Aquellos que me siguen, a los que aprovecho para dar las gracias, saben de mi fascinación por la Antigua Grecia, por eso durante este mes dedicaré mis colaboraciones a su mitología y sus poderosos mensajes que, como apunta en el título del magnífico libro de Pedro José Grande Sánchez, Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, aún nos habitan en la actualidad, Sus palabras servirán de hilo conductor.
Y para empezar que mejor que hacerlo con la gorgona Medusa (en griego “guardiana” o “protectora”) hija de Forcis, un dios marino y Gea, la diosa de la Tierra.
Medusa era una bella joven, sacerdotisa de la Diosa Atenea, que fue violada por el dios del mar Poseidón y quedó embarazada, sus hijos fueron Pegado (el caballo alado) y Crisaor (un gigante guerrero). Pero, sorprendentemente, cuando Atenea tuvo noticia de lo sucedido en el lugar sagrado destinado a su culto se desató su ira, pero paradójicamente, no castigó al dios del mar sino a su sacerdotisa. La victima victimizada, seguro que esto les suena esto.
Atenea enfurecida convirtió a Medusa en un horrible monstruo. Sus cabellos se transformaron en serpiente y su mirada petrificaba a todo aquel que osaba mirar su rostro. Perseo puso fin a sus días cortándole la cabeza. ¿Había que silenciar el pecado de un dios?
En una sociedad tan patriarcal como la de la antigua Grecia, donde las mujeres debían ser fieles y sumisas con Penélope esperando a Ulises durante largos años; como Pandora símbolo de la malsana curiosidad femenina, como Medea la peligrosa mujer extranjera y vengativa o Hera la resignada esposa ante las frecuentes infidelidades de su esposo Zeus; Medusa fue castigada para silenciarla, para que no pregonara su rebeldía contra la injusticia, por el miedo ancestral a la mujer empoderada, al rostro femenino que no se somete ni desvía la mirada.
Hoy su silenciado grito sigue vigente. Es el de las mujeres a las que se castiga por haber sido maltratadas y violadas. Según la filósofa y profesora universitaria francesa Helene Cixous en su ensayo La risa de Medusa[1]: el hombre crea a Medusa a través de su miedo al deseo por las mujeres. El lugar del héroe queda para Perseo, porque el poder es cosa de hombre, nuestra sociedad sigue siendo demasiado patriarcal y machista.
Pero Medusa ha adquirido para el feminismo actual un nuevo significado, un poderoso símbolo de resistencia que no busca venganza sino igualdad de derechos como pone de manifiesto el movimiento el #MeToo. El delito de un dios que queda impune, personificado en ella, se ha transformado en un emblema de resistencia.
Deberían hacer esculturas y pintar cuadros en los que Medusa tuviera en sus manos la cabeza de Poseidón y no Perseo la de la joven sacerdotisa violada, como lamentablemente abundan en el arte.
Porque, con señala Grande Sánchez, Medusa es también una advertencia: quien mirar con sus propios ojos el poder femenino corre el riesgo de enfrentarse con una verdad que paraliza. Medusa encarna una doble operación del patriarcado, castigar a la mujer por ser víctima (la violación), y luego la convierte en un símbolo de peligro (la mirada petrifica). Desmontar el patriarcado no es sólo cosa de mujeres.
[1] https://www.catedra.com/libro/feminismos/la-risa-de-la-medusa-helene-cixous-9788437649269/
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