Una psicóloga salmantina, miembro del Grupo de Intervención Psicológica en Desastres y Emergencias (GRIPDE), explica cómo es esta labor tan desconocida a través del intenso dispositivo desplegado en Castilla y León para ofrecer primeros auxilios psicológicos a los afectados por los incendios forestales
El Grupo de Intervención Psicológica en Desastres y Emergencias (GRIPDE) ofrece primeros auxilios psicológicos a las víctimas y profesionales en las zonas afectadas por el fuego en Castilla y León. La psicóloga salmantina Leticia destaca la importancia de esta asistencia inmediata para prevenir secuelas traumáticas a largo plazo.
La intervención en catástrofes va más allá de la extinción de las llamas o la asistencia sanitaria de urgencia. Detrás de la primera línea de control, un equipo de profesionales trabaja de forma silenciosa para sostener el impacto emocional de quienes lo han perdido todo.
El Centro Coordinador de Emergencias 112 de Castilla y León activa al GRIPDE ante situaciones críticas. En los últimos incendios forestales, este colectivo ha desplegado un intenso dispositivo de asistencia que ya supera el centenar de desplazamientos en la comunidad.
La psicóloga salmantina Leticia, miembro en activo de este grupo de intervención, explica que su cometido principal no es realizar terapia convencional, sino aplicar primeros auxilios psicológicos en las primeras horas del suceso, un periodo que resulta crucial para el futuro de los afectados.
El objetivo principal de este grupo es ofrecer una atención especializada e inmediata en el propio lugar de la catástrofe. Esta ayuda no se limita únicamente a las víctimas directas, sino que se extiende a su entorno y a los propios equipos de intervención.
"Nuestra labor consiste en ofrecer atención psicológica especializada e inmediata a las personas afectadas por una emergencia o una catástrofe, pero también a sus familiares y a los propios intervinientes", detalla la psicóloga.
"Nuestra labor consiste en ofrecer atención psicológica especializada e inmediata a las personas afectadas por una emergencia o una catástrofe"
Durante el operativo, los profesionales no realizan terapia clínica, sino que se centran en la estabilización. "Cuando llegamos a un operativo no hacemos terapia psicológica. Lo que realizamos son primeros auxilios psicológicos, es decir, realizamos la evaluación del daño emocional, acompañamiento en crisis y duelo así como prevención de traumas futuros", explica la especialista.
La labor del psicólogo de emergencias abarca también la gestión de necesidades básicas y logísticas en momentos de caos. Los profesionales ayudan a localizar familiares, facilitan la obtención de medicamentos esenciales y acompañan a los afectados en situaciones extremadamente complejas.
"Muchas veces nuestra intervención también consiste en facilitar necesidades básicas, como ayudarles a tener la medicación, localizar familiares, explicar información, dar noticias de forma adecuada, acompañar en identificaciones, apoyar durante evacuaciones o simplemente permanecer al lado de alguien", añade Leticia.
El dispositivo del GRIPDE funciona de manera ininterrumpida durante las 24 horas del día, organizado en tres turnos de trabajo para cubrir todas las necesidades que surgen en el terreno. La coordinación con el resto de fuerzas de seguridad y salvamento es constante.
En los recientes incendios forestales de la provincia de Ávila, el grupo ha realizado más de un centenar de desplazamientos y ha atendido a más de 2.500 personas. Las intervenciones se han llevado a cabo en las siguientes ubicaciones: El Barraco (atención a desplazados), Candeleda (atención a desplazados), El Raso (atención a desplazados), Sotillos (atención a desplazados), La Adrada (atención a desplazados), Arenas de San Pedro (atención a desplazados), Academia de Policía (espacio de acogida), Pabellón Carlos Sastre (espacio de acogida) y Albergue Lienzo Norte (espacio de acogida).
Actualmente, el equipo se encuentra desplegado en la provincia de Zamora, concretamente en el Albergue Bermillo de Sayago, para atender a los afectados por el fuego originado en los términos de Fermoselle y Trabanca.
Todos los profesionales que integran este grupo de intervención son psicólogos de Castilla y León que se desplazan desde diferentes provincias de la comunidad: Salamanca, León, Segovia, Burgos, Palencia, Valladolid y Ávila.
El GRIPDE trabaja plenamente integrado en el operativo global de emergencias. Sus miembros colaboran estrechamente con Protección Civil, bomberos, Guardia Civil, Policía, servicios sanitarios, Cruz Roja y el voluntariado de las zonas afectadas.
La pérdida material es solo la superficie del daño que causa un incendio forestal. Los profesionales se encuentran con realidades humanas marcadas por la pérdida de recuerdos, el esfuerzo de toda una vida y, sobre todo, por la falta de respuestas inmediatas.
"Lo más duro es la incertidumbre"
"Lo más duro es la incertidumbre. Es una de las emociones que peor gestionamos de forma general pero aquí se acrecienta mucho más", reconoce Leticia. Muchos de los evacuados llegan a los albergues sin saber si sus viviendas siguen en pie o cuándo podrán regresar.
La inmediatez de los desalojos provoca que muchas personas tengan que abandonar sus hogares únicamente con lo puesto. "Detrás de cada vivienda hay historias, fotografías, recuerdos, proyectos de vida y, muchas veces, el esfuerzo de toda una familia", subraya la psicóloga.
Otro pilar fundamental de su trabajo es el soporte a los propios intervinientes. Los miembros de los equipos de rescate y extinción se enfrentan a situaciones de extrema exigencia emocional y física, por lo que necesitan un espacio de descompresión y apoyo psicológico para poder continuar con su labor.
Aunque los incendios forestales concentran gran parte de la atención en la época estival, el GRIPDE está capacitado para intervenir en cualquier escenario crítico donde exista un alto impacto emocional para la población.
La presencia de estos profesionales especializados se requiere habitualmente en las siguientes situaciones de emergencia:
"Al final, el denominador común no es el tipo de emergencia sino el impacto que genera en las personas", affirma Leticia, incidiendo en que la prioridad es siempre mitigar el sufrimiento inicial y facilitar la asimilación del suceso.
A pesar de la relevancia de su función, el trabajo de la psicología de emergencias suele ser invisible para el gran público, ya que se desarrolla en un segundo plano, alejado de los focos y de las imágenes habituales de los medios de comunicación.
"No apagamos el fuego, pero ayudamos a que las personas puedan afrontar lo que ese fuego ha dejado en sus vidas", reflexiona la profesional salmantina. No obstante, destaca que la visibilidad del colectivo está mejorando gracias a la difusión de los perfiles oficiales del 112 y del Colegio Oficial de Psicología de Castilla y León (COPCyL).
Leticia insiste en que la recuperación emocional de una catástrofe es un proceso lento que no concluye cuando se extinguen las llamas o se reabren las carreteras de la zona afectada.
"Hay personas que tardarán semanas o meses en recuperarse emocionalmente, y por eso es importante comprender que pedir ayuda psicológica no es una señal de debilidad, sino una forma de cuidarse", concluye la psicóloga, quien anima a desterrar falsas creencias sobre el afrontamiento individual en situaciones extremas.
En momentos de crisis, las frases hechas o los intentos de calmar sin herramientas profesionales pueden resultar contraproducentes. Por ello, la presencia de personal especializado garantiza que los afectados reciban el sostén técnico y humano necesario para dar sentido a una situación donde parece que ya nada lo tiene.