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Luis Roso presenta en Ciudad Rodrigo su ensayo sobre la matanza de Puerto Hurraco
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CIUDAD RODRIGO | CULTURA

Luis Roso presenta en Ciudad Rodrigo su ensayo sobre la matanza de Puerto Hurraco

Sofía García
Publicado 30/06/2026 01:08

La Casa Municipal de Cultura de Ciudad Rodrigo ha acogido la presentación de 'Puerto Hurraco. El espectáculo del horror', el nuevo ensayo del escritor Luis Roso. La obra propone una reconstrucción documental de la matanza de 1990 y analiza críticamente el impacto del sensacionalismo mediático en el municipio.

La Casa Municipal de Cultura de Ciudad Rodrigo, una de sus primeras paradas, acogió este lunes la presentación de `Puerto Hurraco. El espectáculo del horror´, el nuevo ensayo del escritor extremeño Luis Roso, una obra en la que reconstruye uno de los crímenes más impactantes de la historia reciente de España al tiempo que analiza cómo el tratamiento mediático convirtió la tragedia en un fenómeno de sensacionalismo.

Roso explicó que el libro nació con una idea muy distinta. Su intención inicial era escribir una novela inspirada en los hechos, convencido de que el caso estaba suficientemente investigado. Sin embargo, conforme avanzó en la documentación descubrió que gran parte de lo publicado estaba construido sobre errores, rumores, exageraciones y relatos sin contrastar. "Pensaba que estaba todo investigado y me di cuenta de que lo que había eran capas de sensacionalismo, de mentira y de exageración unas sobre otras", afirmó.

Ese hallazgo le llevó a abandonar la ficción y convertir el proyecto en un ensayo narrativo cuyo objetivo no era únicamente explicar cómo ocurrió la matanza de Puerto Hurraco, sino también cómo se contó. "Mi trabajo no era añadir otra capa más, sino quitarlas para intentar acercarme a la verdad", resumió.

Durante la presentación, el autor puso como ejemplo la escasa rigurosidad con la que se ha abordado el caso y criticó que el foco se centrara en el sensacionalismo, en lugar de profundizar en las causas que desembocaron en la tragedia. Explicó que la matanza fue el desenlace de un largo conflicto entre dos familias del pueblo, marcado durante décadas por enfrentamientos, un homicidio y el incendio provocado de la vivienda de la familia Izquierdo en 1984, en el que falleció la madre de los futuros autores de la matanza, un crimen que nunca llegó a esclarecerse y que según la suposición de él, al cerrarse el caso sin ningún culpable fue lo que pudo llevar a este suceso. Para Roso, este contexto fue relegado a un segundo plano frente al interés por el impacto mediático. A su juicio, el caso, que dejó nueve víctimas mortales, nunca fue objeto de una investigación documental verdaderamente exhaustiva, sino que quedó envuelto en relatos sensacionalistas que terminaron estigmatizando a Puerto Hurraco con la etiqueta de la "España negra".

con la que se había tratado incluso el origen del conflicto entre las familias implicadas. Mientras distintas publicaciones fechaban el primer asesinato relacionado con la disputa en años diferentes, él localizó la información correcta en apenas unos segundos consultando la hemeroteca. Para Roso, más allá del dato concreto, ese episodio refleja el desinterés con el que se había abordado un caso que dejó nueve víctimas mortales y que, sin embargo, nunca fue objeto de una investigación documental exhaustiva.

Uno de los ejes del libro es precisamente el análisis del tratamiento informativo que recibió la matanza de 1990. El escritor recordó que coincidió con la aparición de las primeras televisiones privadas en España, en un contexto de competencia por la audiencia que favoreció la búsqueda constante del impacto visual. Según explicó, durante aquellos días se produjeron prácticas que hoy resultarían impensables: cámaras entrando en las viviendas de las víctimas, fotografías de los cadáveres....

Para Roso, Puerto Hurraco fue el primer gran crimen retransmitido bajo esa nueva lógica televisiva, aunque la memoria colectiva terminó asociando el debate sobre el sensacionalismo al caso de Alcàsser. "Con Puerto Hurraco se hizo prácticamente todo lo que hoy consideraríamos excesivo, pero nunca quedó identificado como el gran ejemplo de esa televisión", señaló.

El autor también criticó cómo, con el paso de los años, el caso continuó alimentando relatos alejados de los hechos. Citó novelas que atribuían la matanza al satanismo, la numerología o rituales esotéricos y cuestionó la representación realizada en la película `El séptimo día´, de Carlos Saura, por incorporar escenas ficticias y recreaciones de la violencia que, a su juicio, contribuyeron a perpetuar una imagen distorsionada del pueblo y de sus habitantes.

En ese intento por alejarse del morbo, Roso explicó también una de las decisiones que marcaron su investigación: renunciar a entrevistar a familiares de las víctimas y a vecinos de Puerto Hurraco. Aunque visitó la zona y llegó a disponer de contactos para hacerlo, optó por no reabrir heridas que consideró innecesario remover. "No lo necesitaba y no me parecía moral", afirmó. En lugar de ello, centró buena parte de su trabajo en consultar archivos, hemerotecas y entrevistar a periodistas y fotógrafos que cubrieron la matanza, muchos de los cuales reconocieron los excesos cometidos durante aquellos días.

El escritor defendió que su propósito ha sido realizar una investigación rigurosa y distante, basada en documentos y testimonios ya existentes, para desmontar mitos y separar los hechos de las leyendas que se fueron acumulando durante más de treinta años. "Lo último que quería era hacer lo mismo que critico", concluyó durante un encuentro en el que reivindicó la necesidad de recuperar la memoria del caso desde el respeto a las víctimas y el rigor histórico, alejándolo definitivamente del espectáculo mediático que terminó por eclipsar la realidad de lo sucedido.

La presentación concluyó con un turno de preguntas y una firma de ejemplares. El acto, organizado por el grupo Mirolibro para cerrar un nuevo curso con la llegada del verano, contó además con la colaboración del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo. En representación del Consistorio asistió la concejala de Cultura, Belén Rueda.