Lo primero decir que hay muchas misiones y con buenos resultados tanto para los voluntarios como para las personas autóctonas que nos reciben.
Yo `puedo hablar de las que realizamos desde la Fundación Mil Caminos Santiago Uno en Marruecos, desde hace más de veinte años. También admiro las realizadas desde Ítaka Escolapios.
En nuestro nuevo programa AraiMa. Arraigo, educación sociosanitaria, proveer el agua con pozos solares y animación sociocultural y deportiva empoderando sobretodo a las jóvenes y siendo referencia de protección a la infancia. En un país musulmán conviviendo el carisma de Calasanz.
No hay doctrina sino un empeño por el bien común. Los voluntarios vienen formados, validando sus variopintas historias de vida, como con los chicos pretendemos sacar su mejor versión, aprenden a valorar lo que tienen y no se consideran superiores.
Siempre tienen referentes profesionales dentro del equipo. Es fundamental un acompañamiento en el que se facilite el vínculo, no son objeto de mofa, ni se les juzga. Se facilita su integración con nuestros chicos de protección, con los árabes y con el equipo de profesionales.
Los problemas y los éxitos se trabajan en asambleas donde ellos participan. Cuando lo necesitan tienen un acompañamiento terapeútico más especializado e individualizado.
Se cuenta con ellos para que se sientan útiles y se les da autonomía una vez somos conscientes de sus capacidades.
Siempre valoran un punto de inflexión en sus vidas, en sus vocaciones y en sus creencias. Es una inmersión intercultural y una montaña rusa de emociones que los lanza sobre el espejo.
No es turismo barato, es otra forma de conectar con otras religiones, con otras clases sociales que sigue habiendo, con una evidencia de la desigualdad que no deja indiferente a nadie y espolea la coherencia personal con los ideales y las creencias de las que nos sentimos satisfechos. Se fomenta la humildad y el desprendimiento de las súperseguridades de algunas conciencias. Proclamar Dioses sin comulgar con los más necesitados, con los desamparados, con los niños pobres de Calasanz, con los que viven en las calles bajo las bombas , el hambre y los abusos. Esas proclamas suenan huecas hasta que esa niña te sonríe desde su infancia robada y el afán de recuperarla, de dejarse la vida estudiando, trabajando con una autoestima a prueba de hiyad y no tando a prueba de abandono.
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