a principios del siglo VIII y gobernada por diferentes dinastías hasta que en 1667 llegara la dinastía alauí, ininterrumpida hasta nuestros días en su forma jurídica formal, aunque con distintas formas de gobierno sobre el territorio. No obstante, cabe recordar que desde siglo XV siempre existieron en la costa africana Plazas Fuertes portuguesas y españolas. Por el Tratado de Fez, desde 1912 Marruecos quedó administrado en forma de protectorado por Francia y España, hasta que el 2 de marzo de 1956 alcanzara la independencia y su soberanía, adoptando las estructuras institucionales y las fronteras de un Estado-nación contemporáneo. Con la independencia, el país pasó de ser técnicamente un sultanato bajo el liderazgo del sultán Mohammed V a configurarse como el Reino de Marruecos. Tras alcanzar la soberanía, el nuevo Reino alauí asumió la idea del Gran Marruecos, cuyo ideólogo fue en 1943 el teórico del islam, político y fundador del Partido Isqiqlal o Partido de la Independencia, Allal El Fasi. El mapa que dibuja el Gran Marruecos incluye el Estado actual con su capital en Rabat, el Sáhara Occidental, Mauritania completa, las zonas occidentales de Argelia, el norte de Mali y las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, así como las plazas de soberanía española en el norte de África: isla de Perejil, Vélez de la Gomera, Alhucemas y Chafarinas. A partir de ahí, Marruecos va aprovechando toda oportunidad para ir ocupando territorios a costa de sus vecinos. Desde esa idea y en ese contexto aparece en 1975 la Marcha Verde para invadir y controlar el Sáhara bajo administración española pendiente de su autodeterminación según mandato de Naciones Unidas, la ocupación de la isla de Perejil en 2002 y la reciente invasión de Ceuta, violando la soberanía española y la frontera sur de Europa.
Marruecos ha demostrado a lo largo de sus 70 años como país soberano e independiente que es un vecino difícil, incómodo, no fiable, ante el que no da resultado la flexibilidad y la apacibilidad de España. Cada cesión española ante un ataque marroquí es el punto de partida para una nueva situación de peligro o inestabilidad en la zona y entorno a los intereses españoles.
Lo que sí ha puesto de manifiesto la crisis de Ceuta es la confusión y debilidad de la gestión migratoria a escala europea, la tendencia colectiva a confundir los hechos contrastados con los bulos, las hipótesis plausibles y las interpretaciones ideológicas superficiales, el poder tóxico de las redes sociales, o el ser utilizada como una acción de la maquinaria electoral puesta en marcha por Donald Trump de cara a las elecciones de noviembre de 2026, en la que algunos discursos la han utilizado para ilustrar la “invasión migratoria” a Estados Unidos si se produjera una victoria de los demócrata. El eje del Gran Israel, el Gran Marruecos y el Make America Great Again (Haz a Estados Unidos grande otra vez) con sus respectivos mandatarios, está haciendo camino. Confiemos en que prevalezca la cordura.
Les dejo con Conchita - Invasiones:
https://www.youtube.com/watch?v=-xUEsF7AKyU&t=1s
© Francisco Aguadero Fernández, 8 de agosto de 2026
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