La Capilla de Nuestra Señora de la Misericordia de Salamanca ha salido de la Lista Roja tras certificarse las primeras medidas para frenar su deterioro. No obstante, los expertos advierten de la necesidad de una restauración integral para asegurar su conservación definitiva
La Capilla de Nuestra Señora de la Misericordia de Salamanca inicia una nueva etapa tras su inclusión en la Lista Verde de la asociación Hispania Nostra. Este histórico inmueble, que actualmente alberga una imprenta, abandona la categoría de riesgo tras certificarse las primeras medidas para frenar su grave deterioro.
Ubicada en la emblemática Plaza de San Cristóbal, la capilla ha permanecido durante más de doce años en la Lista Roja del patrimonio nacional. Su incorporación a este registro de peligro se produjo el 21 de febrero de 2014, iniciándose un largo periodo de incertidumbre sobre su conservación.
La situación dio un giro el pasado 25 de mayo de 2026, fecha oficial en la que Hispania Nostra decretó su paso a la Lista Verde. Este cambio reconoce los esfuerzos por preservar un edificio de propiedad privada perteneciente al Obispado de Salamanca.

A pesar de este avance, el templo arrastra las consecuencias de un prolongado uso industrial que ha mermado su estructura. El reto actual pasa por consolidar su restauración y definir un destino definitivo que respete su legado histórico.
El origen del edificio se remonta al año 1389, cuando Doña Sancha Díaz donó en su testamento una casa y un lagar. El objetivo de esta herencia era fundar un albergue u hospital destinado a la atención de romeros y peregrinos.
Durante el reinado de Felipe II, la institución asistencial desapareció debido a la reorganización hospitalaria impuesta por Real Cédula. Posteriormente, la Cofradía de Nuestra Señora de la Misericordia asumió su gestión, especializándose en la asistencia a los condenados a muerte hasta el siglo XIX.
El siglo XX trajo consigo una profunda transformación funcional. En 1916, el Obispado cedió el espacio a la Unión Ferroviaria y Obrera para actividades culturales, momento en el que se desmanteló su histórica espadaña.
Tras perder este elemento, que fue trasladado a la Iglesia Vieja de los Pizarrales, el templo se convirtió en cine parroquial hacia 1945. Finalmente, en la década de 1970, se instaló la imprenta que aún hoy ocupa el espacio.
La capilla destaca por su singularidad arquitectónica dentro del entramado urbano salmantino. El escritor Fernando Araújo describió el templo en su obra "La Reina del Tormes" (1884) como una edificación de gran valor ornamental.
Araújo detallaba que el inmueble "ofrece en su exterior una fachadita barroca, cuajada de toscas tallas, follajes, colgantes, tarjetas, conchas y líneas quebradas". En su interior, destacaba una "pobre navecilla" cubierta por un sencillo artesonado y decorada con altares barrocos.
En la actualidad, el monumento conserva portadas de los siglos XVI y XVIII. La portada barroca, situada entre contrafuertes y profusamente decorada, está atribuida al reconocido arquitecto Andrés García de Quiñones, figura clave del barroco salmantino.
El edificio goza de un reconocimiento específico dentro del planeamiento urbanístico de la ciudad. Está catalogado en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Salamanca con un nivel de protección denominado Ambiental A.
Esta categoría legal autoriza la realización de obras de restauración estructural y el mantenimiento de las fachadas. Asimismo, permite la reestructuración de las cubiertas y la conservación obligatoria de todos los elementos originales del templo.