El Museo de Historia de la Automoción de Salamanca (MHAS) ofrece un recorrido por la evolución del motor a través de una colección de más de 150 vehículos históricos. Entre sus piezas más destacadas se encuentran el Hispano Suiza de 1910, declarado Bien de Interés Cultural, y el monoplaza de Fórmula 1 pilotado por Fernando Alonso. El complejo fusiona la arqueología industrial del siglo XIX con la vanguardia arquitectónica en un espacio de 4.500 metros cuadrados.
El Museo de Historia de la Automoción de Salamanca (MHAS), inaugurado en 2002 por los Reyes de España, constituye un espacio de vanguardia que fusiona el patrimonio histórico industrial con la divulgación tecnológica. Ubicado en un enclave privilegiado, este centro cultural de referencia gestiona una colección de más de 150 vehículos históricos, motocicletas y miles de piezas accesorias distribuidas en un complejo de dos edificios singulares que superan los 4.500 metros cuadrados de exposición.
La muestra permanente se nutre de fondos de extraordinario valor, entre los que destaca la aportación inicial de la Familia Gómez Planche y la colección nacional de la Dirección General de Tráfico (DGT). A estas pilares se suman valiosas aportaciones de particulares, mecenas e instituciones internacionales que convierten al centro en un destino de experiencias permanente.
A través de sus salas, el visitante realiza un viaje en el tiempo que abarca desde los primeros intentos teóricos de mecanización en el siglo I a.C. hasta los prototipos del mañana. Esta propuesta expositiva, integrada en la red de museos de Castilla y León, destaca por su carácter dinámico y su constante renovación a través de muestras temporales.
El diseño del complejo plantea un diálogo directo entre el pasado industrial y la modernidad arquitectónica. La integración de sus dos inmuebles permite al visitante transitar físicamente desde la sobriedad de la arqueología industrial del siglo XIX hasta las líneas vanguardistas del nuevo milenio, creando un entorno idóneo para la divulgación.
El primer edificio, conocido como La Fábrica de Luz, es una antigua tenería de finales del siglo XIX reconvertida posteriormente en central eléctrica. Sus dos naves suman más de 1.000 metros cuadrados; la derecha alberga la recepción, oficinas, tienda y archivo, mientras que la izquierda funciona como un versátil espacio multiusos restaurado con rigor histórico.
El segundo edificio, obra del arquitecto José Elías Díez, aporta una estética innovadora al conjunto urbano. Esta construcción de nueva planta dispone de tres amplias salas de 1.150 metros cuadrados cada una, diseñadas específicamente para albergar de forma óptima la valiosa exposición permanente del museo.
Durante los trabajos de excavación para el nuevo edificio, las obras sacaron a la luz los restos de la iglesia de San Nicolás de Bari. Este templo extramuros del siglo XII fue derribado a comienzos del siglo XIX, dejando una profunda huella en la historia de la ciudad.
La investigación histórica posterior confirmó que este enclave religioso albergó además el primer instituto anatómico forense de España. La conservación y puesta en valor de estas ruinas añade una dimensión arqueológica única que enriquece la visita al subsuelo del museo.

El discurso expositivo del MHAS guía al público por los hitos de la ingeniería, mostrando cómo el ser humano resolvió el reto de la movilidad. La colección documenta de forma minuciosa la transición desde los inventos artesanales pioneros hasta la llegada de la producción masiva que transformó la sociedad contemporánea.
Entre los grandes tesoros del centro sobresale un Hispano Suiza 30/40 HP de 1910, conservado en un estado de originalidad excepcional. Este vehículo histórico ostenta el honor de ser el primero en España protegido bajo la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC).
La exposición también exhibe una réplica del célebre Triciclo Bonet de 1889, el primer automóvil con motor de explosión fabricado en territorio nacional. El recorrido histórico avanza de forma natural hacia la producción en serie, representada de manera magistral por el icónico Ford T.
El patrimonio del museo incluye piezas de alta representación institucional, como un Cadillac Fleetwood 75 de 1970 y un Mercedes-Benz 560 SEL, utilizados por los dos últimos jefes del Estado. Estas berlinas de representación contrastan con la ligereza de un Amilcar de los años 20 destinado a la competición.
La velocidad y la tecnología punta cierran el recorrido con varios monoplaza de Fórmula 1. Este vehículo de carreras fue pilotado por figuras de la talla de Fernando Alonso, Nelson Piquet Junior y Romain Grosjean.
Las tres plantas del edificio principal permiten analizar el trabajo de los fabricantes que definieron la historia del motor. La selección abarca desde firmas asociadas al máximo lujo, como Rolls Royce, Pegaso, Jaguar, BMW, MG y Mercedes-Benz, hasta marcas que lideraron la democratización del transporte.
Esta vertiente más popular está representada por modelos históricos de firmas tan conocidas como Ford, Buick, Citroen, SEAT y Fiat. Estos utilitarios reflejan la evolución de las necesidades cotidianas de la sociedad y los avances en materia de seguridad y diseño industrial.
Finalmente, el espacio reserva un lugar destacado para los apasionados de las dos ruedas con una notable colección de motocicletas. Marcas legendarias como Bultaco, Honda, Lube, Derbi, Ducati, Montesa y Norton completan este exhaustivo viaje por la evolución de la automoción.
