La Plaza de la Paz se abarrotaba para vivir la esperada función de Rafael Álvarez "El Brujo" en el broche de las fiestas patronales
Hay actuaciones que trascienden el teatro y pasan a formar parte de la historia de un pueblo. Eso ocurrió la pasada noche en Mancera de Abajo con la representación de “La Luz Oscura”, protagonizada por Rafael Álvarez "El Brujo", que convirtió la Plaza de la Paz en un gran escenario al aire libre para poner el broche de oro a las fiestas patronales.
Gracias al patrocinio del Área de Cultura de la Diputación de Salamanca, dentro de la programación del Año Jubilar de San Juan de la Cruz, y a la apuesta del Ayuntamiento, los vecinos pudieron disfrutar de un espectáculo difícil de imaginar hace apenas unos años en una localidad pequeña.
Y es que no todos los días un actor que llena los teatros más importantes del país y que forma parte habitual de los festivales de Mérida o Almagro actúa en un pueblo tan pequeño. Pero "El Brujo" volvió a demostrar por qué es uno de los grandes. Sin artificios, acompañado únicamente por su inmenso talento, fue capaz de conectar desde el primer instante con un público entregado.
La elección de Mancera tenía además un profundo sentido histórico. Aquí vivió San Juan de la Cruz durante aproximadamente un año tras el traslado de la primera fundación masculina de los Carmelitas Descalzos desde Duruelo. Aquí recibió también la visita de Santa Teresa de Jesús.
La representación devolvió al pueblo parte de esa memoria que sigue formando parte de su identidad.
Entre anécdotas, humor, improvisaciones y la belleza de los versos del santo, "El Brujo" logró que la espiritualidad resultara cercana y emocionante. El público alternó carcajadas con largos silencios de atención, en una de esas funciones que parecen irrepetibles.
La noche terminó con una larga ovación y con la sensación compartida de haber vivido un acontecimiento extraordinario para Mancera de Abajo. Una apuesta cultural que difícilmente olvidarán quienes llenaron la Plaza de la Paz.
Acostumbrado a llenar teatros nacionales y a recibir largas ovaciones en Mérida o Almagro, Rafael Álvarez "El Brujo" demostró en Mancera de Abajo que el teatro alcanza su máxima dimensión cuando desaparecen las distancias entre actor y público. La Plaza de la Paz fue, por una noche, el centro de la escena española.