El Museo Art Nouveau y Art Déco - Casa Lis de Salamanca ha inaugurado una gran exposición retrospectiva dedicada a la pintora Menchu Gal, la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Pintura. La muestra reúne más de treinta obras que recorren los paisajes, bodegones, retratos e interiores de la artista guipuzcoana. Organizada junto a la fundación de la autora, la colección podrá visitarse en la capital salmantina hasta finales del próximo mes de octubre.
El Museo Art Nouveau y Art Déco - Casa Lis de Salamanca ha inaugurado este jueves, 9 de julio de 2026, la exposición retrospectiva "Menchu Gal". La cita cultural reúne más de treinta obras de esta creadora fundamental del siglo XX, cedidas para la ocasión por la Fundación Menchu Gal y que se exhibirán durante toda la temporada estival.
Al acto inaugural han asistido el alcalde de Salamanca y presidente de la Fundación Manuel Ramos Andrade, Carlos García Carbayo; el director del museo, Pedro Pérez Castro; la comisaria de la muestra, Marisa Oropesa; y el representante de la fundación de la artista, Ernesto Gutiérrez, junto a diversas autoridades y representantes de instituciones salmantinas.
La colección llega a la capital del Tormes tras cosechar un gran éxito de público en la Serrería Belga de Madrid, donde se convirtió en la muestra más visitada de este espacio desde que comenzó a funcionar como sala de exposiciones. Las piezas de la autora vasca, que forman parte de prestigiosas colecciones nacionales, se exhibirán en un entorno único.
La trayectoria de Menchu Gal (Irún, 1919-2008) representa la lucha de una mujer por conquistar su propio espacio en un panorama artístico dominado por hombres. Su obra, caracterizada por un uso vibrante y libre del color, no se enmarca en ningún estilo rígido, aunque asimiló las principales vanguardias del siglo pasado.
Menchu Gal destaca como una de las grandes pioneras del arte español contemporáneo. En 1959, marcó un hito histórico al convertirse en la primera mujer galardonada con el Primer Premio Nacional de Pintura, un reconocimiento de enorme trascendencia dadas las circunstancias sociales de la época.
"Hay que ponerse en contexto, un contexto difícil, en pleno franquismo, complicado para las mujeres", ha explicado la comisaria, Marisa Oropesa, quien ha definido a la pintora como "una mujer libre, una mujer casi anarquista en el punto de la pintura" que supo romper un "maravilloso techo de cristal" para las generaciones venideras.
A lo largo de su dilatada carrera, la artista acumuló importantes distinciones, entre las que sobresalen el Gran Premio de Acuarela en la II Bienal de Arte del Caribe (1954), el Premio al Mejor Retrato en la III Bienal Hispanoamericana de Arte de Barcelona (1955) y el Premio Biosca (1960).
La vocación de la pintora se manifestó de forma extraordinariamente temprana. Con apenas siete años recibió su primer premio en San Sebastián y, antes de cumplir los quince, se trasladó a París por consejo de su maestro Gaspar Montes, quien detectó de inmediato su talento.
En la capital francesa, asistió a las prestigiosas academias de La Chaumière y de Amédée Ozenfant, maestro del cubismo que limitaba su paleta a tres colores: negro, blanco y ocre. Allí descubrió la obra de Henri Matisse y el fauvismo, corrientes que marcarían su obsesión por el color.
Tras regresar a España con 25 años, ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, alojándose en la célebre Residencia de Señoritas dirigida por María de Maeztu, donde impartían clase figuras como María Zambrano o Maruja Mallo. Su formación se vio interrumpida por la Guerra Civil, que la obligó a exiliarse.
In 1943 regresó a Madrid y se integró en la Segunda Escuela de Vallecas de la mano de Benjamín Palencia, siendo la única mujer de un grupo que incluía a creadores como Álvaro Delgado o Redondela. Durante este periodo consolidó su amistad con los escultores Jorge Oteiza y Eduardo Chillida.
La exposición en la Casa Lis propone un viaje a través de los cuatro grandes ejes temáticos que cultivó la artista: retratos, bodegones, interiores y paisajes. En todos ellos sobresale una pincelada poco dibujada y una constante búsqueda de la luz y la emotividad.
En el ámbito de los retratos, la pintora buscaba captar la esencia y el alma de los personajes, principalmente mujeres representadas con fuerza y elegancia. La muestra incluye piezas destacadas como "M.R." (1965), el desnudo de "Piluca Martínez" (1966), "Jesús Montes Iturrioz" (1963) y el temprano "Retrato de mujer con vestido azul" (1933). "Nunca pintó a nadie que no le gustara", ha recordado Oropesa.
Los bodegones, realizados mayoritariamente durante su etapa madrileña, transitan desde el protocubismo hasta una figuración cercana a la abstracción. En ellos, Menchu Gal dota de protagonismo a objetos cotidianos mediante arabescos y una paleta pulcra. Por su parte, los interiores destacan por su delicadeza y una atmósfera de sosiego que la comisaria define como una reflexión "metafísica y filosófica sobre la ausencia y la presencia".
El paisaje constituye el gran pilar de su trayectoria. La exposición reúne sus marinas del País Vasco, vistas urbanas de Hondarribia, paisajes del Bidasoa y del valle de Baztán, así como los campos de Castilla. Estos últimos aprendió a amarlos gracias a Benjamín Palencia, superando la impresión inicial de aridez y monocromía para plasmarlos con un vigor extraordinario.
La relevancia de la pintora se refleja en la presencia de sus obras en las colecciones de las instituciones artísticas más importantes de España. Entre los centros que custodian su legado se encuentran:
El alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo, ha felicitado al director del museo y a todo su equipo por mantener a la Casa Lis como un referente cultural indiscutible tras 31 años de trayectoria, habiendo superado ya los 3.700.000 visitantes desde su apertura.
"Este edificio pone un contrapunto maravilloso al resto de nuestro patrimonio y enriquece de una forma extraordinaria la oferta cultural de la ciudad", ha subrayado el regidor, destacando la colaboración institucional y el papel del patronato, en el que participa la Universidad de Salamanca.
García Carbayo ha compartido una simpática anécdota personal, confesando su profunda admiración por la artista: "Tuve un Menchu Gal entre las manos, lo iba a comprar, y porque me venía desde el norte hacia Salamanca con el coche lleno hasta arriba, no lo pude hacer. Es una de las cosas de las que más me arrepiento en esta vida".
Por su parte, Marisa Oropesa ha concluido el acto reivindicando el papel del arte en tiempos complejos, marcados por la inestabilidad internacional. "La pintura es curativa y creo que nos hace falta a todos las artes; sin ellas seríamos mucho más mediocres y peores personas", ha reflexionado la comisaria.
Los ciudadanos y turistas que deseen disfrutar de esta retrospectiva durante los meses de verano disponen de los siguientes datos de interés: