Cuando oigo y leo que ETA ha sido derrotada -otros más ilusos dicen que se rindió- y contemplo acontecimientos como los sucedidos en Navarra, País Vasco y Cataluña durante la retransmisión del partido entre España y Argentina, me doy cuenta de que esas regiones sufren una grave enfermedad que se llama odio. Ahora le toca el turno a los descendientes de quienes apretaban el gatillo o ponían bombas. Se han dado cuenta que la amenaza e incluso la violencia física surten efecto. Ya no están atacando a la democracia, la están rechazando de plano. Recurren a la intimidación porque lo que buscan de verdad es imponer a los demás sus modales a base de someterles. Por ese camino nunca habrá legitimidad. No existe democracia que pueda progresar cuando la razón es sustituida por el miedo.
Hoy se califica como nacionalistas a personas con la mente atiborrada de odio, cobardía, mentira y rencor; ya no es suficiente el calificativo de radicales o independentistas, son verdaderos delincuentes que mantienen las ideas de aquel racista y antifeminista patológico que odiaba todo lo que no fuera vizcaíno. Los descendientes del iluminado Arana aprovecharon sus ideas para imponerlas a base del crimen. Cuando han comprobado que el Estado ha sido capaz de desmantelar su “sangriento ejército”, han cambiado los primitivos ideales por algo más materialista. A la sombra de tanta petición de clemencia para un rebaño de asesinos que nunca se han arrepentido de sus crímenes, han metido de soslayo -la misma táctica que usa Sánchez con los Decretos- todo un rosario de ventajas fiscales, expulsión de las Fuerzas de Seguridad y la anexión de Navarra. Este gobierno ha asaltado nuestros sentimientos y nuestra cartera para satisfacer la ambición de quienes le sostienen.
Y lo más grave es que, ante la inacción de quien ha olvidado cuál es la obligación de todo gobierno que se precie de serlo, está dando alas a los cobardes que atentan a diario contra todo español que no piense como ellos. Catalanes y vascos, estando mejor tratados que el resto de españoles, han sido capaces de atentar contra el Estado, unos con las armas, otros con golpes de Estado, pero ambos con el chantaje. No pueden quejarse del trato recibido, y lo saben, pero siguen haciéndolo porque han encontrado la mina de donde extraen todo lo que necesitan. Es decir, ellos son unos rastreros egoístas, pero el dueño de la mina no tiene perdón de Dios -mejor dicho, Dios siempre perdona, pero sus siervos nos acordamos de todos los Mandamientos- porque se olvida constantemente de lo que es la verdad, la moral, la justicia.
Mirándolo fríamente, hay que admitir que en España quien está gobernando son los independentistas y nacionalistas que odian a España, que consiguen todo lo que piden y saben que no volverán a encontrar una situación como la actual para alcanzar tantas prebendas. De ahí que, cuando el gobierno se muestra remiso a conceder alguno de sus caprichos, los radicales filo terroristas acuden a la violencia por creer que sus representantes en los Parlamentos se han dormido en los laureles.
Las agresiones estaban perfectamente calculadas: grupos no muy numerosos, con la cara tapada, utensilios para hacer daño y la táctica del cobarde (actuar con rapidez y salir corriendo). Uno de los grupos agredidos estaba formado por militares del Regimiento “América 66” que veían el partido en la localidad navarra de Berriozar. Ya se escuchan críticas a esos agredidos porque, siendo militares, no repelieron la agresión. En primer lugar, si no estoy equivocado, iban vestidos de paisano con lo cual supongo que intentarían defenderse. Da la sensación de que alguno hubiera preferido que fueran de uniforme, y a ser posible armados, para deshacerse de los agresores con una simple ráfaga. Es decir, miembros de las fuerzas armadas convertidos en otra kale borroka sangrienta. Seamos serios, aunque sea muy triste reconocerlo, si alguno de los abertzales hubiera resultado herido, aunque fuera levemente, la justicia caería inmediatamente sobre los causantes de las lesiones; mientras que existen muchas posibilidades de que esos cobardes no sean localizados y , si lo fueran, sufrirían una multa, que no pagarían. No olvidemos que para permanecer en el cargo, Bildu gobierna con Sánchez, y por cierto están “a partir un piñón”. Las notas de prensa de gobernantes que odian a España, manifestando que sienten “vergüenza ajena” por lo sucedido en Berriozar dan una idea de su verdadera ralea. Cobardes y cínicos
Ahí está la primera operación que debe llevar a cabo la derecha el día que acceda al poder : exigir el cumplimiento de las leyes. Hay que hacerlo bien desde el principio, con cabeza, pero también con todo el peso de la ley; nada de complacencia ni medias tintas con los violentos. Si las medidas no son suficientes, existen procedimientos para ilegalizar los partidos rebeldes. Por el camino actual, puede llegar el momento que ya no sea posible la marcha atrás. Es necesario recuperar competencias cedidas a los Gobiernos vasco y catalán, aplicar la verdadera y única memoria a homenajes dedicados a tanto criminal terrorista o amenazas de empecinados golpistas Es cierto que se debe esperar la rabiosa reacción de la extrema izquierda vasca y catalana cuando el Gobierno exija es estricto cumplimiento de la ley, pero, con los violentos, nunca dio resultado la tolerancia ni el diálogo.
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