Seamos sinceros, uno de los mayores peligros que ahora mismo se ciernen sobre España viene dado por el intento de emplear la inmigración como herramienta electoral. Con toda la desfachatez del mundo -y con la triste sensación de que nadie se da por aludido-, este gobierno pretende sacarse de la manga un nuevo boquete por donde atacar nuestro sistema institucional.
El comando asesor de La Moncloa quiere apoyarse en dos pilares salidos de la factoría progresista: la Ley de la Memoria Democrática y su apéndice, la llamada Ley de los Nietos. Lo que en esencia pretende Sánchez es una fórmula para que el hecho de haber nacido aquí, trabajar aquí y cotizar aquí produzca los mismos méritos que el que no es de aquí. Es decir, ya no merece la pena ser español porque el nuevo directorio sanchista pretende quitarnos hasta la Patria.
Hagamos un poco de historia. En 2022, la Directora General de Seguridad Jurídica y Fe Pública, Sofía Puente -por pura casualidad, hermana del “bocazas” Puente- llevó al BOE las instrucciones dirigidas a los Registros Civiles sobre la concesión de nacionalidad española para “nacidos fuera de España de padres o madres, abuelos o abuelas, exiliados por razones políticas o ideológicas. Una de las disposiciones adicionales habla de la regla de “incluir los descendientes de mujeres españolas que perdieron la nacionalidad al casarse con extranjeros, antes de la entrada em vigor de la Constitución del 78, además de los hijos e hijas mayores de edad de quienes le fue concedida la nacionalidad de origen en virtud del derecho de opción” Ahora bien -para demostrar que no es menos que su hermano- Sofía Puente se acordó de que todo es bueno para el convento y explicó que se debe interpretar incluyendo «tanto los nacidos fuera de España de padres o abuelos originariamente españoles, como los nacidos fuera de España de padres o abuelos que por el exilio perdieron la nacionalidad española o renunciaron a ella». Estos últimos, desde 1880 hasta 1930.
Dicho en román paladino, de los 500.000 peticionarios que se calculaba – en encuesta cocinada en “casa Tezanos”- la cifra puede sobrepasar los 2,5 millones de nuevos posibles votantes. Esta es la herramienta que estaba esperando Sánchez del ejército de asesores que pastan en la hierba de La Moncloa ¿Alguien piensa que quien ha dado sobradas muestras de emplear la pillería para alcanzar sus propósitos, va a sentir reparos para volver a ponerlo en práctica? Si teniendo en prisión -o llamando a sus puertas- a los primeros espadas de la cuadrilla sanchista, es capaz de mantener en su cargo a personas imputadas -no sólo mantenerlos, defenderlos a capa y espada, aunque lluevan críticas de la oposición y de su propio partido- seguirá agarrándose a cualquier clavo ardiendo porque ya tiene callo de anteriores quemaduras.
Como cualquier gato escaldado, uno debe comenzar a preocuparse cuando los medios afines al gobierno han salido en tromba para asegurar que, quien hable de posible alteración del censo electoral, estará faltando a la verdad. Como siempre, la astucia de la izquierda ya está movilizada cuando la derecha aún lo está dudando. No es casualidad que, cuando Sánchez pierde una votación, pone a trabajar a su pelotón de hábiles muñidores que, pasando por encima de cualquier obstáculo -si es legal, ya vendrá alguien con la toga recién lavada pera echar agua al fuego- y conscientes de que en esta sociedad enemiga del esfuerzo nadie está dispuesto a leer cualquier texto mayor de una octavilla, llenan un montón de folios describiendo los Cerros de Úbeda y enmascarando su jugarreta en el vientre de un extenso párrafo. Están acostumbrados a que, cuando una norma gubernamental deja al descubierto sus vergüenzas, el máximo responsable de la fechoría jurará por sus muertos que se trata de un bulo, que no estaba enterado o que no conoce al que sacó tajada con ese atropello. En cualquier caso, si alguien se lo afea públicamente, ya llevará preparado el consabido: ¡Y tú, más!
El dibujo que ahora se observa en el arco parlamentario está dejando al sanchismo reducido a su mínima expresión. El enfado sobreactuado de alguno de los jugadores del “Frankenstein Club” ya le ha hecho perder partidos, pero siempre ha conseguido alegrar al resentido a base de anular el gol pitando un “fuera de juego” a la oposición. Cuanto más importante sea el partido -léase en las elecciones generales- mejor estudiada llevarán la lección, y todo hace indicar que, con la habilidad y el descaro que ha esgrimido siempre F.S, el aumento de votos nacido de esta apresurada herramienta podía servirle en bandeja lo que necesita para seguir en La Moncloa. Tanta insistencia en el pretendido control de los votos no depositados directamente en las urnas del interior de España acaba recordándonos la cantidad de veces que nos han engañado afirmando lo mismo. Hasta ahora, el número de votantes españoles residentes en el extranjero – me parece, cando menos socarrón, haber escogido el acrónimo CERA para designarlo- no solía tener demasiada repercusión a la hora de asignar escaños. Ahora está aumentando la cifra de forma exponencial. Ya sobrepasa un millón el número de solicitudes admitidas y gestionadas. También es sospechoso que, ante la fuerza del efecto de llamada, se haya optado por contratar empresas particulares para que colaboren, a destajo, en las operaciones de trámite. Por declaraciones de los afectados, todo parece indicar que no se hace una rigurosa inspección de los documentos que acreditan el derecho a solicitar la nacionalización. Sabemos que , a veces, unas decenas de votos pueden modificar la adjudicación del último escaño ¿A qué vienen tantas prisas?¿ Quién va de decidir en qué circunscripción surtirán efecto los votos, si multitud de votantes desconocen nuestras poblaciones? Más de dos millones de votos pueden rellenar urnas convenientemente disimuladas hasta que den a luz un nuevo escaño. Los posibles perjudicados, deberían poner toda la carne en el asador para asegurar la legalidad del recuento y no fiarse de quien no cejará en su empeño de convertirnos en el verso suelto de las naciones fiables.
¿Que es inmoral dudar de la integridad del gobierno a la hora del recuento de votos? También lo era cuando se insistía -¿Cuántas veces quiere que se lo diga?- en promesas que, de antemano, sabía que no cumpliría; la mayoría de ellas verdaderamente inadmisibles. Ese es el problema. Sánchez ha demostrado que, pase lo que pase, sus decisiones serán bendecidas pasando por encima de quienes deberían rechazarlas. Y la calle, ese territorio que con tanta maestría utiliza la izquierda en sus momentos difíciles, no sabe, no puede o no quiere emplearlo la derecha.
Francamente, el tema es lo suficientemente grave como para que los españoles que sigan sintiéndose como tales, agarren a ese toro por los cuernos. Pero no sólo los políticos, que también, sino todo aquel que sea consciente de la amenaza que se cierne sobre todos. Como tantas veces le oí decir a mi padre, no tengo más remedio que exclamar: No me gusta la orina del enfermo.
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