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El desempleo es un flagelo que destruye vidas
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El desempleo es un flagelo que destruye vidas

Publicado 16/07/2026 11:06

Nuestra foto de portada corresponde a una de las escenas de la película “The company men” (2010) que corresponde a la base pública de datos de Hollywood, en la que los que hasta ayer eran altos ejecutivos de un grupo empresarial pasan al paro y buscan nuevos puestos en los que recolocarse.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su informe más reciente (World Employment and Social Outlook 2024) sitúa la tasa de desempleo global en un 4,9% lo que representa unos 191 millones de personas desempleadas en el mundo.

El "Jobs Gap" (Brecha de empleo) nos señala que hay 402 millones de personas que quieren trabajar, pero no tienen un empleo (incluyendo a quienes han dejado de buscar o no tienen disponibilidad inmediata).

Pero mi aportación de hoy no quiere incidir en datos macroeconómicos, sino en las consecuencias sociales y muy personales (el nivel de impacto que el paro produce en las personas).

Y como siempre digo a mis lectores/as, con frecuencia encontramos en el cine historias que nos hacen reflexionar. Justamente, he vuelto a visionar el filme “The company men” (2010) que refleja la capacidad destructora de vidas que tiene el desempleo. Escrita y dirigida por John Wells, que retrata el drama que significó la “Crisis Financiera Internacional” que arrancó en septiembre de 2008 y se agudizara durante 2009 y que lamentablemente tuvo efectos en nuestro entorno europeo varios años más.

A través del relato que hace Wells, que, dicho sea de paso, hace una excelente dirección de los actores, nos hace comprender los alcances del drama que significa el desempleo. Con frecuencia escuchamos en diferentes países el discurso de líderes políticos en sus propuestas de gobierno, pero hablan de todo sin priorizar el drama humano que significa el paro. Al menos, en una escala de 1 a 10 de todo lo que nos cuentan los políticos, deberían no bajar de 9 en prioridad absoluta sobre este flagelo social y económico. Se nota cuando en lo que se dice y se promete no hay pasión ni convencimiento.

Wells centra su obra en la vida de Bobby Walker (magníficamente interpretado por Ben Affleck) que tiene un buen trabajo, una familia estupenda y un espectacular porsche en el garaje. Pero cuando menos se lo espera, también llega a su empresa la necesidad de hacer ajustes, que como siempre han sido a lo largo de esta crisis, también en su compañía utilizan la herramienta más fácil de aplicar: reducir la plantilla. Pero durante las casi dos horas de película, se producen en su empresa dos ajustes bestiales de plantilla. El segundo de ellos de unas 5.000 personas.

Este ejecutivo exitoso que es Walker termina engrosando las filas del paro y sus jefes inmediato (Tommy Lee Jones) y el CEO de la compañía (Chris Cooper), también ven peligrar sus puestos de trabajo día tras día. No pueden ayudar a Walker y tampoco pueden ayudarse a sí mismos, porque todos corren la misma suerte y terminan despedidos.

El CEO y presidente del grupo se escuda siempre en que se deben a los accionistas y su única obsesión es estar pendiente si suben o bajan ese día las acciones, para justificar los despidos masivos o intentar algún tipo de fusión estratégica que pueda salvar alguna de las empresas de la corporación.

Queda bien reflejado en el filme la deshumanización que se apoderó de las esferas de decisión económica, que en esta crisis no fueron países del tercer mundo, sino Estados Unidos y Europa. Porque dónde más golpeó la recesión fue en quiénes más tenían, por primera vez en la historia económica reciente y desde la gran depresión de los años 30 del siglo XX.

El enfoque de Wells no es el de cómo afecta el desempleo en las clases medias trabajadoras. ¡NO! Se centra en ejecutivos de 120.000 dólares año más bonus y participaciones en acciones, que llevan una vida muy desahogada, con hijos estudiando en los mejores colegios y universidades.

Me impresionó cómo hacía la sociedad norteamericana para recolocar (ayudarles) a estos ejecutivos en puestos en los que podían ganar como mucho la mitad de lo que ganaban, si es que les elegían. La propia organización les envía a empresas de servicios que se dedican a la recolocación de personal, pero cuyas imágenes son demoledoras y bien interpretadas en el filme, en cuanto a la caída de prestigio y jerarquía de la que habían gozado hasta ahora, que sienten en sus propias carnes que iban viendo cómo sus vidas se convertían en un sueño del pasado y en la pesadilla de un presente sin futuro. Refleja bien el director las caras de asombro y sorpresa, porque ninguna de ellos se cree lo que está viviendo. El efecto psicológico del desempleo es un auténtico cáncer para la dignidad humana.

Walker (Affleck) mantiene una discusión-confesión con su mujer, diciéndole que los tres meses de retribución que le dieron como indemnización (mercado muy duro el norteamericano), ya se les estaba agotando y tendrían dificultad en pagar la hipoteca. De hecho, su mujer va haciendo recortes de gastos en la casa y le dice a Affleck que deje de jugar al golf porque no pueden afrontarlo. Aunque en este punto él discute porque dice que si no se muestra con sus colegas de este deporte como lo hace habitualmente, pensarán que algo muy malo le está sucediendo. Le “grita” a su mujer diciéndole que debe guardar las apariencias. Que si no está acabado.

La exigencia del estatus cuando se tiene y en el momento que ya no se puede mantener, les traumatiza de manera tremenda. Su autoestima cae en picado. Este es el drama que refleja Wells, que también termina con el suicidio de otro de sus compañeros de empresa, que simplemente se mete en el coche en el garaje y enciende el motor.

Como dije más arriba: Wells describe el golpe que significa el desempleo a las capas sociales de más altos ingresos. No es que se desentienda de las demás, sino que automáticamente es ver cómo afecta la vida y todo lo que sucede alrededor de personas de nivel social elevado y que hasta ayer tenían todo lo que se les ocurriera tener, que lo pierden todo, pero tienen algo en común con aquellos que el desempleo les ha golpeado también en las clases medias y trabajadoras, que es el no vislumbrar un futuro. Ya no hay horizonte que conquistar en sus vidas. Esto es lo peor que muestra el filme y cuando los mayores de 45 años si los despiden no vuelven al mercado laboral y quedan estigmatizados; cuando hay parados estructurales de larga duración que si no se les forma para puestos laborales alternativos tampoco tendrán futuro alguno. En suma, cuando se pierde la esperanza en el futuro, cualquier sociedad está quebrada en el ánimo y el espíritu.

¿Comprenderán de verdad nuestros líderes políticos europeos el alcance de este flagelo, más cuando todo el mundo está preocupado por el impacto que la IA tendrá en el empleo en los próximos 2 a 3 años?

El desempleo y la precariedad laboral que es el otro flagelo social y económico demoledor, tendrán que abordarse muy en serio, con acuerdos de todos los agentes sociales y económicos, pero poniendo en primer lugar a las personas.

Thomás Jefferson (1743-1826), tercer presidente de los Estados Unidos y uno de los “Padres fundadores de la Nación” y también uno de los redactores de la Constitución de este país afirmaba “que nada es más sagrado que el inalienable derecho de libertad de los seres humanos”. Si Jefferson levantara su cabeza y viese el nivel de injustica social y desigualdad que genera el desempleo en el mundo, junto a la precariedad laboral que genera empleados pobres, volvería a afirmar la misma frase, porque en el inalienable derecho a la libertad, sin duda debe incluirse el de trabajo y salario justo

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