Agosto es un maravilloso espejismo para nuestros pueblos que debemos disfrutar, antes de que con su fin muchos salmantinos tengan que implorar con nostalgia y lágrimas la frase de “agosto, no me dejes partir de mi tierra”.
La llegada del mes de agosto trae consigo, un año más, un soplo de vida para nuestros pueblos, que vuelven a llenarse con el retorno de los emigrantes salmantinos que llegan desde tierras distantes para reencontrarse con su tierra, como golondrinas que vuelven a su nido.
Y es que a día de hoy 1 de cada 3 personas nacidas en nuestra provincia vive fuera de ella, siendo cerca de 200.000 los nacidos en Salamanca que residen en otras provincias y comunidades autónomas (con Madrid como principal destino) o incluso en el extranjero, en el que viven cerca de 40.000 salmantinos en países como Francia, Alemania, Suiza o Argentina, entre otros.
Sin embargo, a pesar de la distancia a la que viven el resto del año, para muchos de nuestros emigrados ser salmantino y el sentimiento de pertenencia por sus pueblos no es algo que se apague por estar lejos, y cuando llega agosto y toman vacaciones retornan a nuestra tierra, la suya, contribuyendo con ello a hacer del mes de agosto en nuestra provincia un mes de alegría y fiesta donde nuestros pueblos vuelven a llenarse de una vida que nunca debieron perder.
El retorno estival de nuestros emigrados trae consigo además el aumento del consumo en nuestras comarcas, siendo agosto el mes en el que más se potencia nuestra economía y que contribuye de forma decisiva a que, cuando finalice el año, el balance en muchas empresas de nuestros pueblos pueda permitir seguir adelante y no tener que echar la trapa.
No obstante, no debemos olvidarnos de que para que haya servicios y negocios en nuestras comarcas, estas deben seguir contando con población residiendo en ellas todo el año, y si no fuese por los vecinos que ‘resisten’ todo el año en nuestros pueblos, no habría negocios viables en nuestras comarcas ni servicios, y se verían muy reducidas las posibilidades de acometer mejoras en nuestros pueblos, pues no hay que olvidar que el reparto de fondos en las convocatorias para los municipios se realiza en base al número de habitantes empadronados.
En todo caso, la llegada de los salmantinos emigrados en el mes de agosto supone un empujón para poder mantener el entramado socioeconómico que sostienen durante todo el año sobre sus espaldas los vecinos empadronados en nuestros pueblos, juntándose este mes vecinos y emigrados en nuestras calles para impulsar nuestra tierra común, y volver a reunir los lazos familiares y las amistades que las cuestiones laborales separaron.
Y es que el mes de agosto es especial para nuestra provincia, nuestros pueblos recuperan su vitalidad, las calles se vuelven a llenar de niños jugando, se percibe una alegría anhelada y compartida en las casas, en los bares, en las verbenas,… Un maravilloso espejismo que debemos disfrutar durante todo el mes, antes de que con el fin de agosto muchos salmantinos tengan que implorar con nostalgia y lágrimas la frase de “agosto, no me dejes partir de mi tierra”.
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