La compra del ático de Chamberí realizada por la Comunidad de Madrid por medio de la empresa pública Planifica Madrid hace unos meses y que se ha mantenido en el más absoluto secreto, es otro indicio relevante sobre el comportamiento político de la presidenta madrileña Ayuso. Otro caso más de presunta corrupción política y económica de un personaje político siniestro que demuestra sistemáticamente que su llegada al poder ha sido exclusivamente para beneficiarse de las prebendas que éste ofrece, no para trabajar por el interés general de los ciudadanos madrileños y de la mejora de sus condiciones de vida.
Pero todos sabemos qué destino tuvieron quienes denunciaron el primer gran caso de presunta corrupción de Ayuso. Pablo Casado, entonces líder del PP, cuando se percató de las prácticas presuntamente mafiosas del entorno familiar de Ayuso, llegó a decir que en el momento en que más gente estaba muriendo diariamente por el COVID, alguien del entorno de Ayuso se estaba enriqueciendo escandalosamente con la venta de mascarillas. Indudablemente, Ayuso tenía el apoyo de todos esos “personajes de atrás” que mueven los hilos en el PP y que han manejado a Ayuso como a un guiñol, consiguiendo que Pablo Casado y su entorno tuvieran que abandonar el PP para dar paso poco tiempo después al actual líder de la formación, Feijóo; un personaje oscuro, con experiencia política, que siempre se ha manejado muy bien en la ideología de la “zorrería política” y que tan excelentemente aprendió de otro personaje oscuro donde los haya, como M. Rajoy. Un personaje, Feijóo, que se ajusta como un guante a las pretensiones que quienes mueven los hilos del PP, porque saben que éste nunca se atreverá a destapar las presuntas corruptelas del guiñol Ayuso; sabe que si lo hiciere firmaría su sentencia de muerte política y lo que le interesa al político gallego es llegar al poder, cueste lo que cueste, sin importarle quién lo apoye, ya sea la extrema derecha de VOX o la derecha y extrema derecha independentista catalana o bien intoxicando la realidad y manipulando la información con el fin de culpar al adversario, en este caso al Gobierno y ocultar las miserias de su partido (Dana de Valencia, incendios, pactos con VOX o presuntas corruptelas de Mazón, Ayuso, entre otras).
El comportamiento, tanto de Ayuso como de su gobierno, el de la empresa pública Planifica Madrid y el del PP madrileño y nacional, ha sido vergonzoso y esperpéntico. Ayuso dijo, en primer lugar, que era un espacio de oficinas y temporal, adquirido para reuniones del Consejo de Gobierno debido a que iban a realizar obras en la sede oficial de la Comunidad de Madrid; pero se descubrió que era un burdo montaje, puesto que la zona donde se encuentra el ático es de uso residencial y, en consecuencia, no se puede utilizar como sede de oficinas. Posteriormente, Ayuso declaró que nada tenía que ver ella con la adquisición del ático –reconociendo implícitamente que era lugar para vivir y no para trabajar- y que el competente para este tipo de actuaciones era el consejero de la presidencia. Después se ha sabido que la Comunidad de Madrid, por medio de la empresa pública referida, ponía a la venta el ático de la discordia y que el montante de la operación de venta (6,7 millones de euros) se iba a destinar a indemnizar a los perjudicados por los incendios que han asolado la Comunidad de Madrid en el mes de julio.
De esta forma, quieren trasladar a la ciudadanía un falso mensaje de solidaridad con los afectados, cuando la realidad es bien diferente. Todos sabemos que con el dinero público no se pueden realizar estas excentricidades y debe estar sometido a los controles e intervenciones oportunas y destinado a satisfacer los servicios públicos y el interés general. Este tipo de operaciones, aparte del oscurantismo que las preside, son la manifestación más evidente de un caciquismo decimonónico que creíamos olvidado en un Estado Social y Democrático de Derecho como es el nuestro. Destinar esas astronómicas cantidades para satisfacer el ego voraz de una mandataria pública, debe ser condenable, no sólo éticamente, sino también penalmente.
Este tipo de conductas son presuntamente delictivas, desde la resolución administrativa en la que se decide la compra, una resolución arbitraria a sabiendas de su injusticia (prevaricación), pasando por la administración desleal, por el perjuicio económico provocado, no estando previsto en los presupuestos de la entidad o la malversación, por el posible uso privado de bienes públicos. Comprar un ático no parece que sea para destinarlo a colegio para la educación pública, a centro de salud, para sanidad o a dependencias policiales o judiciales. Parece una broma lo que estoy diciendo, pero la verdad es que la situación es patética e indigna.
Ayuso, en una de las comparecencias públicas en las que no ha dado ningún tipo de explicación sobre este esperpento, llegó a decir algo así como que habría sido poco inteligente comprar un ático para uso privado. El subconsciente la traiciona porque en más de una ocasión ha llegado a decir en el Parlamento regional que “no vive en un ático, aunque le gustaría mucho”. La realidad es que todas estas actuaciones que estamos conociendo del gobierno madrileño sí que constituyen un verdadero insulto a la inteligencia. Ayuso, que tantas veces acusa al gobierno de Pedro Sánchez de dictadura bolivariana, de comunismo trasnochado o de república bananera, se tiene que comer sus propias palabras, porque con su actuación política estamos regresando a las épocas más ominosas de las monarquías absolutas, actualizadas hoy día con las políticas de Trump o MIlei, verdaderos maestros e ideólogos de la mandataria madrileña.
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