El torero salmantino completa una actuación de gran mérito y solvencia ante un lote complicado de Ana Romero y roza el triunfo en el sexto de la tarde
El diestro salmantino Ismael Martín firmó una actuación de enorme mérito y solvencia en la plaza de toros de Azpeitia, en Guipúzcoa. En el marco de la Feria de San Ignacio 2026, el joven espada hizo frente a un lote exigente y complicado de la ganadería de Ana Romero.
Con un lleno absoluto en los tendidos, el torero demostró un oficio sobresaliente y una gran capacidad resolutiva. A pesar de las dificultades que presentaron sus dos oponentes, Martín logró conectar con el público y rozó el triunfo de no haber sido por el fallo con los aceros en el último de la tarde.
El festejo contó también con la participación de Morenito de Aranda, quien paseó un trofeo del quinto de la tarde, y del venezolano Jesús Enrique Colombo, que fue ovacionado en sus dos turnos tras mostrar su habitual entrega.
El primer toro del lote de Ismael Martín, lidiado en tercer lugar, fue un astado más alto que sus hermanos que mostró complicaciones desde su salida. El animal hizo amagos de corraleado y se quedó corto en el embroque, sin terminar de pasar en las embestidas.
El salmantino tiró de recursos y técnica para tapar los múltiples defectos del astado de Ana Romero. Con firmeza, esquivó los derrotes y supo resolver con solvencia en las tablas cuando el toro le buscaba con peligro tras el embroque. Tras una estocada eficaz, saludó una afectuosa ovación desde el tercio.
El sexto de la tarde, un toro serio que cerraba la feria, permitió a Ismael Martín lucirse de salida con el capote. Posteriormente, el salmantino protagonizó el momento más vibrante de la tarde al colocar cuatro pares de banderillas, parando al toro y caminando hacia atrás al estilo de El Fandi, lo que puso a la plaza en pie.
Sin embargo, el astado llegó muy orientado a la muleta, midiendo constantemente y venciéndose hacia el cuerpo del torero. Martín planteó una faena de capacidad y viveza, imponiéndose a las dificultades con gran decisión.
El triunfo estaba prácticamente asegurado, pero la espada viajó baja, lo que le privó de cortar una oreja que ya tenía ganada con fuerza. El público reconoció su esfuerzo con una calurosa ovación de despedida.