Las piezas, que representan pasajes de la vida mística de Santa Teresa de Jesús, han sido restauradas por el taller salmantino Uffizzi y ya se exponen al público en la muestra dedicada a San Juan de la Cruz.
El Museo Carmus continúa consolidándose como uno de los principales espacios de referencia para el patrimonio teresiano. La institución ha recibido la donación de tres valiosas piezas artísticas procedentes de Italia que enriquecen de forma notable sus fondos históricos.
Las obras se han integrado en la exposición "San Juan de la Cruz, esperanza de alto vuelo". En concreto, el público puede contemplarlas en el capítulo dedicado a la profunda relación espiritual que mantuvieron los dos grandes reformadores del Carmelo Descalzo.
Esta aportación supone un importante hito para el centro de Alba de Tormes, al sumar ejemplos sobresalientes del arte devocional italiano de los siglos XVII y XVIII. Además, los trabajos de recuperación han corrido a cargo del taller salmantino de restauración UFFIZZI.
Entre las nuevas incorporaciones sobresale un delicado retrato de la Santa realizado en la segunda mitad del siglo XVII por un autor anónimo de la escuela emiliana italiana. La pintura muestra a la religiosa de busto, vestida con el hábito carmelita y sosteniendo una cruz en su mano derecha.
La pieza destaca por su compleja combinación de técnicas y materiales:
Los expertos consideran que se trata de una obra de devoción privada de gran refinamiento, muy representativa de la estética barroca de la época.
La segunda pieza donada recrea la Transverberación, uno de los pasajes más célebres de la experiencia mística teresiana. La obra muestra el momento en que un ángel atraviesa el corazón de la Santa con un dardo de amor divino.
Esta pintura, también de la escuela emiliana de finales del siglo XVII, está ejecutada al óleo sobre cobre. Destaca por su atmósfera celestial lograda mediante suaves gradaciones lumínicas y un ángel de anatomía delicada y movimiento dinámico.
El conjunto se completa con un espectacular marco de madera tallada y dorada, decorado con motivos de roleos y hojas de acanto de clara inspiración barroca.
La tercera obra posee un extraordinario valor histórico al estar atribuida a Ercole Graziani, uno de los pintores más destacados de la escuela boloñesa del siglo XVIII. Se trata de un dibujo sobre papel que plasma la Visión de la Trinidad.
La escena presenta a la Santa arrodillada y con los brazos abiertos en actitud de entrega, dirigiendo su mirada hacia una aparición celestial esbozada con trazos muy ligeros.
Realizado en lápiz o grafito, el dibujo sobresale por la soltura de su trazo y su condición de estudio preparatorio, donde el autor prioriza el movimiento y la expresividad sobre el acabado final