La cosecha de cereales de invierno en Salamanca sufrirá una reducción del 48,5 % respecto al año anterior, alcanzando apenas las 269.587 toneladas. La drástica bajada de la rentabilidad y el aumento de costes de producción han llevado a los agricultores a reducir la superficie sembrada y optar por alternativas como el girasol o el barbecho.
La campaña de cereales de invierno en la provincia de Salamanca se encamina hacia un cierre crítico. Según los datos facilitados por la organización agraria UPA Salamanca, la producción total se reducirá en 254.899 toneladas en comparación con el año anterior, lo que representa un desplome del 48,5 %.
Esta drástica disminución sitúa la cosecha final en 269.587,70 toneladas, frente a las 525.769,58 obtenidas en 2025. Los resultados, confirmados por las cosechadoras, las básculas y las peritaciones de Agroseguro en varios municipios, superan las peores previsiones iniciales del sector.
El retroceso de la producción se debe tanto a un rendimiento notablemente inferior por hectárea como a una importante reducción de la superficie sembrada. En concreto, Salamanca ha pasado de cultivar 123.747 hectáreas de cereal de invierno en 2025 a tan solo 98.821 hectáreas en la presente campaña de 2026.
Desde la organización profesional agraria advierten de que el año agrícola-económico es desastroso para los productores. Con los rendimientos actuales, muchos profesionales del campo salmantino no lograrán cubrir ni la mitad de sus costes de producción.
Para comprender la magnitud del retroceso, los datos reales de la PAC de 2026 detallan el comportamiento de cada uno de los cultivos de invierno en la provincia:
La pérdida de terreno del cereal no responde únicamente a las condiciones climáticas adversas durante la sementera. El factor determinante ha sido la falta de viabilidad económica que perciben los profesionales del campo.
Los agricultores salmantinos se enfrentan a una pinza insostenible: unos elevados costes de producción frente a unos precios de venta del grano excesivamente bajos, lo que desincentiva la siembra de trigo, cebada y otros cultivos tradicionales.
Ante este escenario, parte de las tierras se han destinado a cultivos alternativos. Es el caso del girasol, que ha experimentado una notable recuperación en la provincia al pasar de 18.989 hectáreas en 2025 a 26.175 hectáreas en 2026. El resto de la superficie no sembrada se ha dejado en barbecho.
El secretario general de UPA Salamanca, Carlos José Sánchez Rodríguez, ha calificado la situación actual de "desastrosa" y advierte de las graves consecuencias que este desplome tendrá para la economía del medio rural.
"Se está jugando con las cosas de comer", lamenta el representante de la organización agraria, quien compara la crisis actual con la vivida en el periodo 2006-2009. Sin embargo, apunta a una diferencia fundamental y muy preocupante respecto a aquellos años.
En la crisis de hace dos décadas, los bajos costes de producción permitían que, aunque el agricultor no ganara dinero, al menos no lo perdiera. En esta campaña de 2026, por el contrario, las pérdidas económicas directas están garantizadas para la mayoría de las explotaciones.
Los datos reales de la PAC-26 confirman además que una parte de la superficie inicialmente destinada a grano se ha tenido que desviar finalmente para forrajes, ante la inviabilidad de llevar las plantas a su ciclo completo de maduración para cosecha.