La presidenta madrileña, Díaz Ayuso, ha vuelto a ser la protagonista principal de la derecha extrema y la extrema derecha española, con la información que algunos medios, como El País, El Plural y El Diario.es han publicado sobre la adquisición de un ático por parte de la Comunidad de Madrid –con el dinero público de todos los madrileños- que sólo puede tener uso residencial y que el gobierno madrileño quería vestir de inmueble destinado a oficinas para reuniones. Algo tremendamente escandaloso, que ha sido ocultado deliberadamente. Esta señora cree que los ciudadanos somos imbéciles y que su mayoría absoluta es patente de corso para acometer inversiones inmobiliarias a su antojo y para uso privado, como si la Comunidad de Madrid fuera un cortijo de su propiedad. Además, también hemos conocido que, simultáneamente a la compra del ático por parte de la Comunidad, el novio de Ayuso, González Amador, puso en venta el ático en el que vive la pareja.
Como prueba del escándalo que ha provocado la noticia de la compra del ático por parte de la Comunidad de Madrid, es que avergonzados por la noticia, Ayuso ha manifestado que la Comunidad de Madrid va a enajenar ese ático para que, con el dinero obtenido, se pueda destinar a las personas que han sufrido las consecuencias de los incendios.
Con esta decisión de la Comunidad de Madrid, se está reconociendo que la adquisición del ático ha sido un gravísimo error que, lógicamente, tendrá consecuencias, y muy negativas para el PP madrileño. Y si han rectificado es porque, en Román Paladino, “les han pillado in fraganti, con el carrito del helado”.
La personalidad de esta señora es tan peculiar, que su figura es digna de estudio psicológico y psiquiátrico. Accedió al poder en la Comunidad de Madrid, aupada por Ciudadanos y Vox, en las elecciones autonómicas de 2019 sin haber obtenido victoria electoral; pero la constitución de su gobierno sirvió para que siguieran ocultándose los gravísimos casos de corrupción de Madrid, desde tiempo inmemorial; desde aquél Tamayazo, en 2003, que sirvió para que la izquierda no accediera el poder y que se siguiera ocultando por parte de la derecha cavernaria, la mierda corrupta debajo de las alfombras del edificio de la antigua Casa de Correos, en la puerta del Sol. La causante principal de todas las corruptelas, Esperanza Aguirre, es la que mueve todos los hilos, la “Godmother”, fiel heredera de la “viaja España”, la ultra católica, la de charanga y pandereta, la caciquil y de los “Santos Inocentes”. Esa es la fatalidad y cuando el responsable madrileño no es tan moldeable por los que mueven los hilos, como lo fue Cristina Cifuentes, lo remueven todo -incluido el poder judicial- para eliminarlos de la forma más súbita y abominable.
El perfil de Ayuso es el de un personaje político siniestro, con una ambición desmedida por el poder, pero no con el objetivo de ostentarlo para trabajar por el interés general de la ciudadanía como objetivo irrenunciable, por el bien común, sino para aprovecharse de los privilegios que el poder otorgaba históricamente a los reyes, emperadores y aristócratas en las monarquías absolutas.
Aun así, es difícil que escuchemos a los líderes del PP –comenzando por su presidente Feijóo- cuestionar este comportamiento personalista, egoísta y corrupto de la señora Ayuso. La cobardía política y personal de Feijóo se lo impide, porque sabe que si lo hace, si quiere poner orden en su formación política y limpiar la corrupción en su formación política, será el próximo líder del PP que caerá, como le ocurrió a Pablo Casado.
El comportamiento caciquil de Ayuso pone de manifiesto una de las características más identificativas de aquella España muerta, hueca y carcomida, la que impide avanzar y progresar y, como diría Gerald Brenan en su gran trabajo titulado El laberinto español “España es un país trágico. Su historia es la historia de una serie de desastres que no han logrado destruírla , sino sólo endurecerla. Hay en el pueblo español una especie de fatalismo que le hace aceptar la derrota como algo inevitable”.
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