Ha sido ordenado como nuevo diácono permanente de Salamanca el pasado domingo en la SIB de Salamanca
La Catedral de Salamanca acogió la tarde del domingo la ordenación diaconal de Mario Cabrera, un paso fundamental en su camino hacia el presbiterado. El joven salmantino estuvo acompañado por sus familiares, amigos y miembros de la comunidad diocesana en una jornada marcada por la emoción.
Tras la ceremonia, el nuevo diácono ha compartido sus primeras impresiones sobre este acontecimiento. Cabrera reconoce haber vivido la celebración "con una profunda sensación de paz y tranquilidad", a pesar de los lógicos nervios que genera un compromiso de esta envergadura.
Este ministerio sitúa al joven en la última fase de su formación teológica y pastoral. Durante los próximos meses, desempeñará diversas funciones litúrgicas y asistenciales antes de recibir el sacramento del orden sacerdotal.
La ordenación diaconal representa una configuración directa con la figura de Jesucristo en su faceta de servidor. Según explica el propio Cabrera, este ministerio implica asumir responsabilidades concretas dentro de las celebraciones litúrgicas y la comunidad.
Entre las principales tareas que desempeñará a partir de ahora destacan las siguientes algunas como proclamar el Evangelio durante la celebración de la eucaristía, predicar la palabra de Dios a los fieles que asistan a las parroquias, repartir la sagrada comunión como ministro ordenado, servir a la caridad y atender las necesidades de los colectivos más vulnerables.
El diaconado constituye el paso previo y obligatorio antes de recibir la ordenación presbiteral. Aunque el derecho canónico permite solicitar el sacerdocio a los seis meses de diaconado, Cabrera señala que lo habitual es completar un año entero en este ministerio.
"Suele ser en torno a un año de diaconado", detalla el joven, quien afronta esta nueva etapa con alegría y entusiasmo. Su deseo es que la pasión de estos primeros días se mantenga constante y le acompañe durante toda su trayectoria pastoral.
El nuevo diácono aboga por dar mayor visibilidad a este tipo de acontecimientos eclesiales en la sociedad contemporánea. Cabrera considera que conocer estas realidades ayuda a ensanchar la mente y el corazón de las personas, independientemente de sus creencias.
"Todavía hay personas que deciden entregar su vida al servicio de los demás en la Iglesia", recuerda el salmantino. Por ello, invita a los ciudadanos a acercarse a la realidad del seminario y del sacerdocio sin ningún tipo de prejuicio.
El respaldo de su círculo más cercano ha sido un pilar fundamental durante todo su proceso formativo. Sus padres, familiares y amigos vivieron la jornada de ayer con gran felicidad y satisfacción. Ver la felicidad actual de sus seres queridos supone un enorme respaldo moral para su futuro ministerio. "Verles tan felices es un valor insuperable que a mí me hace muy feliz", concluye el nuevo diácono de la diócesis.