Con una extensión de 125.000 metros cuadrados junto al río Tormes, este espacio fusiona el diseño paisajístico europeo con una gran riqueza botánica estructurada en cuatro áreas temáticas
El Parque Botánico Huerta Otea consolida su posición como uno de los pulmones verdes más destacados de la capital salmantina. Este entorno natural, inaugurado a orillas del río Tormes, fusiona la divulgación educativa con el diseño paisajístico de tradición europea.
La creación de este espacio público se remonta al 23 de septiembre de 2004, fecha en la que se realizó su inauguración oficial. El proyecto requirió una inversión total de 7.098.000 euros, un esfuerzo financiero que transformó por completo la ribera del río Tormes a su paso por la capital salmantina.
La financiación de las obras se estructuró de forma conjunta entre varias administraciones públicas. El entonces Ministerio de Medio Ambiente aportó el 70 % del presupuesto mediante Fondos FEDER a través de la sociedad estatal Aguas del Duero, mientras que el Ayuntamiento de Salamanca y la Junta de Castilla y León sufragaron el resto a partes iguales.
Ubicado en una parcela de 7,6 hectáreas, el parque se ubica en un tramo fluvial donde el agua empieza a ganar velocidad en dirección a Villamayor de la Armuña y Ledesma. Su diseño original contempló la ordenación del terreno en cuatro áreas diferenciadas para el uso y disfrute de los ciudadanos.
En el momento de su apertura, el recinto estructuró sus hectáreas a través de cuatro sectores temáticos bien definidos. El primero de ellos es el Parque de Arces, diseñado para albergar ejemplares de todas las especies de este árbol que crecen de forma espontánea en España.
La segunda zona corresponde a la Chopera, un área equipada con bancos, carteles identificativos de las especies y un sistema de luminarias en el suelo para el tránsito peatonal. A esta se suma el Paseo de la Humanización, que concentra las fuentes y el sistema de riego.

El cuarto sector engloba el parque general, dotado de senderos, plazoletas, un edificio multiusos y dos estanques de nenúfares que enriquecen la biodiversidad acuática del entorno.
El parque destaca por sus arcos florales, inspirados en los emparrados de los jardines renacentistas y barrocos del siglo XVI, así como en las rosaledas del siglo XVIII. El recorrido cuenta con una pérgola de glicinia (Wisteria sinensis) y tres paseos con rosales, bignonias, madreselvas, pasifloras y falso jazmín.
La Escuela de Arces constituye otro de los puntos de mayor interés botánico. Esta colección de árboles del género Acer, procedentes del hemisferio norte, ofrece un espectáculo visual en otoño, cuando sus hojas palmeadas tiñen el paisaje de tonos amarillos y rojos que se reflejan en el Tormes.
Asimismo, el parque alberga un invernadero climatizado inspirado en las antiguas orangeries europeas. Este espacio protege una colección de naranjos durante el invierno gracias a un sistema automatizado de temperatura y humedad conectado a la caldera de biomasa del Aula Ambiental.
El entorno fluvial de Huerta Otea permite observar de cerca la fauna de la ribera, donde conviven garzas, ánades y peces. El descenso del sol sobre el agua ofrece una de las estampas más singulares de este tramo del río Tormes.
Para quienes deseen ampliar el paseo, el sendero continúa por la vereda del río hacia los huertos urbanos. Desde allí, el camino conecta con la pasarela ciclo-peatonal que une los barrios de Tejares y Huerta Otea, en un trazado apto para recorrer con mascotas.