Jueves, 25 de junio de 2026
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"No me daba miedo caerme": la historia del salmantino Chema Cabrero, campeón de Europa en baloncesto en silla de ruedas
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Baloncesto adaptado

"No me daba miedo caerme": la historia del salmantino Chema Cabrero, campeón de Europa en baloncesto en silla de ruedas

El jugador salmantino Chema Cabrero repasa su exitosa carrera en el baloncesto en silla de ruedas, destacando su triunfo en la Copa de Europa de 2010. Cabrero reivindica la práctica deportiva como una herramienta fundamental para lograr la autonomía personal y la integración social

El salmantino Chema Cabrero ha encontrado en el baloncesto en silla de ruedas mucho más que una disciplina competitiva. Con sus 2,01 metros de altura, este jugador ha forjado una extensa y exitosa trayectoria en las canchas que le ha llevado a coronarse en lo más alto del panorama europeo, demostrando que el deporte es una herramienta vital para la autonomía personal.

Cabrero jugó al baloncesto desde joven en el colegio Padre Manjón, donde sus padres trabajaban como conserjes y que siempre ha sido un referente del baloncesto base en Salamanca. Posteriormente, formó parte del colegio María Auxiliadora.

Sin embargo, su vida dio un giro drástico cuando, trabajando en una empresa de ventanas de aluminio, sufrió un accidente laboral en 1993 que le provocó una paraplejia. Este suceso, lejos de frenar su vinculación con el deporte, marcó el inicio de una nueva y exitosa etapa vital.

¿Cómo fueron los inicios en el deporte adaptado?

Fue durante su proceso de recuperación en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo donde tuvo su primer contacto con el deporte adaptado. Su estatura, llamó rápidamente la atención de los técnicos. "Me vieron muy grande y los del equipo de baloncesto me decían que bajara a entrenar para hacer deporte y actividad", ha explicado Cabrero sobre aquellos primeros entrenamientos que le engancharon definitivamente a esta modalidad tras disputar un partido amistoso.

Tras nueve meses de ingreso hospitalario, regresó a Salamanca y acudió al Centro de Recuperación de Personas con Discapacidad Física (CRMF). Allí, una doctora le puso en contacto con José Antonio de Castro, presidente del equipo de Valladolid, quien con los años se convertiría en su entrenador y amigo.

De este modo, tras realizar unas pruebas, en 1995, con apenas 20 años, comenzó a disputar su primera liga con el conjunto vallisoletano, conocido entonces como Aspaym Valladolid.

La adaptación a la silla y a las normas del juego

El proceso de adaptación a la silla de ruedas supuso un desafío mayúsculo, aunque su carácter atrevido le facilitó el camino. "No me daba miedo caerme, si me caía, me volvía a levantar y otra vez. Me caí un millón de veces", ha confesado el jugador sobre sus primeros meses de aprendizaje para sortear bordillos y baches en la calle.

En el ámbito estrictamente deportivo, lo más complejo fue asimilar el reglamento específico. Aunque las dimensiones de la cancha, la línea de triple y los tiros libres son idénticos al baloncesto convencional, el manejo del balón y el contacto requieren una técnica particular.

"Lo que pasa es que tenías que adaptar los pasos. No puedes botar, ponértelo en las piernas y darle dos veces al aro", ha detallado Cabrero. Además, tuvo que interiorizar nuevas normas sobre el contacto físico, como la falta de ataque que se señala al chocar frontalmente contra un jugador que se encuentra parado en la pista.

Trayectoria profesional: lealtad y nuevos retos

A lo largo de su dilatada carrera, Cabrero ha defendido los colores de múltiples clubes. Permaneció 14 temporadas consecutivas en BSR Valladolid en la máxima categoría, llegando a rechazar en el año 2001 ofertas económicas de equipos de Canarias y Melilla para poder quedarse cerca de su familia tras el nacimiento de su primera hija.

Posteriormente, su espíritu competitivo le llevó a afrontar nuevos retos en diferentes ciudades de la geografía española:

  • Burgos: Militó dos años y medio, logrando el ansiado ascenso a la División de Honor.
  • Palencia: Ayudó a formar y consolidar un nuevo proyecto cuando ya superaba los 40 años, aportando su veteranía a un equipo de nueva creación.
  • Zamora: Participó durante dos temporadas en un proyecto deportivo muy prometedor en la ciudad castellanoleonesa.
  • San Sebastián: Concluyó su etapa deportiva en el Bera Bera de Primera División, un club del que guarda un excelente recuerdo por el trato humano recibido.

El éxito europeo y la selección nacional

El momento cumbre de su trayectoria deportiva se produjo en el año 2010, cuando se proclamó campeón de Europa con el equipo de Valladolid al conquistar la Copa Willi Brinkmann. "Cuando la ganamos fue un culmen de carrera buenísimo", ha rememorado con orgullo este título continental.

A este hito internacional se suma el reconocimiento de haber estado convocado en tres ocasiones con la selección española, aunque nunca llego a jugar. Asimismo, a nivel autonómico, Cabrero ha sido un pilar fundamental al disputar todas las competiciones oficiales con la selección de Castilla y León durante quince años ininterrumpidos.

El deporte como motor de independencia social

Más allá de los trofeos y las medallas, Cabrero ha querido lanzar un mensaje fundamental sobre el poder transformador del deporte adaptado para las personas con discapacidad. Según su experiencia, la práctica deportiva otorga una autonomía vital incalculable y rompe barreras psicológicas.

"Te da una independencia tremenda, porque te vas a los hoteles con tus compañeros, que son igual que tú, y tienes que aprender a moverte", ha asegurado. El jugador recuerda cómo tuvo que aprender a desenvolverse en entornos que no siempre estaban adaptados, desde pasarse al fondo de una bañera hasta subir y bajar manualmente de furgonetas no acondicionadas en los primeros años de su carrera.

Su conclusión es un alegato a favor de la superación personal y la integración social a través de la actividad física. "El deporte rompe barreras y te relacionas superbién. Les va a venir genial, porque socialmente te ayuda, y sobre todo, por la independencia a la que llegas. Yo me voy solo de viaje a miles de sitios y no me hace falta nadie para nada", ha concluido el deportista.