Se empeña julio en venir a visitarnos justo cuando hace más calor.
Y es que julio se las trae.
Acabados los exámenes finales, los codos doloridos en la mesa, el cerebro funcionando a mil por hora, agotados todos los cafés y los tés que había en reserva y finiquitadas las madrugadas ante los extensos libros y los sucintos esquemas, cuando las salas de estudio de las bibliotecas quedan ahítas, y los centros educativos más vacíos que el recipiente de papel después de llevarlo a reciclar, cuando se terminan todas las esperas de las últimas agónicas notas y se inician las no deseadas despedidas, los viajes de vuelta al hogar, el reencuentro con padres y abuelos… Cuando los jóvenes no caben en casa de tanto como han acumulado durante el curso fuera…
Entonces aparece julio, tan lozano, dispuesto a ser estrenado por decenas de planes de ocio, con sus neveras llenas de refrescos, las piscinas rebosantes de cloro, los parques solitarios con sus ardientes cadenas de columpios y abrasadoras pendientes de toboganes… Los centros comerciales con el aire acondicionado que no da abasto para bajar el rojo calor de las rebajas mientras los niños chillan como si no hubiera un mañana por los pasillos y se tiran de cabeza sin trampolín a una piscina de bolas.
Julio posee el tornasol de las variadas opciones, porque también es el del libro en el tren mientras las ventanillas mueven sus paisajes, o de la lectura que pasa sus páginas en la sombra que acaricia, tumbada, la hierba. El del baño refrescante y reparador. El de las tintineantes fuentes de otros países que llenan de colorido nuestras vidas. El de la contemplación de las siluetas que dibujan las montañas y el de los detalles que nunca percibimos en las mismas ciudades que habitamos siempre.
Julio repite celebraciones, encuentros y aniversarios, ensayando sus múltiples tonos mientras juega con la luz creciente y portentosamente agobiante según van transcurriendo las mañanas, luz que se muestra despiada a mediodía, y que ensaya cada tarde románticas despedidas de la jornada, cuando el fulgurante sol se tumba agotado sobre el horizonte y comienza a soñar con un nuevo día.
Dicen que Julio es el mes de la más bella luz.
Estaremos atentos para disfrutarla.
Mercedes Sánchez
La fotografía es gentileza de José Amador Martín, a quien se la agradezco.
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