, 02 de agosto de 2026
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FOTOS | La iglesia de Palencia de Negrilla, la catedral de la Armuña
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REPORTAJE

FOTOS | La iglesia de Palencia de Negrilla, la catedral de la Armuña

Publicado 02/08/2026 19:49

La profesora de historia y experta en folclore Mary Villanueva nos acerca a uno de los templos más sorprendentes de nuestra provincia

Tiene el verano quietud de cosecha, calor sobre el espigadero y carretera que se extiende por este lugar de cielos infinitos cuyo nombre significa “vergel”. La Armuña y su treintena de pueblos son un descubrimiento para el viajero que llega al templo impresionante de Palencia de Negrilla, un pueblo sumido en la labor del verano, de hermosas casas de ladrillo y piedra que recorremos junto a Mary Villanueva, quien nos habla de repobladores palentinos, de tierras de realengo, de esas tres leguas que separan su querido pueblo de Salamanca.

Palencia de Negrilla se repobló en el siglo XI y fue en el XII cuando levantó la iglesia románica de la que quedan las jambas, una puerta ojival en la fachada norte, los muros de la casa del cillero y columnas que han sido reutilizadas. Destacan entre sus piedras los ladrillos mudéjares y las diversas ampliaciones, como la que se realizó en el XVI de la mano, se supone, de los hacedores de la catedral de Salamanca, los Gil de Hontañón de los que queda la puerta plateresca, sus motivos vegetales… Puerta principal del templo, que luce reforma reciente y nos sorprende con un remedo de astronauta y una pájara que nos remite al bordado tradicional que, insiste Mary Villanueva, no es solo propio de la sierra y que representa a la mujer. Experta en folclore y licenciada en historia, Villanueva disfruta recorriendo la iglesia de su pueblo, pasión y devoción en uno de los más hermosos templos de la provincia salmantina rica en patrimonio, lo que, en ocasiones, lejos de ser una ventaja, es un inconveniente. Hay mucho por hacer y trabajar a pesar de todos los desvelos, que no son pocos.

Pero ya estamos en el interior de la iglesia, que gracias a sus arcos, puede verse desde todos los puntos con igual esplendor al constar de una sola nave. Y qué esplendor, los pequeños retablos no distraen la visión de un altar bajo el artesonado mudéjar del XVI. Retablos barrocos dedicados a la Virgen o a Santa Catalina que nos recuerdan su labor ornamental y docente. Eran de madera y tela hasta que en el XVIII se prefirió la piedra, pensados cuidadosamente y pagados por la parroquia a través de una parte del diezmo. El impresionante retablo de Palencia de Negrilla parece ser de Antonio Gallego y Juan de Montejo, nombres de la escuela de Berruguete cuya influencia se deja sentir en esta impresionante pieza concluida en 1559 que bien merece una visita. Dedicado a la Exaltación de la Santa Cruz, representa en sus pinturas dos historias diferentes, el hallazgo de la Cruz por parte de Santa Elena y la leyenda del emperador Heraclio I. Como en las pinturas de los retablos más pequeños, hay que detenerse en los detalles, en el uso del color, en las piezas más sobresalientes en las que el pintor se recrea en los rostros, los cuerpos y el efecto narrativo. Los fondos de las pinturas, casi flamencos, poco tienen que ver con el paisaje que nos circunda, pero merecen atención como los relieves de la parte inferior, que nos remiten, sobre todo en la visión de los padres de la iglesia y de los evangelistas, a la obra de Berruguete en su templo palentino de Paredes de Nava donde oficia su arte nuestra querida Rosana Largo.

El retablo, con sus angelotes, sus columnas, su orden, sus hornacinas, es de una riqueza deslumbrante en la que se mezclan el gótico, el flamenco y el italiano. Destacan en el las tallas, las tablas pintadas donde hallamos ecos de la anatomía de Miguel Ángel o la influencia del Greco. Merece una atención, repetimos, que no puede distraernos del conjunto que se culmina con un Calvario, una crestería y dos ángeles en los extremos. Ángeles y cabecitas fuertemente policromadas que anuncian el barroco mexicano al otro lado de un mar que también llevará otra de las joyas que exhibe la iglesia: un exquisito Niño Jesús de Praga que consigue que dejemos de mirar el retablo donde lucía otra pieza ahora separada, el sorprendente sagrario de madera en forma de pelícano que se abre el pecho sobre sus crías.

Son muchos los enseres que guarda este templo –el púlpito barroco, su impresionante pila bautismal de una sola pieza datada del XVI, las cruces con las que se realiza el viacrucis “a la carrera” que culmina en el pueblo vecino, Negrilla de Palencia- pero la joya de la devoción de este lugar es el Cristo de la Piedad, una talla del siglo XIII que muestra la transición del románico al gótico. De impresionante porte, extremado patetismo y a la vez, dolor contenido, parece hermanarse con el Cristo de los Milagros de Salamanca. Rodeado de dos columnas de flores y protagonista de una procesión de enorme belleza y significado para el pueblo, el Cristo de la Piedad, colocado a un lado, no distrae de la visión del impresionante retablo. En cierto modo, complementa con su sencillez, su dolor contenido, y cierra por completo la dedicación a la Cruz de todo el conjunto.

¿Cuántas veces pasa el viajero por estos lugares de iglesias sobrias en su exterior que guardan hermosos secretos? El conocimiento de nuestro patrimonio, la disponibilidad de quienes conocen muy bien lo que guardan y la visita del viajero deben hermanarse para que podamos disfrutar de una visita sorprendente. Esa visita que termina atravesando la hermosa puerta policromada, de nuevo al sol de un verano ciertamente inclemente, pero que habla de trabajo, pueblos llenos de visitantes, casas abiertas y noches de tertulia al fresco. Un tiempo para recorrer la historia de estos cuatro cuartos en los que se dividía el señorío de Salamanca, esa Salamanca plena de sorpresas y que tiene en los cielos de la Armuña, la belleza insólita de una tierra rica que recuerda su historia y guarda, cuidadosa y orgullosa, como Mary Villanueva, sus tradiciones y patrimonio.

Fotografía: Carmen Borrego