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Poder global del control humano
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Al cabo de la calle

Poder global del control humano

Publicado 01/08/2026 08:54

En los últimos tiempos el habla y la literatura se han llenado de términos y conceptos como: tecnomagnates, tecnoplutócratas, tecnoligarcas, tecnoreyes, tecnofeudalismo, tecnoligarquía, cibermillonarios y otros similares, para referirnos a la oligarquía tecnológica, formada por unos pocos tecnólogos multimillonarios que se están haciendo con el poder global, cambiando el orden mundial y construyendo otro a su medida y antojo, en el que nos manejan y nos controlan.

Algunos pensamos que ya estamos en la era de lo tecno, esa que describíamos allá por los años noventa en la “Sociedad de la Información. Vivir en el siglo XXI”. Y en la que el liberalismo, tal y como nos lo enseñaron y lo hemos conocido, ya no existe. Este se ha devorado así mismo, con sus propios excesos. Los ideales de libertad están siendo reemplazados por algoritmos diseñados y utilizados para manipularnos.

Estamos ante el peligro de que estos tecnoeconómicos estén o influyan en el poder político, hasta el punto de hacer hegemónicos sus diferentes modelos y sistemas de inteligencia artificial, homogeneizando el pensamiento y la cultura. Arrastrándonos hacia una sociedad de esclavos modernos en la que si necesitamos o queremos pan nos ofrecerán datos. Datos que son producto de nuestros propios datos, aquellos que nos pidieron o que se apropiaron de ellos sin nosotros darnos cuenta, para conocer nuestros gustos y manipular nuestros pensamientos o decisiones por medio de algoritmos que escapan de nuestro control y observación.

El interés económico siempre imperó en las sociedades. Pero hasta no hace mucho era un tanto recatado, en apariencia, y se molestaba en disimular un poco ante la sociedad. Ahora estamos a merced de intereses económicos descarados que incluso matan y se vanaglorian de ello. Actitud que conlleva cierto desprecio por el ser humano, por los más desheredaros y por las instituciones que están, o deberían estar, al servicio de los ciudadanos. Una de las consecuencias de esa actitud y proceder de los tecnomagnates, alguno de ellos totalitarios, es el claro deterioro de la democracia.

El dicho popular de que “la mejor palabra siempre es la que queda por decir” que con todas sus variantes ensalza la prudencia al hablar, en el caso que nos ocupa y en los tiempos que corren, podríamos hacerlo extensivo a que la privacidad es la mayor fuente de poder del que disponemos las personas. Y, estamos renunciando a ella entregándosela a los tecnoplutócratas. Cuanto más saben sobre ti, sobre nosotros, más vulnerables somos.

Nuestra entrega a la digitalización ha alcanzado tales niveles que, a la mayoría de los ciudadanos, ya poco les importa las advertencias sobre los peligros que puede acarrear una sobrexposición a las redes sociales, ni el por qué debemos proteger nuestra privacidad. Y, sin embargo, no protegerla conlleva que otros pueden llegar a saber más de ti que tú mismo, condicionando y orientando tus decisiones. Haciéndote así vulnerable en tú intimidad e identidad. Hemos de ser conscientes de que si no gozamos de privacidad carecemos de libertad y de democracia.

En ese sentido, la filósofa mexicana Carissa Véliz, nieta de exiliados españoles, profesora en el Instituto para la Ética de la Inteligencia Artificial y miembro del Hertford College de la Universidad de Oxford, en su gran obra sobre “Privacidad es poder” reivindica la necesidad de proteger la privacidad. Autoprotección de la privacidad que implica el hecho de pensárselo dos veces antes de compartir cualquier cosa en internet, porque esta ha dejado de ser una herramienta de libertad para convertirse en una maquinaria de control social e individual del ciudadano, de todos nosotros.

Aún estamos a tiempo de frenar esta deriva tecnológica, porque las tecnológicas dependen de nosotros, necesitan de nuestra colaboración. Si dejamos de colaborar en ese terreno puede que estemos contribuyendo a un mundo mejor. Resulta curioso, cuando no sangrante, que nosotros, los humanos, tengamos que decirle y demostrarle a un robot o algoritmo que no somos un robot, para que aquel nos de permiso de acceso a la información que él controla, muchas veces derivada de nuestros propios datos.

No hay que perder de vista que una gran parte de los modelos de negocio de estos tecnomagnates están basados en tecnologías de vigilancia, como es el caso de Meta, dueña de WhatsApp, que busca recolectar y registrar cualquier metadato (dato sobre otro dato que sirve para gestionar un archivo o recurso) para ser utilizado de manera descarada económicamente.

Idea esta de negocios basados en la explotación de la intimidad de las personas en la que profundiza la filósofa y profesora emérita de la Harvard Business School, Shoshana Zuboff, reconocida como la pensadora más influyente del campo de la tecnología que en 2019 publicara su obra “El capitalismo de la vigilancia”, donde analiza profusamente el poder que se han forjado y acumulan las empresas tecnológicas que negocian con los datos que obtienen de nuestras vidas y comportamientos, conseguidos sin nuestro consentimiento, en la mayoría de los casos.

Hablamos de unas prácticas empresariales de dudosa ética que, cuando menos y desde nuestro punto de vista, entrañan un coste humano inaceptable en la sociedad en la que vivimos.

Las dejo con la Banda Sonora - El Señor de los Anillos:

https://www.youtube.com/watch?v=0NoevtVvmIE&list=PLAuhSkXIbIX7fS4JT-oa_l0kqfvReklVO&index=13

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© Francisco Aguadero Fernández, 1 de agosto de 2026

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