Las fiestas de Santiago Apóstol y Santa Ana convierten cada verano las calles en un lugar de encuentro, tradición, cultura y gastronomía. Una celebración que refuerza la identidad del pueblo y reúne a vecinos y visitantes en torno a sus raíces
Como cada 25 de julio, Zarapicos se prepara para vivir sus fiestas grandes en honor a Santiago Apóstol, patrón de la localidad, y a Santa Ana, cuya festividad se celebra al día siguiente. Ambas jornadas comienzan con la tradicional misa solemne y continúan con la procesión por las calles del municipio, uno de los actos más emotivos y esperados por vecinos y visitantes.
Durante el recorrido procesional, los vecinos acompañan las imágenes de Santiago Peregrino y la Virgen Milagrosa, muy veneradas en la localidad. También adquiere especial protagonismo Santiago Matamoros, una antigua y singular talla del siglo XVI que representa una de las advocaciones más legendarias del apóstol Santiago el Mayor, representado como un guerrero a caballo que interviene milagrosamente en favor de los ejércitos cristianos. Esta imagen actualmente, ha reemplazado a la figura de Santiago peregrino, que se encuentra actualmente lista para regresar a su iglesia, luego de pasar por un proceso de restauración en la Escuela de Arte y Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Salamanca.
Las campanas de la iglesia, las procesiones y las costumbres transmitidas de generación en generación continúan siendo el corazón de unas fiestas que representan mucho más que unos días de celebración. En una sociedad marcada por el ritmo acelerado del día a día, regresar al pueblo para compartir estos momentos supone un auténtico reencuentro con las raíces, la familia, los amigos de la infancia y los vecinos de toda la vida.
Durante esos días, Zarapicos recupera toda su vitalidad. Los niños vuelven a llenar de juegos la Plaza de la Constitución, mientras familias y grupos de amigos se reúnen para compartir comidas y meriendas en espacios tan emblemáticos como el parque El Cobijo. El pueblo se transforma en un lugar de convivencia donde la celebración se convierte también en memoria compartida.
Uno de los mayores valores de Zarapicos es su capacidad para transmitir sus tradiciones de generación en generación. Los mayores conservan recuerdos y costumbres que hoy siguen formando parte de la vida cotidiana del municipio y que encuentran en las fiestas el mejor momento para ser compartidas con los más jóvenes.
Un ejemplo de ello es la celebración de San Boal cada 20 de mayo, una tradición profundamente arraigada en la localidad. Cada año, el santo recorre las calles del pueblo acompañado por los vecinos para bendecir los campos, manteniendo vivo un vínculo histórico entre la comunidad y su entorno agrícola. En esta última edición, la jornada concluyó con una comida popular en la que se ofreció un arroz a la zamorana para todos los asistentes, reforzando el carácter participativo y comunitario de la celebración.
Entre los elementos patrimoniales más singulares que conserva la iglesia parroquial de Zarapicos destaca una bula papal del siglo XVI, expuesta en la actualidad en uno de los laterales del altar. Este valioso documento ha sido estudiado por el párroco de la localidad, don Casimiro Muñoz, canónigo archivero de la Catedral de Salamanca, quien ha puesto de relieve su relevancia histórica y religiosa.
La bula, fechada en Roma el 7 de enero de 1536 y firmada por el cardenal Francisco de Quiñones, estaba destinada a los miembros de las cofradías de la Santa Vera Cruz y de la Penitencia, instituciones que desempeñaron un papel fundamental en la religiosidad popular de la época. Su contenido concede gracias espirituales a quienes participaban en las procesiones penitenciales de Semana Santa, una práctica profundamente arraigada en la tradición castellana.
La presencia de este documento en Zarapicos constituye un testimonio excepcional del pasado religioso de la localidad y refleja su vinculación histórica con la Cofradía de la Santa Vera Cruz, una de las hermandades penitenciales más antiguas e importantes de Salamanca. La recuperación de la memoria histórica del municipio tendrá, por tanto, este año un nuevo capítulo. El Ayuntamiento trabaja para estrechar los vínculos con la hermandad que forma parte de la historia de Zarapicos, explorando la posibilidad de que algunos de sus miembros participen en actos de Semana Santa o, incluso, organizando una jornada conmemorativa en el pueblo. La iniciativa pretende rendir homenaje a una relación histórica que forma parte de la identidad local y que muchos vecinos desean mantener viva para las futuras generaciones.
Más de cinco siglos después de su emisión, la bula continúa siendo una muestra del rico patrimonio documental que conserva el municipio y del profundo arraigo de sus tradiciones religiosas.
Las celebraciones de Zarapicos no se limitan a los actos religiosos. El programa festivo ha sido diseñado para ofrecer actividades dirigidas a personas de todas las edades y fomentar la participación de toda la comunidad, desde el sábado 18 de julio, con las tradicionales competiciones de cartas que dan inicio a las fiestas.
