El Claustro de los Estudios de la Clerecía destaca como una de las obras cumbres del barroco en Salamanca, diseñada por Joaquín de Churriguera y García de Quiñones
El emblemático espacio monumental salmantino ofrece un recorrido histórico y artístico a través de su imponente arquitectura del siglo XVIII. Los visitantes contemplan una de las obras barrocas más destacadas de la ciudad, que combina la monumentalidad de sus columnas con una valiosa colección de pintura italiana que narra la vida de San Ignacio de Loyola.
La construcción del Colegio de Jesuitas de la Clerecía se inició en el año 1617 bajo la dirección del arquitecto Juan Gómez de Mora, gracias a la donación del rey Felipe III y de Juan de Austria. Sin embargo, las obras de este gran complejo no concluyeron hasta mediados del siglo XVIII.
En la actualidad, el edificio presenta una distribución en forma de U con lados irregulares que se organizan de la siguiente manera en Zona noroeste: acoge la iglesia, la Sacristía transversal y el convento. El Ala sur: alberga las antiguas aulas del Colegio y el Espacio central: queda delimitado por el Aula Magna en la parte de la calle y por la Sala Capitular en la posterior.
Dentro de este conjunto monumental, el Claustro de los Estudios sobresale como una de las creaciones barrocas más perfectas del mundo. Su diseño y ejecución final se deben al refinamiento y buen gusto de los reconocidos autores García de Quiñones y Joaquín de Churriguera.

El claustro principal destaca por su enorme fuerza plástica, definida por una sucesión de gigantescas columnas que imponen un ritmo majestuoso de impulsos verticales. Este efecto se ve acentuado por la superposición de macizos machones que continúan en los pináculos de coronamiento.
En la segunda planta, los intercolumnios presentan arcos muy peraltados cuyos huecos se cierran con una pared de balcones sobremontados por claraboyas. Debido a este peraltamiento, los arcos invaden de forma singular la zona del entablamento sostenido por las columnas.
Al recorrer los pasillos de la planta principal, el visitante puede disfrutar de la serie iconográfica "Vita Ignatii". Esta colección narra la vida de San Ignacio de Loyola a través de 28 lienzos del pintor napolitano Sebastiano Conca.
Gran parte de estas pinturas del artista italiano están inspiradas en la obra de Rubens, aportando un gran valor pictórico al recorrido. Al final del itinerario, la visita culmina en la iglesia del Espíritu Santo, conocida popularmente como La Clerecía.
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