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La gran dama del "western"
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TANTOS LIBROS POR LEER

La gran dama del "western"

Publicado 24/07/2026 08:18

Dentro del ciclo en el que en este mes de julio les estoy presentando libros representativos de la literatura norteamericana, con motivo del cumplimiento de los doscientos cincuenta años de la Independencia de los Estados Unidos, esta semana les propongo, para celebrar, además, mi reseña número cien en este periódico, dos insuperables recopilaciones de relatos de Dorothy M. Johnson, uno de los grandes nombres del western literario: Indian Country y El árbol del ahorcado, publicadas en la ejemplar colección Frontera de la editorial Valdemar.

Los títulos completos de ambos volúmenes resultan muy esclarecedores. Indian Country lleva por subtítulo Un hombre llamado Caballo, El hombre que mató a Liberty Valance y otras historias del Far West, subrayando desde la portada la estrecha relación de Johnson con el cine, pues los dos cuentos mencionados dieron origen a dos clásicos del western. El segundo libro, El árbol del ahorcado y otros relatos de la Frontera, insiste en esa vinculación cinematográfica, ya que el relato que le da nombre inspiró la película homónima de Delmer Daves, e introduce además el concepto de la Frontera, indispensable para comprender las dimensiones épicas, líricas y legendarias del género.

Los once relatos del primer volumen y los nueve del segundo, junto con la novela corta que le da título, reúnen lo esencial de la producción cuentística de Johnson y permiten adentrarse en el universo de una escritora excepcional, una gozosa tarea a la que contribuyen decisivamente los excelentes prólogos de Alfredo Lara, director de la colección Frontera, que ofrecen valiosas reflexiones sobre la literatura del Oeste, su traslación al cine y, sobre todo, la figura de la autora.

Nacida en Iowa en 1905, el traslado de su familia la llevó desde niña a distintas localidades de Montana, escenario de la mayor parte de sus narraciones. Graduada en la principal universidad del estado, trabajó primero durante quince años en Washington y Nueva York en tareas editoriales y regresó después a Montana, donde ejerció la docencia desde 1954 hasta su muerte, treinta años más tarde. Autora de biografías, ensayos y novelas, publicó artículos y cuentos en numerosas revistas, aunque fueron estos últimos los que la situaron en un lugar de honor dentro del western y le valieron los principales premios del género. La Asociación de Escritores de Western incluyó cuatro de sus relatos entre los cinco mejores del Oeste de todos los tiempos -El hombre que mató a Liberty Valance, Un hombre llamado Caballo, La hermana perdida y El árbol del ahorcado; el quinto es de Jack London-. Todos ellos figuran en estas ediciones de Valdemar.

El primer volumen reúne relatos escritos entre finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta. El hombre que mató a Liberty Valance es de 1949; Un hombre llamado Caballo y La frontera en llamas, de 1950; Viaje al fuerte, uno de los mejores, apareció en 1953. La mayoría giran en torno a las complejas relaciones entre blancos e indios mediante historias violentas y conmovedoras que revelan el profundo conocimiento que Johnson poseía de las costumbres y valores de numerosas tribus -sioux santees, crows, shoshones, pies negros, lakotas, cheyennes o arapahos, entre otras-, hasta el punto de que los pies negros llegaron a nombrarla miembro adoptivo de su pueblo en 1959. El segundo libro reúne cuentos publicados entre 1954 y 1957 y, aunque entre ellos aparecen también relatos que reflejan las difíciles relaciones entre colonos y pieles rojas, la mayor parte, no obstante, se refieren a otros de los “mitos” frecuentes en el "Lejano Oeste": forajidos, exploradores, salteadores de caminos, squaws, tahúres, dueños y frecuentadores de saloons, vaqueros, prostitutas, pistoleros, predicadores, sheriffs, cuatreros, buscadores de oro, familias de pioneros, borrachines, periodistas y tantos otros personajes popularizados por el cine.

Los rasgos estilísticos de Dorothy M. Johnson se reconocen en cuanto el lector se adentra en cualquiera de sus textos. Aunque suele narrar en tercera persona, introduce frecuentes cambios de perspectiva y distintas voces que combinan una mirada omnisciente, capaz de anticipar de forma enigmática el destino de los personajes, con sus reflexiones íntimas y breves explicaciones retrospectivas. A ello se une un magistral empleo de la elipsis y de lo apenas sugerido. Todo ello se desarrolla en relatos breves, sobrios y concisos, donde los hechos se presentan sin énfasis ni subrayados sentimentales.

Sus cuentos abarcan registros que van de la tragedia y la épica al humor, la melancolía, el realismo o la crueldad, sin renunciar en ocasiones a un lirismo romántico. Destaca siempre la extraordinaria verosimilitud de ambientes y personajes, fruto de un conocimiento histórico excepcional. Pero Johnson no construye figuras de cartón piedra: más que una narradora bien documentada, es una historiadora dotada de una exquisita sensibilidad literaria. Sus personajes poseen una notable profundidad psicológica, con contradicciones, deseos, culpas, fracasos e ilusiones que, sin perder su arraigo histórico, los elevan con frecuencia a la categoría de mitos universales.

Leyendo a Dorothy M. Johnson no solo comprendemos mejor un periodo decisivo en la formación de los Estados Unidos y, con él, el relato fundacional del inmenso país, sino que entramos en contacto también con algunas de las cuestiones esenciales que definen el alma humana y sus sentimientos, emociones y valores: el amor, la amistad, el respeto, la ternura, los ideales, la compasión, el deber, la dignidad, el honor, la entrega, el heroísmo y el fracaso, la nobleza, el coraje, la ética, la valentía, los principios, la fe, la confianza, la lealtad y el compromiso, la grandeza de espíritu, la aceptación del inexorable destino, la rebeldía ante sus a menudo injustos designios (ambas alternativas teñidas de tragedia).

Literatura a secas, pues, sin “apellidos”, gran literatura más allá de las limitaciones de un género en particular. Puedo decir que algunos de estos cuentos están entre los mejores y más conmovedores y humanos que he podido leer en mi vida. Es por ello por lo que les auguro largas jornadas de placer lector si se deciden a abordarlos en estas semanas de inminente y relajado descanso vacacional.

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Dorothy M. Johnson. Indian Country. Traducción de José Menéndez-Manjón. Madrid, 2011. 264 páginas. 18 euros; El árbol del ahorcado. Traducción Gonzalo Quesada. Madrid, 2013. 304 páginas. 21 euros

Alberto San Segundo - YouTube

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