Los más pequeños disfrutan de juegos infantiles, actividades recreativas y propuestas familiares pensadas para desarrollar la creatividad y el compañerismo. Entre las novedades destaca el taller de pintura impartido por la artista gallega Esther Casares, que regresa por segundo año consecutivo para acercar el arte y la expresión plástica a vecinos y visitantes.
El deporte también tiene su espacio mediante campeonatos y competiciones populares que promueven hábitos saludables y fortalecen la convivencia vecinal. Del mismo modo, los encuentros gastronómicos y las actividades culturales contribuyen a enriquecer una programación pensada para todos los públicos.
La música y el folclore constituyen otro de los pilares fundamentales de las fiestas. Como preparación para los días grandes, el alcalde Miguel Ángel Martín ha impulsado durante todos los sábados previos una serie de talleres de baile charro a cargo de Candi, destinados a enseñar y preservar las danzas tradicionales que históricamente han acompañado las celebraciones religiosas.
En este contexto, el alcalde destaca especialmente la implicación de personas que han contribuido durante años a mantener vivo el patrimonio cultural del municipio. «Cabe resaltar la presencia de Carmen la tamborilera y de Rosa María, que con su excepcional voz ha acompañado estas celebraciones desde hace más de dos décadas», señala.
Las noches festivas estarán amenizadas por actuaciones musicales y conciertos que llenarán de ambiente las calles del municipio, culminando el programa con la actuación de El Mora, uno de los momentos más esperados por los asistentes.
Recuperar el pasado para construir
el futuro
Junto a la celebración de las tradiciones, Zarapicos mira también hacia el futuro. Entre los proyectos impulsados por el Ayuntamiento destaca la recopilación de fotografías antiguas, documentos históricos y testimonios orales de los vecinos, una iniciativa destinada a preservar la memoria colectiva del municipio y evitar que desaparezcan historias que forman parte de su identidad.
Este trabajo pretende crear un archivo vivo de la localidad que permita a las nuevas generaciones conocer mejor sus orígenes y comprender la importancia de las costumbres que todavía hoy siguen dando sentido a la vida comunitaria.
Entre las iniciativas que reflejan el compromiso de Zarapicos con la cultura y la participación vecinal destaca también el proyecto de creación y consolidación de una biblioteca municipal. Este espacio, concebido como un lugar abierto al encuentro y al aprendizaje, cuenta ya con un importante depósito bibliográfico formado por cientos de ejemplares donados generosamente por vecinos, familias, asociaciones e instituciones que han querido contribuir al enriquecimiento cultural del municipio.
La colección reúne obras de muy diversa temática, desde literatura y narrativa hasta historia, arte, divulgación, ensayo y publicaciones de carácter local, convirtiéndose en un valioso recurso al alcance de todos los habitantes y visitantes del pueblo.
Más allá de su función como depósito de libros, la biblioteca aspira a convertirse en un punto de encuentro intergeneracional donde el conocimiento, la lectura y el intercambio de experiencias fortalezcan la vida comunitaria. Al igual que ocurre con las tradiciones, las fiestas o la recuperación de la memoria histórica, este proyecto nace del esfuerzo colectivo y de la convicción de que la cultura constituye una herramienta fundamental para construir comunidad y proyectar el futuro de Zarapicos.
Cada libro donado representa también una historia compartida y un gesto de compromiso con el pueblo, contribuyendo a crear un patrimonio cultural común que seguirá creciendo gracias a la implicación de quienes desean mantener vivo el espíritu participativo que caracteriza a Zarapicos.
En los últimos años, Zarapicos ha impulsado importantes mejoras para reforzar la calidad de vida de sus vecinos y hacer el municipio más atractivo para quienes lo visitan, con el saneamiento integral de los depósitos de agua y la restauración del bar, incorporando además una nueva cocina que mejora su funcionamiento y el servicio. Como principal reivindicación, el pueblo reclama garantizar una atención sanitaria semanal estable, evitando que durante periodos de vacaciones o bajas del personal sanitario los vecinos permanezcan hasta un mes sin asistencia médica.
Para el alcalde Miguel Ángel Martín, el reto consiste en conservar el espíritu de Zarapicos sin renunciar a nuevas iniciativas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de los vecinos y a dinamizar el municipio. Las fiestas son una muestra de ese equilibrio entre tradición y modernidad, entre la conservación del patrimonio y la construcción de nuevas oportunidades para el futuro.
Porque las fiestas patronales no son únicamente una cita anual. Son una forma de mantener vivo el vínculo entre vecinos, preservar la historia local y transmitir a las nuevas generaciones el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Cada verano, Zarapicos no solo celebra a sus patronos; celebra también la fuerza de una memoria compartida que sigue dando sentido a la vida del pueblo.
